04/10/2001 | 724

Por el Partido Obrero el 14, por la huelga general desde el 15

La única vez que el «riesgo-país» bajó, la semana pasada, fue cuando corrieron rumores acerca de la renuncia de Cavallo.


Pero Cavallo no se quiere bajar. Ante su fracaso estrepitoso, ahora plantea reducir la coparticipación a las provincias (lo que viene haciendo) y sacar un nuevo bono garantizado con la recaudación del impuesto al cheque. La otra medida, re-programar la deuda externa, no va para ningún lado. Los acreedores piensan que tendrán más poder de negociación luego que Argentina quiebre.


La disolución económica de Argentina avanza, mientras tanto, al galope. Monedas de provincias por doquier, cierres de las administraciones provinciales. El acuerdo «estratégico» del Mercosur, naufraga. La administración de salud, educación y justicia está colapsando progresivamente. El Pami está dejando de funcionar.


Las elecciones tendrán lugar en las vísperas del colapso económico, aunque hay quienes piensan que éste podría estallar incluso antes. Por eso, los resultados electorales son en gran medida irrelevantes, ya que el desenlace no tendrá lugar a partir del Congreso. Si hasta ante un fraude como el mega-canje, que aumentó los intereses de la deuda en 50.000 millones de dólares, los diputados y senadores están mirando para otro lado.


En cierto modo, las encuestas electorales, pocas, mostrarían un cuadro de inmovilización política. Terragno y Bravo en la Capital, por ejemplo, estarían sumando el 40-45% que sacó Ibarra en las elecciones del 2000 en la ciudad. Béliz y Liendo, sumando a Irma Roy, arañarían el 16% que obtuvo hace un año Encuentro por la Ciudad. Pero el escenario es engañoso, porque la Alianza está irremediablemente dividida y sus ex integrantes (Alianza y ARI) se irán deshilvanando aún más, e incluso peor es el panorama en la derecha y en el peronismo residual. Duhalde, se anticipa, obtendría el mínimo histórico del peronismo y es posible que Alfonsín no llegue al puerto; con el 20% de los votantes, podría superarlo el ARI o Farinello. Así que el aparato del fraude se ha puesto en marcha.


Los procesos subjetivos de los pueblos van normalmente retrasados con relación a la marcha de los acontecimientos históricos, y los electorales llevan hasta una yapa. Aún está por desarrollarse esa vigorosa minoría popular que arrastra a las grandes masas en los momentos decisivos. Según las encuestas, la izquierda podría aspirar a un diputado en Capital; algunas dicen que sería Zamora, otras IU. Ninguno de los dos representa al movimiento de lucha que ha ido creciendo en los últimos tiempos, menos que nada al piquetero. Una encuesta anterior planteaba la expectativa de que Altamira ingresara por Buenos Aires provincia. En Córdoba, la izquierda podría ingresar un legislador provincial.


La «vedette» electoral es el voto en blanco, fogoneado por la derecha liquidada del menemismo. Pero según algunos encuestadores sólo alcanzaría importancia en la Capital y entre la clase media, una clase que se encuentra tan agitada como confundida. Sigue convencida de que no hay otra salida fuera del «primer mundo», pero mientras tanto el «primer mundo» sigue pauperizándola a escala industrial.


Entre el inviable ajuste de Cavallo y la devaluación que reclama la UIA, el gobierno y los principales círculos capitalistas buscan una vía intermedia. Temen la explosividad de la devaluación; prefieren demorarse y prolongar la presente crisis, a jugarse arriesgando la explosión social y política. Pero ésta es inevitable, sea al final o al comienzo. Por esto se demora la expulsión de Cavallo *que podría llevar a la de De la Rúa.


Votar por el Partido Obrero es apoyar el único planteo popular que existe en referencia a la crisis de poder y consagrar al mismo tiempo una diputación nacional que la propagandice a una escala mayor.


Fuera el gobierno de De la Rúa-Cavallo, y los de los Ruckauf y compañía: por Asambleas Constituyentes soberanas.


Impulsemos la huelga general para anular los ajustes y desarrollar una perspectiva de poder.