15/06/2000 | 668

Parazo en Córdoba

El paro estuvo precedido por un alto grado de deliberación. La tibia adhesión de la directiva del Sindicato de Empleados Públicos (que el 5 había carnereado) fue superada por asambleas en los hospitales y dependencias, que ratificaron el paro a pesar de la disposición del gobierno de descontar el día. En la ciudad universitaria hubo asambleas de estudiantes y se resolvieron planes de acción por el aumento presupuestario y contra su recorte a través de un ‘ahorro voluntario’. También en las fábricas mecánicas, el poco empeño que puso la burocracia fue ampliamente cubierto por la determinación de los trabajadores y el activismo de sacar el paro (ver nota).


A pesar del inmovilismo decretado por la burocracia, hubo piquetes, movilizaciones de vecinos y movilizaciones callejeras. En Villa María hubo 800 manifestantes por las calles céntricas.


Dos hechos destacables. El cuerpo de delegados de UTA, después de garantizar plenamente el paro con asambleas en punta de línea, se instaló en la sede sindical ocupándola ante la decisión de la Justicia de restituir en el cargo al secretario general Miguel Díaz (que había sido suspendido), un burócrata agente del gobierno (apoyó la ley privatista) y de la patronal del transporte automotor.


El otro hecho clave fue la reocupación de la ruta 38 por los desocupados en Cruz del Eje después de la brutal represión del día anterior por parte de De la Sota (ver nota).


El parazo es una respuesta frente a la catastrófica situación provincial. Córdoba está a la cabeza de los despidos y suspensiones, a los que se suman 10.000 planes Trabajar menos. De la Sota apela al endeudamiento desenfrenado para sostener los subsidios a los capitalistas, sin que esto impida el cierre de empresas y la disminución de los puestos de trabajo.


El Partido Obrero, junto al Sindicato de Desocupados y vecinos de la Villa El Obrero, manifestó por la ruta 19 cortando el tráfico durante dos horas, agitando entre los vecinos de las villas y barrios aledaños a la ruta. Posteriormente nos dirigimos a la sede de la UTA a apoyar a los delegados que están ocupando la sede gremial, donde realizamos un acto. Esto fue el epílogo de la agitación en las fábricas, la participación en las asambleas y su promoción, efectuada en los días previos.


 


Fiat: los italianos se cagaron


«Sorpresivamente… considerando el nivel de acatamiento que tendría el paro en la plant a de Ferreyra, la automotriz decidió adelantar los días de suspensión para el viernes 9 y el lunes 12…» (La Voz del Interior, 9/6).


El Smata se había limitado los días previos a tirar un volante llamando al paro; ni pisó la fábrica ni reunió al cuerpo de delegados. Esto llevó a que un grupo de delegados, que se están organizando al margen de la burocracia, se decidiera a asegurar por la propia el paro, previendo incluso la realización de piquetes para impedir el carnereaje. La patronal italiana, consciente de que esto significaría un golpe duro para su régimen de terror dentro de la fábrica, adelantó los días de suspensión. El paro ha servido para motorizar al activismo contra la complicidad del Smata con la patronal.


Renault: paso atrás de los franceses 


La patronal de Renault se planteó echar a 350 trabajadores y había acordado con el gremio abrir un registro de retiros voluntarios. Pero la escasa cantidad de inscriptos (sólo 49) y la manifestación de los trabajadores en diversas asambleas de sector rechazando los despidos, hizo fracasar el objetivo patronal. La burocracia del Smata planteó entonces lo resuelto en la asamblea de febrero del ‘99: repartir las horas de trabajo, aceptando que las horas perdidas se paguen al 75%, dejando a todo el personal dentro de la planta; pero la patronal se negaba a aceptar este planteo.


Finalmente, ésta acordó no producir despidos a cambio de un día de suspensión que será pagado al 50%, y de producirse mayores suspensiones mantener el pago del 75% de los haberes caídos. Según La Voz del Interior (1/6), «para que Renault aceptara la propuesta gremial tomaron intervención varios funcionarios provinciales, empezando por José Manuel De la Sota. También lo hicieron el ministro de la Producción, Juan Schiaretti, el secretario de Trabajo de la Nación, José Sappia, e importantes legisladores nacionales». El temor a que los despidos llevaran a una lucha decidida en la automotriz, lo que cambiaría abiertamente la situación política provincial, hicieron recular a la patronal y al gobierno en la decisión de los despidos. Es decir, tuvieron que actuar a la defensiva.


Lo obtenido, si bien descarga una parte del costo en el salario de los trabajadores, plantea una salida para el conjunto de los obreros mecánicos frente a la ola de despidos que arreciarán en los próximos meses: organizarse por el reparto de las horas de trabajo sin afectar el salario y promover la unidad con el conjunto de las fábricas metalmecánicas a través de coordinadoras interfabriles de delegados y activistas, en la perspectiva de una asamblea de todos los trabajadores del sector.