19/12/2021
orán - Salta

Política Obrera expulsa a su concejal Samuel Huerga para disimular la responsabilidad de su dirección

Altamira - Quintana - Huerga

El mismo día de la asunción de Samuel Huerga como presidente del concejo de Orán, denunciamos en Prensa Obrera, un pacto de colaboración política con los partidos burgueses, incompatible con una bancada socialista (ver nota “El debut parlamentario de Política Obrera”). Allí decimos que la “presidencia rotativa” propuesta por Huerga a los bloques patronales es un acto de colaboración e integración política que solo puede contribuir a rescatar a una institución siempre divorciada y hostil a las grandes demandas del pueblo de Orán.

Luego de un estruendoso silencio de una semana, nos enteramos que la dirección de Política Obrera ha separado a Huerga de su partido y condena el arreglo antisocialista que llevó adelante y sigue defendiendo su ahora exconcejal.

La separación exprés de Samuel Huerga de las filas de Política Obrera aparece a todas luces como un acto de autoabsolución de la dirección de este grupo, con Altamira y Ramal a la cabeza.

En los propios textos publicados en su periódico Política Obrera, queda claro que la posición adoptada para realizar un pacto con los partidos burgueses en el concejo de Orán, con su consecuente y ostentosa integración política al Estado, fue avalada por el pleno del comité de Salta de Política Obrera y que su dirección nacional recibió antes de la elección de Huerga como presidente un artículo de Julio Quintana, dirigente del comité de Salta, anticipando el hecho y la posición tomada. La “propuesta” de Huerga fue conocida al menos una semana antes en las redes y el mismo día el comité salteño festejó en un comunicado “la conquista”, que fue presentada poco menos que como la palanca para promover desde la presidencia una suerte de revolución municipal, a la que debía proponérsele una constituyente (desde arriba hacia abajo) que reorganizara todo… un absurdo antirrevolucionario. Según reconocen todas las partes, hubo además un plenario de todos los militantes de la regional de Salta que apoyó casi por unanimidad el arreglo. Contra toda esta evidencia, el artículo de Política Obrera lleva por título “rechazamos la posición de Samuel Huerga en el concejo de Orán” para luego anunciar su separación. Eso sí, ni una palabra de la responsabilidad de Altamira y su tropa. Nos preguntamos: si no conocían lo que iba a hacer una de las dos únicas bancadas que conquistó Política Obrera en el país, ¿no es por lo menos una dirección impotente?

¿Cómo se llegó a este desbarranque de parte de un grupo que se fue del Partido Obrero criticando un supuesto desvío parlamentarista?

El debut parlamentario de Política Obrera reniega del carácter y los métodos revolucionarios que debe tener una bancada socialista, la que debe ser utilizada para la agitación socialista contra los parlamentos que integramos por el voto popular, para que sean un puntal de la organización de los explotados contra el Estado y contribuyan a la organización política independiente de los trabajadores. Contrario a esta concepción el comité regional de Política Obrera ha parido una bancada para la gestión de las reformas, propositiva, contribuyendo con el salvataje o renovación de una institución del Estado, frente al cuadro de disgregación de las fuerzas políticas tradicionales.

Está claro que se han sometido a la presión de los voceros de este régimen oligárquico que ha desarrollado con cierto éxito, entre la población, la idea que las bancadas del Partido Obrero han sido ineficaces, que tuvieron el poder (sic) en el Concejo Deliberante de la capital salteña al obtener 9 concejales en el 2013 pero no quisieron tener la presidencia… etc. Una desviación similar antes fue protagonizada por Arturo Borelli y combatida sistemáticamente por la dirección del Partido Obrero.

Huerga y el Comité de Salta, pero también la dirección nacional de Política Obrera, que montó su ruptura en base a una crítica liquidacionista de nuestro trabajo en el parlamento, tiran por la borda 20 años de lucha socialista consecuente en las bancadas, de importantísimas conquistas, de grandes procesos de organización popular a partir de la acción de éstas. (Ver nota balance de las bancadas y video de Claudio Del Plá en la última sesión, al culminar su mandato.)

El grupo de Altamira armó una ruptura del Partido Obrero reuniendo en su seno a tendencias aparentemente contradictorias pero que arrancan del mismo punto de partida: su desmoralización frente a los límites que encontró el desarrollo del partido luego del ascenso electoral de la izquierda en el 2013, al que Altamira asoció a una cuasisituación insurreccional.

Este episodio gravísimo de Orán lo vuelve a confirmar. La ruptura se apoyó en una amalgama sin principios, de tendencias sectarias y oportunistas, de críticos por izquierda y por derecha, de la actuación del PO y del FIT. Para unir todas estas contradicciones contra el Partido Obrero, Altamira y su mesa ejecutiva aceptaron y defendieron posiciones antisocialistas como la integración del policía retirado Cardozo a la lista de convencionales constituyentes de Orán, a pesar de haber sido abogado defensor de policías torturadores. Este nuevo episodio solo es la fase final de una descomposición previa. Aplican una separación sumaria a Huerga (justamente lo hace un grupo que se victimizó durante 2 años, denunciando haber sido expulsado del Partido Obrero, cuando en realidad se colocaron fuera de las resoluciones del 80 % de los delegados al XXVI Congreso partidario; precedido de un año de amplísimas deliberaciones), pero sobre todo se deshacen de su responsabilidad en este desbarranque.

Detrás del sectarismo se esconde siempre el oportunismo, decía Trotsky en el Programa de Transición con el que reivindicó la actualidad del planteo revolucionario, aun en medio del auge del fascismo. Superaremos desde la claridad y la tradición política del Partido Obrero este desbarranque oportunista.

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