18/09/2020

Pandemia en piloto automático

El gobierno señaló que 7 provincias tienen el sistema sanitario al límite

Alberto Fernández evitó dar la cara para el anuncio de la nueva prolongación formal hasta el 11 de octubre del “Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio” que solo existe de palabra. Se emitió en lugar de las antiguas conferencias de prensa, un corto video. En él, la voz en off reconoce que la pandemia que se había limitado hace unos meses en gran medida a CABA y el Gran Buenos Aires ahora ha retomado la plena extensión nacional, con casos en ascenso en otras diez provincias, siete de las cuales están, según el propio gobierno, con sistemas de salud a punto del colapso: Jujuy, Mendoza, Río Negro, Santa Fe, La Rioja, Tucumán, Salta y Neuquén. El interior pasó de casi no tener casos a aportar la mitad de los infectados. La situación en AMBA no llega a ser descrita como una mejora, por la enorme cantidad de contagios que se acumula cada día, pero se la llama, con cierto optimismo, “amesetamiento” y se indica como un dato positivo que el promedio de ocupación de camas de terapia intensiva es de casi el 70%.

 

Los anuncios por separado del trío que comandó la respuesta a la pandemia los primeros meses es fruto de sucesivas crisis políticas. Las chispas entre el armado de Kicillof-Berni y el eje de Alberto Fernández y los intendentes del conurbano son cotidianos. Larreta viene de presentar una demanda judicial por la disputa por la quita de coparticipación dispuesta por el presidente para aumentar las partidas para la policía bonaerense, con la finalidad de acordar con las demandas el motín policial.

El gobierno no toma responsabilidad sobre este notable empeoramiento. Repiten una vez más la cínica cantinela de que el problema es que la población relajó los cuidados. Como si la liberación del 100% de la economía y la obligación de gran parte de la fuerza laboral a concurrir a trabajar no fuera una fuente enorme de contagios.

El gobierno no informa disposición alguna. Deja esto en manos de las provincias, lavándose las manos de su responsabilidad. Tampoco anuncia una medida de asistencia nacional ni de excepcionalidad en las provincias que el propio gobierno dice enfrentan un inminente colapso de su sistema sanitario.

Para reforzar con claridad el mensaje de viva la pepa a los minutos del video oficial que decía genéricamente que había que restringir las posibilidades de contacto, el jefe de gobierno porteño anunció, previo acuerdo con el gobierno nacional, la extensión de la apertura de nuevos espacios de funcionamiento de bares, restaurantes, obras de construcción y servicios religiosos.

Kicillof se sumó a la onda flexibilizadora ampliando las obras de construcción que se pondrán a funcionar en la provincia.

La orientación de apertura económica plena, a contramano de la extensión de los contagios, lleva al gobierno a replantear la apertura de clases presenciales en CABA, todavía en debate con el gobierno nacional. Esta temeraria medida, copiada de Trump y Bolsonaro, quiere ser fundamentada absurdamente por una preocupación pedagógica por los chicos que tienen problemas de conectividad. Este problema es conocido desde el primer día y denunciado sistemáticamente en Prensa Obrera por los compañeros de Tribuna Docente y la UJS cuando todas las autoridades aseguraban que podía darse una plena continuidad de las clases, colocando notas y evaluando bajo la modalidad virtual. El reclamo de la vuelta de clases presenciales tiene por objetivo quitar un obstáculo más a la plena disponibilidad de la fuerza de trabajo bajo la pandemia, sacando a los chicos de las casas. Esta pretensión merece el rechazo contundente de toda la comunidad educativa. Cualquier habilitación parcial, al aire libre, de clases presenciales es jugar con fuego en plena explosión epidemiológica.

El gobierno le ha soltado la mano a la población en plena crisis sanitaria y social y no tiene por delante plan alguno. Los compromisos asumidos con los acreedores de la deuda y la profundización de la recesión de la mano del cepo y la nueva devaluación son tomadas para el gobierno nacional como un aliciente para dejar correr el pleno funcionamiento de la industria, el transporte  y el comercio contra cualquier criterio sanitario, mientras le echan la culpa a la “falta de cuidado de la gente”. Toda la población debe sacar las conclusiones necesarias de esta actitud.

Son más urgentes que nunca las medidas que el Partido Obrero y el Frente de Izquierda vienen reclamando desde el primer día: centralizar todo el sistema sanitario (público, privado y de obras sociales); limitar el trabajo al esencial; cumplimiento estricto de los protocolos sanitarios elaborados por trabajadores y profesionales de la salud bajo control de los trabajadores. Interrumpir el pago de la deuda, impuesto a las grandes fortunas y subsidio de 30 mil pesos para todos los desocupados. Licencia laboral paga para todos los trabajadores en grupos de riesgo. Que se organice un refuerzo inmediato de trabajadores de salud,insumos y recursos para las provincias cuyo sistema sanitario no da abasto.

 

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