21/07/2005 | 909

Nuestra plataforma en la Ciudad

Gestión capitalista o gestión obrera

La masacre de Cromañón ha puesto de manifiesto la indefensión de la población ante las mafias empresariales que acaparan los beneficios del comercio, del turismo, la cultura y del conjunto de la vida social de la ciudad. Cromañón ha sacado a la luz también a un Estado organizado que las protege sistemáticamente. Las cúpulas de los organismos de inspección y habilitación conforman una verdadera asociación ilícita con los capitalistas a quienes se supone deberían “inspeccionar”. Este sistema está organizado desde la cúpula del gobierno y del régimen político de la ciudad, y no se limita naturalmente a los boliches.


¿Acaso no ha aparecido un Cromañón en todos y cada uno de los hospitales públicos de la Ciudad? La entrega de los servicios y del mantenimiento de los hospitales a diferentes contratistas privados, ha fracturado su centralización y organización. Cada servicio es un coto de caza de contratistas y privatizadores. Como consecuencia de esta anarquía perdieron la vida dos pacientes en el Hospital Santojanni, dos semanas atrás.


El desmantelamiento presupuestario y su contrapartida, la privatización, marchan también juntos en el sistema educativo de la Ciudad. Sólo debido a las movilizaciones y tomas por parte de los estudiantes secundarios fue evitado el derrumbe de los edificios escolares.


La base de este sistema de inseguridad permanente es la organización capitalista del trabajo en la ciudad. El comercio, el turismo, las llamadas industrias culturales, las construcciones de inmuebles, el sistema de transporte, se sostienen con un 40% de trabajadores “en negro” y con salarios que promedian los 500 pesos. En el caso de la juventud, el 70% es empleado bajo la condición de pasantes o contratados temporarios. La sobreexplotación laboral es sólo el punto de partida de una larga cadena que continúa con la insalubridad laboral, largas jornadas laborales y locales inadecuados. De aquí emergen los accidentes laborales y, finalmente, las tragedias que involucran a la población en su conjunto. Los “inspectores del trabajo” de la Ciudad casi no existen y los pocos que operan son cómplices de estos intereses.


¿Más burocracia, todavía?


Para este desastre, los partidos que gobernaron o gobiernan la ciudad proponen el reforzamiento burocrático de los sistemas de control. Se trata, sencillamente, de otorgarle más poder y recursos al mismo Estado que protege a los Chabán. En la Ciudad, sin embargo, abundan los entes y organismos encargados de “controlar a los que controlan”. Pero sus responsables —como la Auditoría o la Defensoría— ni siquiera son electos, sino que son el resultado de acuerdos legislativos. Así se alternan, en una suerte de cogobierno, los punteros de Macri, Carrió y Kirchner, unidos por mil lazos a la “patria empresarial”, a los explotadores de jóvenes, a los privatizadores de la educación y la salud.


El derrumbe de este control burocrático ha llevado a sus mismos personeros a plantear su “descentralización”. Es un nuevo curro, porque los inspectores comunales serán agentes de los ‘lobbies’ comerciales e inmobiliarios, o de los aparatos partidarios.


El fracaso de un régimen social no puede remedarse con una disposición administrativa, sino con una reorganización social profunda.


Control de los trabajadores


Cromañón primero, y los cotidianos cromañones educativos, hospitalarios y laborales, desnudan el fracaso del “Estado empresarial”. El Partido Obrero opone al control y la gestión de contenido capitalista, otro control y otra gestión: los de quienes producen cotidianamente la riqueza social de la ciudad, es decir, los trabajadores. O sea, el control del trabajador en su lugar de trabajo, sin necesidad de pagar inspectores. El control de los trabajadores colocará a la orden del día la superación de las condiciones laborales degradantes, planteando la necesidad de un salario igual a la canasta familiar por una jornada de ocho horas. La constitución de comisiones de control servirá para revisar el conjunto de “contrataciones” y privatizaciones del sistema hospitalario y educativo, sus sobreprecios y baja calidad, lo cual permitirá que el presupuesto se coloque al servicio de las necesidades de los vecinos y usuarios.


Proyectado sobre la vida y la seguridad de todos los consumidores, el control de los trabajadores debe contar con facultades de veto sobre el funcionamiento de locales, fábricas o servicios. Así ocurre hoy con los servicios del subte, donde su cuerpo de delegados retira de las formaciones los vehículos inseguros o interrumpe el servicio cuando constata un peligro para la seguridad de ellos y de los usuarios.


Una gestión de contenido social para las mayorías, barata y democrática: este es el eje de la plataforma del Partido Obrero.

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