03/10/1998 | 599

Nuestra respuesta a la crisis

La crisis capitalista mundial (esto es lo que está ocurriendo y no una ‘crisis externa’ que Argentina podría o no esquivar de acuerdo con la habilidad del gobierno de turno) amenaza a los trabajadores con una mayor desocupación y menores salarios; con una crisis presupuestaria que afectaría todavía más a la salud y a la educación; con una fuga de capitales y un hundimiento del crédito que provocaría despidos masivos y el ingreso de parte de la clase media al ejército de los desocupados.


No son éstas las amenazas que preocupan al gobierno y a la Alianza. Ellos dicen que lo que les preocupa es que no haya un suficiente respaldo fiscal para seguir pagando la deuda externa o para inyectar dinero a bancos o industrias en quiebra. Para superar esa preocupación quieren generalizar el IVA a todos los consumidores; aumentar los impuestos en las provincias; aplicar impuestos a partir de los 700 pesos de ingresos mensuales; eliminar los impuestos que deban pagar los capitalistas, como lo son las contribuciones patronales a la jubilación.


Que la crisis ya se manifiesta y que los capitalistas la están usando para ellos, lo demuestra la caída del empleo desde principios de año, la nueva tanda de suspensiones en la industria automotriz, el comienzo de la fuga de capitales que están organizando los bancos más fuertes, la disminución de los planes Trabajar, el incremento indecente de las organizaciones de caridad (que les sirven a los capitalistas para pagar menos impuestos).


Para hacer frente a la crisis, en defensa de los trabajadores, es necesario:


1. Que se abran los libros de todas las grandes empresas y bancos, para evitar la fuga de capitales, evitar que el crédito sea sustituido por la especulación o la usura, enfrentar el acaparamiento de mercaderías o el vaciamiento industrial.


2. Cesar el pago de la deuda externa, la cual de aquí en más sólo podrá ser refinanciada en condiciones más usureras y a costa de la cesión de lo que resta de la soberanía económica del país.


3. Establecer un impuesto extraordinario a todos los grandes pulpos, para retener el dinero en el país y para aplicarlo a un plan de construcción económica al servicio del pueblo trabajador.


4. Poner fin a la desocupación mediante el reparto de las horas de trabajo disponibles.


5. Aumentar los salarios y las jubilaciones sobre la base de un mínimo igual al costo de la canasta familiar, de 1.200 pesos.


6. Poner fin a la flexibilidad laboral, restablecer la jornada de ocho horas e implantar un control obrero sobre los ritmos de producción.


7. Convocar a un congreso nacional de trabajadores para establecer un plan económico, social, político y cultural de desarrollo nacional.


8. Como gran instrumento para combatir la crisis mundial y la ofensiva capitalista apoyada en ella, impulsar la unidad política inmediata de América Latina y la convocatoria a un congreso obrero internacional.


9. La ejecución victoriosa de este programa requiere una cosa simple y decisiva: que las organizaciones obreras rompan con los partidos patronales del justicialismo y de la Alianza y formen un gran partido obrero que organice a todos los explotados.

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