29/09/2014

Oficialismo y la ‘Opo’ coinciden: Argentina está ‘desendeudada’


En el debate que propició la Universidad Di Tella, la semana pasada, el ex ministro de De la Rúa y ex candidato a Presidente, López Murphy, hizo algunas afirmaciones que echan luz adicional sobre algunos puntos, aparentemente oscuros, de la realidad de Argentina.



La más significativa fue la que minimizó la envergadura de la deuda externa en el desarrollo de la crisis actual. Luego de haber asegurado que el único aporte positivo que le reconocía al gobernó era la tarjeta SUBE, coincidió con el oficialismo en calcular la deuda externa en un 22% del PBI, una bagatela. Esta subestimación de la hipoteca internacional de Argentina reconoce, ‘sotto voce’, una coincidencia estratégica, pues admite un éxito contundente de la política de ‘desendeudamiento’, el núcleo del relato oficial. Javier González Fraga, el ex ladero de Ricardo Alfonsín y Francisco de Narváez, ha ido más lejos aún, cuando imputa a los K un ‘exceso’ en la mentada reducción de la deuda externa (Buenos Aires Herald, 21.9; Ámbito 26.9). Estamos, entonces, ante un éxito que no tiene precedentes: pasar de una deuda del 60% del PBI, hasta 2001, o del 140%, en 2002, a otra del 22%, sin la necesidad de contraer la economía a un estado de subsistencia (como ocurrió con el dictador de Rumania, Ceaucescu, que la redujo a cero, a costa de una hambruna excepcional).



La caracterización de López Murphy la comparte toda la ‘opo’, sin excepción. Lejos de llevar el país a una nueva bancarrota, los K habrían puesto a Argentina en la ‘pole position’ de un despegue. La montaña de críticas que recibió el oficialismo desde que canceló por adelantado la deuda con el FMI, se derrumba con estrépito. No hablemos ya de la estatización de las AFJP, que permitieron al gobierno meter la mano en las arcas de la Anses, o de la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, que dieron vía libre al saqueo de las reservas internacionales. La aceptación del punto de vista fundamental del gobierno, por parte de sus adversarios, explica por qué, a diferencia de lo que ocurrió con Alfonsín o De la Rua, el reclamo de “que el gobierno termine su mandato en diciembre de 2015”, es unánime. López Murphy fue muy claro: el descontrol financiero y los problemas de deuda con los ‘fondos buitres’ no obedecen a una estrategia equivocada sino a la “impericia negociadora” del gobierno, o en palabras de muchos otros, a “mala praxis”. Apenas un tirón de orejas.



Dado que el PBI de 2014 es un magro u$s 480 mil millones, aquel 22% de la deuda externa representarían la módico suma de u$s100 mil millones. Esa valuación se referencia en un dólar de poco más de ocho pesos, o sea a un PBI del orden de los 5 billones de pesos. La ‘década ganada’, habría aportado así un crecimiento modesto del 30% del PBI. A un tipo de cambio de $ 14, en cambio, como se perfila en este de nuevo agitado fin de año, ese PBI se encogería a u$s400 mil millones, lo cual haría subir la relación deuda/PBI al 25%.



Ahora bien, ¿por qué el ministerio de Economía cifró la deuda púbica de la sola administración central, en octubre de 2013, en u$s210 mil millones (la mayor parte en dólares), o sea el doble de la que admiten López Murphy y los aplaudidores de última hora del ‘desendeudamiento’? El 80% de esa deuda pública está registrada en dólares. Esa deuda llega ahora a los u$s250 mil millones, en parte por la nueva deuda con Repsol, Club de Paris y litigantes en el Ciadi. Esos u$s250 mil millones representan ya bastante más que el 50% del PBI, medido a $8.40 el dólar, y a más del 60% del PBI, a un dólar que se descuenta a $14, por lo menos. Es que la deuda pública incluye los pasivos del gobierno con la Anses, el Banco Nación y el Banco Central, algo que los López Murphy, la ‘opo’ y los economistas K excluyen, con el argumento de que sería una deuda doméstica, aunque se encuentre en divisas. Si a esta deuda añadimos la de las provincias y el llamado cupón del PBI (que no es registrado como deuda), deberíamos añadir otros u$s30 a 40 mil millones. Con una deuda externa privada de u$s60 mil millones, el endeudamiento externo global se eleva a u$s350 mil millones, más del 70% respecto al PBI (a $8.40) y a más del 80%n (a $14). Sería un error subestimar la deuda privada en dólares, luego de que se llevara puestos a Mastellone y Pescarmona (y, según algunos, a Donnelley).



Para los K y la ‘opo’, la deuda externa es solamente aquella contraída con acreedores con residencia en el extranjero. Excluyen, por medio de este procedimiento arbitrario a los títulos públicos en dólares en poder de la burguesía nacional, por un lado, y en las alforjas de las entidades públicas, por el otro, en especial a la Anses y al Banco Central. La exclusión obedece al criterio de que serían deudas renegociables ‘ad infinitum’. El mismo criterio, sin embargo, acaba de adoptar el vilipendiado Griesa, que calificó a la deuda en dólares bajo legislación argentina como “doméstica”. Si el presupuesto de la renegociación indefinida tiene algún sentido, significa que la han mandado a fondo perdido, en perjuicio de esas entidades públicas.



La posibilidad de una refinanciación indefinida, que asegure el pago indefinido de una deuda que crecerá también en forma indefinida, está dada por la baja tasa de interés, circunstancial, de los préstamos a nivel internacional – que va ¡de menos cero! a no más del 2 por ciento. Como la media de la deuda pública de Argentina ofrece una tasa de retorno de arriba del 15% (porque paga una tasa de interés elevada y su cotización presente es inferior a la par), reinvertir las acreencias en esta deuda e incluso acrecentarlas es un negoción. Pero indefinida o no, la deuda en moneda extranjera es una deuda externa, porque importa la nominación de esa deuda y no la residencia del acreedor; la moneda de pago hay que buscarla en el mercado internacional, no se emite en el país deudor. Bastaría una reversión de la tasa internacional para que el presupuesto de la refinanciación indefinida se vaya al diablo.



La línea común de los K y la ‘opo’ es, en el momento actual, resolver el litigio con los ‘buitres’ para salir a buscar plata afuera para pagar vencimientos e intereses que son impagables en ausencia de un mayor endeudamiento. Es lo que se hizo con el Club de París y Repsol; los ‘buitres’ han dicho que quieren lo mismo para ellos. Ha habido cuatro intentos para arreglar con los ‘buitres’; el último involucra al super buitre Georgie Soros. El ‘desendeudamiento’ no ha reducido la deuda, la ha incrementado; lo único que se ha hecho es cambiar al titular – del acreedor externo por la Anses y el Banco Central. Se ha pagado a los buitres de afuera y de adentro con divisas de la Anses y el Banco Central, básicamente. No debe sorprender, en estas condiciones, que el 70% de los jubilados no pueda salir de una remuneración que es el tercio de la canasta familiar, que se extienda y aumente el impuesto a los salarios y que la moneda haya perdido valor en forma acelerada. El desprecio por la deuda externa con actores públicos, delata la intención, en última instancia, de ‘defoltear’ la deuda con ellos.



El ‘desendeudamiento’ que hoy concita el acuerdo del arco político del ‘establishment’, es una política mundial de todo el capital financiero desde 2009. Para hacer frente a lo que se caracteriza como un ‘balance sheet recession’ (una recesión provocada por el endeudamiento privado), los bancos centrales comenzaron a emitir moneda y a comprar deuda pública y privada. La finalidad fue rescatar a bancos y empresas quebrados y permitir un refinanciamiento de deudas a tasas de interés inferiores a las que fueron contraídas. La contrapartida fue el endeudamiento de los estados y los bancos centrales. Al cabo de cinco años de ‘desendeudamiento’ en casi todos los países, el endeudamiento internacional es más alto que nunca, en especial en China y Japón, cuyos ratios deuda-PBI son del 250 por ciento.



La crisis actual ha puesto de manifiesto la endeblez de la caracterización oficialista de López Murphy. La Anses, por ejemplo, ha salido de nuevo a vender títulos para aquietar la suba del dólar en la Bolsa, mediante el canje de activos en dólares por pesos. Como el organismo no informa sus operaciones ni estados contables sobre una base regular, no pueden estimarse las pérdidas en que ha incurrido. El Banco Central, por su lado, con letras intransferibles (innegociables) del Tesoro, por u$s70 mil millones, ha perdido capacidad de regular la circulación monetaria sin recurrir a deudas con los bancos locales, que alcanzan los $200 mil millones – a un tasa de interés aproximada del 30 por ciento. Por eso el Tesoro ha debido salir él mismo a cumplir esa función con una colocación de $10 mil millones, a una tasa de interés del 23%, pero móvil, que nunca será menos y que tampoco tiene techo. Estas deudas ‘regulatorias’, más sus intereses, representan cerca de la mitad de los u$s70 mil millones en letras intransferibles, que oficialistas y ‘opos’ pretenden ‘defoltear’. El ‘defol’ a los activos del Banco Central, para pagar la deuda externa con ‘desendeudamiento’, no es un almuerzo gratuito.



Como se observa, no es cierto que el uso de las reservas para pagar deuda exterior sea inocuo o se limite a un hecho consumado. La contrapartida del uso de reservas es la emisión de moneda, cuya magnitud ha alcanzado niveles tan altos que obligan al BCRA a contraer deuda con la banca local para absorber circulante, esto a una tasa del 30% anual, o sea $60 mil millones, por ahora. Esa deuda y sus intereses ya representan la mitad de los u$s70 mil millones acumulados como contrapartida del pago de deuda externa. Lo que el gobierno dice que es inocuo, porque no lo va a pagar, lo está pagando el Banco Central.



En torno a la letra intransferible por ese monto, se perpetran además estafas colosales, que pagan los trabajadores. Es que el oficialismo y la ‘opo’ ignoran las letras por u$s70 mil millones cuando se trata de determinar la deuda externa o simplemente pública, pero las tienen en cuenta cuando una devaluación sube su valor en pesos y genera una utilidad puramente contable al Banco Central. En esta circunstancia, el gobierno se lleva la ’utilidad’, que el Banco paga con emisión de moneda, porque esa utilidad no existe realmente. El presupuesto de 2015 prevé sacar $80 mil millones mediante este procedimiento, lo que implica una continua devaluación externa e interna del peso.



Lo mismo ocurre con la Anses, porque su fondo de sustentabilidad no es inmune a las crisis. Las suspensiones y despidos reducen las contribuciones previsionales, mientras que el rendimiento del fondo debe resentirse como consecuencia de la caída de las ganancias de las empresas donde invierte el excedente recaudatorio. Estas y otras variables condicionan la capacidad de refinanciamiento indefinido de la deuda pública, y refuerza la política de jubilaciones de miseria, con la consecuente rebelión social. Para mantener incólume el Fondo de Rentabilidad de la Anses, sería necesario que las actuales remuneraciones se mantengan por un período larguísimo.



La deuda es un flujo financiero, por eso debe ser comparada con el saldo de la cuenta corriente con el exterior y con la cuenta de capitales, no con el PBI – que representa el valor agregado de bienes y servicios, no un saldo líquido. Ese saldo exterior ha quedado reducido a la nada, de modo que no puede financiar el pago de la deuda. El uso de las reservas del Banco Central remedia esta situación solamente por un tiempo, a un costo financiero y social elevadísimo. Las reservas representan un crédito del país sobre el exterior; o sea un derecho del país sobre bienes que se producen en el exterior. Entregar ese crédito externo a cambio de una reducción de la deuda externa, no modifica la deuda neta.



La devaluación externa del peso es mucho más que una declaración de ‘defol’. Es un paso adicional al pedido de quiebra, porque establece el remate de los bienes destinados a saldar las cuentas con los acreedores. Esos bienes son los activos del país afectados por la devaluación y por sobre todo los ingresos de asalariados, monotributistas y jubilados. Se beneficiarían los ‘buitres’ que vendrían a comprar activos a precios de pichincha, del mismo modo que la burguesía nacional, que tiene en su poder el 60% de la deuda privada en divisas. López Murphy finalizó, precisamente, su disertación, asegurando la inevitabilidad de la devaluación – una conclusión curiosa por parte de quien afirma que la deuda externa es una bagatela y no enfrenta, por lo tanto, ningún problema financiero internacional.



En definitiva, al oficialismo y sus adversarios del mismo ‘establishment’ no los separa una divergencia estratégica; por el contrario es la estrategia de salida lo que los une.

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