22/07/2004 | 860

Peón del Banco Mundial

Tras la reunión del Bloque Piquetero Nacional y otras organizaciones con 16 funcionarios del llamado “gabinete social” encabezados por el ministro Carlos Tomada, el gobierno Kirchner ha salido a decir que “los piqueteros no quieren trabajo sino más planes de empleo”. A renglón seguido, el secretario de Empleo declaró su sorpresa por la denuncia de que no tuvimos ninguna respuesta cierta, siendo que “les hicimos reiterados ofrecimientos para incluirlos en los distintos programas de creación de empleo”.


Precisamente, el fracaso de esos “programas” es flagrante, si no la desocupación no estaría en el 19,5%, después del celebrado crecimiento económico. La desocupación “cayó apenas 2,5% desde el peor momento, mayo del 2002” (Clarín, 21/7). El crecimiento agravó la explotación de los trabajadores porque se recuperaron los niveles productivos del 2001 con un 30% de trabajadores menos. ¿Cómo se traduce esto? Extensión de las jornadas; altos ritmos de producción e inseguridad, que producen desastres como el de los mineros del Turbio; liquidación de los convenios y categorías de trabajo; trabajo en negro; en resumen, más flexibilidad laboral.


En este cuadro, les cayó fuerte el pliego del movimiento piquetero, acompañado en la oportunidad por la nueva dirección de los mineros del Turbio, cuyo reconocimiento exigimos.


En primer lugar, planteamos el respeto a la jornada laboral y un principio de reparto de horas de trabajo mediante una jornada nacional de 6 horas para todos los trabajadores. A la par de esto, la nulidad de todas las leyes de flexibilidad laboral y nuestras propuestas para terminar con el trabajo en negro, todas expresadas en el proyecto de ley laboral que la ANT metió en el Senado el 19 de febrero.


El inmenso valor de este planteo, igual que el aumento general de salarios y un mínimo de 800 pesos equivalente a la canasta básica, es que constituye una plataforma de unidad de toda la clase obrera, un programa de reagrupamiento. Esto en el momento de mayor polarización social, cuando la brecha entre ricos y pobres es la más alta de la historia.


El pliego piquetero es palanca de movilización de la clase trabajadora de conjunto, por eso se reproducen en todo el país las movilizaciones conjuntas sindicales y piqueteras en la línea de Metrovías, de TDO, hoy con los estatales y docentes, con los judiciales, con los portuarios y los mineros del Turbio o con el frente de gremios tucumanos.


La “nueva” CGT tocó todos estos temas con Kirchner, pero es todo verso. Pidió el aumento del salario mínimo pero no fijó monto, lo que prepara el camino a aceptar una miseria. Reclamó la derogación de la legislación flexibilizadora desde 1976 a la fecha, pero eso exactamente hicimos en el proyecto de ley laboral de la ANT en cambio ellos apoyaron la ley sustituta oficial, al igual que la CTA.


El debate ha puesto otra vez en la calle la consigna de trabajo o subsidio a todos los desocupados, a través de la universalización de los 150 pesos y, en el reclamo de aumento a 350 pesos, su relación con el salario mínimo equivalente a una canasta básica.


Las únicas “concesiones” del gobierno han sido habilitar los pases de compañeros de un municipio o de una organización a otra y la promesa de una resolución para recuperar los compañeros despedidos por haber trabajado hasta tres meses. Esto fue a pedido de las propias patronales agrarias y de la construcción porque la gente con planes se negaba a ingresar.


No habilitaron siquiera la recuperación de los compañeros que definitivamente consiguieron un trabajo por otros que necesitan el subsidio, que sólo contando los jefes de hogar desocupados y de acuerdo a los registros del Ministerio, son 900.000.


Quieren eliminar los planes


El Banco Mundial escribe los libretos “sociales” de Alicia Kirchner. El objetivoes eliminar sistemáticamente los planes, por ajuste y para explotar, sin cortapisas, la mano de obra barata, aumentando el ejército de desocupados. La vía para devolver a esos dos millones de compañeros al “mercado del trabajo”, son los “programas de microemprendimientos” que están subejecutados (no se adjudicó ni la plata prevista) precisamente por inviables de acuerdo a sus propios técnicos.


La propuesta de incorporar masivamente a nuestros compañeros mediante bolsas de trabajo a la obra pública y a planes de viviendas populares fue tratada de “clientelar”. Claro, el nuevo responsable nacional de los planes de empleo nombrado por Alicia Kirchner es un hombre de la Uocra, Daniel Fernández, que fuera interventor en la seccional La Plata. Es el primer paso de injerencia directa de la burocracia sindical en el manejo de los planes de empleo, una clara señal contra el movimiento piquetero.


Si, como dicen, el crecimiento económico hubiera creado un millón de puestos estarían en condiciones de extender el subsidio al resto de los desocupados. Pero es al revés, hacen al plan cada día menos universal, violentando el decreto que lo instaura como un derecho de todos los jefes de hogar desocupados.


De esta manera, se está subejecutando el presupuesto previsto para los planes, no hablemos ya de nuevas partidas basadas en el enorme superávit fiscal. Así lo hemos denunciado ante el ministro. Detrás de esta política está la mano del Banco Mundial, cuyo propósito es terminar con los planes y destinar los fondos de contención social a una red de manipulación directa del Estado.


El Ministerio de Alicia Kirchner, violando la ley, abre comedores por cuenta propia, incluso al margen de la asistencia provincial, para crear el aparato político propio del kirchnerismo. En tanto, busca reducir las partidas de alimentos conquistadas por las organizaciones piqueteras. En el fondo de toda la campaña antipiquetera está la impotencia de los políticos patronales, de sus mandantes, los capitalistas, y de los burócratas sindicales. Emerge el fracaso de la política del gobierno Kirchner para mejorar las condiciones de ocupación y de vida de los trabajadores.

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