Políticas

9/6/2026

Patéticos: la política tradicional y el Indio

Masiva despedida al Indio Solari.

Fueron bastante patéticas las reacciones de la política patronal y el periodismo “mainstream” frente al fenómeno popular que representa el fallecimiento del Indio Solari. En primer lugar, del lado del gobierno, que negó el Congreso y la Casa Rosada para la organización de un funeral que conmovió al pueblo argentino y que se caracterizó por la mayor movilización popular en torno a un artista de toda la historia argentina, y con pocos precedentes en el mundo. Como dijo Gabriel Solano, “Honra al Indio que Menem no quiera que sea velado en el Congreso. Que no te quieran los HDP es un orgullo”. Resumió bien algo que, bien mirado, es una obviedad: los fachos están de un lado, las bandas ricoteras del otro.

Lo mismo vale para un sector del periodismo, que salió a hablar de “misterio”, “sorpresa”, con una ajenidad respecto del fenómeno que denota una incomprensión total por el fenómeno cultural masivo que representa el Indio Solari y los Redondos desde hace cuatro décadas. No hay ningún misterio, hay un fenómeno de la cultura popular, que se fue construyendo entrelazando colectivamente las experiencias de vida de tres generaciones de laburantes, de estudiantes, de jóvenes, con letras, referencias y un universo simbólico de una enorme riqueza y capacidad para interpelar e interpretar nuestra realidad. A los que lo miraron de afuera y no logran descifrarlos, se les cayó demasiado la gorra que tenían puesta por no haber conectado nunca con semejante monstruo de la cultura popular.

Al final, pero lo más importante, el peronismo. El peronismo organizó el velorio frente a la vacancia dejada por el Ejecutivo nacional. En torno al velorio, Kicillof y Máximo encontraron una excusa para hablar entre sí, pero que, según aclaran, “no va más allá”. Kicillof sostuvo que “al mismo tiempo reaviva un poco lo de tomar la calle, los espacios públicos. Lo hemos hecho últimamente mucho para la resistencia, que es una palabra muy afín al arte del Indio”. ¿Es necesario que se muera el Indio Solari para “reavivar un poco lo de tomar la calle”? ¿No era para reavivar “tomar la calle” la reforma laboral esclavista? Pero la CGT y el peronismo se borraron; es más, parte del bloque le votó a favor.

En la previa de la muerte del Indio, Kicillof envió dos emisarios a dialogar con los bonistas y la banca internacional a Nueva York, para alejar cualquier perspectiva de que un futuro gobierno suyo fuera “populista”. El coqueteo con ganar las calles choca con una orientación social muy de fondo: presentarse ante el capital financiero como continuista para evitar asociar un eventual triunfo peronista con una desestabilización de la situación cambiaria.

Estos compromisos marcan el rumbo de una fuerza política que ha tejido históricamente sus vínculos con la megaminería, con los empresarios tipo Madanes Quintanilla y con el FMI a costa del pueblo ricotero. Kicillof, a quienes “ganan las calles”, como los obreros de Fate, no los recibe, y les cajonea el proyecto para poner a andar la fábrica. A otros que “ganan las calles”, los docentes que paran y movilizan en la provincia, les descuenta los días de huelga.

Le pese a quien le pese (y aquí entra el propio Solari, quien se definió como un “artista peronista”), hay que fijarse “de qué lado de la mecha te encontrás”.

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