19/07/2001 | 714

No se animan a voltear a de la Rúa-Cavallo

Por Editor

La prensa asegura que «La UCR-Frepaso (tienen) otro plan», incluso tan bueno que Ambito Financiero le consagró sus elogios en varias páginas de ediciones sucesivas. El mentado «plan» coincide con el oficial en el «déficit cero», es decir que se subordina íntegralmente al pago de la deuda externa y a la restauración del «crédito», es decir, de los intereses de la banca internacional.


Este ‘otro» plan pretende distinguirse del oficial en la «equidad» y en la «reactivación». Para eso propone elevar el piso del corte de salarios y jubilaciones y añadir una contribución temporal sobre las comisiones que cobran las AFJPs; un aumento de 4 puntos en el aporte patronal de las privatizadas, los supermercados, los bancos y las AFJPs; y suspender la rebaja en el impuesto a las naftas.


La primera reacción del cavallismo fue rechazar estas «propuestas» en forma violenta. De la Rua, primero, y luego el asesor de Cavallo, Mondino, aseguraron que la línea oficial «no era negociable». La UIA se batió, entonces, en retirada, cuando su presidente, Mendiguren, le anunció a Ambito que su plan reactivador «había quedado desactivado», porque «no nos dan ni cinco de pelota» (17/7). Sin embargo, 48 horas más tarde, el «otro» plan parecía recuperar su crédito y hasta se decía que Cavallo podría aceptarlo.


Los partidarios del «otro» plan dicen que los números les cierran y que hasta podría reunir la plata para el «seguro de empleo y formación» para los jefes de familia desocupados. Pero el problema no es ni ha sido nunca de números ni de cuentas; el problema es quién paga la crisis y quién se encarga de controlar la política que enfrente la crisis. La burguesía en el poder no quiere pagar sino que quiere lucrar con la crisis, y esto lo hace especulando con la deuda, arrancando subsidios y exenciones de impuestos, obteniendo «megacurros» y promoviendo la bancarrota del Estado y de sus propios competidores para alcanzar una mayor monopolización del mercado y del patrimonio público. Pedir que el capital actúe de otra manera es esperar que el olmo dé peras. Si ya hoy la burguesía evade 50.000 millones de dólares en impuestos, quién se encargará de que pague los que ahora se proponen. El propósito del «otro plan» es buscar un punto intermedio con los acreedores internacionales, no enfrentarlos, lo cual lo condena económica y políticamente al fracaso. El «otro plan» representaría un episodio más, corto por supuesto, en el desenlace de la crisis.


El «otro plan» representa, sin ninguna duda, los intereses de la burguesía que está yendo a la quiebra como consecuencia de la cesación de pagos. Quiere apretarle más la soga al pueblo, pero reclama, dados los límites que impone la crisis, reciclar las cargas hacia los bancos y grupos privatizados. En algunos casos, pretende limitar la ofensiva de los bancos yanquis sobre los restos de la banca local privada y estatal. Pero para intentar siquiera esta política debería proponerse voltear al gobierno delarruísta y formar uno propio con el aval de la asamblea legislativa. Se escuchan voces en esta línea, pero ningún «opositor» se anima realmente a actuar en forma decisiva, esto por temor a una violenta respuesta de los «mercados», por falta de homogeneidad y por temor a que desate una movilización popular. Quizás se atreva a hacerlo cuando la crisis ya haya estallado y la movilización popular amenace al conjunto del régimen actual. Es decir para poner en juego su función reaccionaria.

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