24/06/2005 | 905

Por un plan de lucha de las centrales obreras, los sindicatos, los piqueteros y los movimientos de lucha

Como cuadra a un partido realmente combativo, el Congreso del PO arribó a una conclusión de conjunto a partir de la caracterización del período de empobrecimiento masivo y crisis internacionales que ocasiona el capitalismo en descomposición. La consigna del título resume este planteamiento.


La tesis fundamental del Congreso es que existe un hilo común y un vaso comunicante entre la pobreza que tipifica a la masa de compañeros desocupados con la masa de los trabajadores descalificados y en negro y el conjunto de la clase obrera. La campaña de los partidos patronales para nivelar en la miseria al conjunto de la clase obrera, acaba en una política de superexplotación y de descalificación laboral para todos los obreros.


En resumidas cuentas el capitalismo procura, a través del desempleo en masa y el trabajo en negro, crear un proletariado sub-pago que desvalorice la fuerza de trabajo en su totalidad. La tercerización dentro de las empresas tiene esta finalidad, por eso ha estallado la cuestión del encuadramiento salarial. La lucha contra la tercerización significa reivindicar el salario de convenio más alto para todos los trabajadores de la misma unidad productiva, comercial o de transporte. Lo mismo ocurre con el intento de suprimir toda forma de subvención a los desocupados, pues se trata de volcar al mercado de trabajo a una mano de obra en absoluta precariedad. De aquí el interés vital para el conjunto de los trabajadores de un salario mínimo que nunca sea inferior a la canasta familiar.


El crecimiento del trabajo en negro no puede ser superado en los marcos capitalistas; lo prueba el reclamo de la CGT de que puedan cobrar el seguro al parado cuando son despedidos contra la mera presentación de dos testigos. Es un planteo que renuncia a combatir el trabajo en negro, el cual significa salarios inferiores (que llegan hasta la mitad de los de convenio), ninguna cobertura de salud ni previsional. De aquí la reivindicación del control obrero con relación a las condiciones de trabajo; al conjunto de la clase obrera le interesa elevar la condición de los trabajadores sub-pagos y neutralizar la presión de los desocupados, para lo cual se impone la universalización del subsidio a los desocupados de larga data y la triplicación de su monto. El seguro al parado, por despido, debe ser el 82% del salario en actividad.


La jubilación forma parte del salario que cobran los trabajadores a lo largo de su vida. La depreciación de la jubilación es una depreciación del salario. El menemismo, al reducir en forma drástica la contribución patronal a las cajas e incluso eliminarlas, ha provocado un gigantesco saqueo del salario. Lo mismo ocurre con la privatización de la jubilación y no sólo por sus comisiones sino porque sólo garantiza un retiro por el 30% del salario, esto si las AFJP no quiebran en el camino. Kirchner se apresta a elevar el monto de la contribución de los trabajadores a las AFJP; no lo hace para mejorar el monto del retiro sino para aumentar la recaudación y usarla para colocar títulos de la deuda pública.


El ataque social a las masas es compacto y general. Actúa como revulsivo en todos los estratos y organizaciones obreras, incluso las más burocráticas. Lo acaban de demostrar los mecánicos y la rebelión que se va desarrollando en los supermercados y en los Mc Donalds, la devaluación del peso ha dejado en marcha una olla a presión.


El llamamiento al conjunto de las organizaciones existentes debe impulsar la deliberación del conjunto de la clase. Esta es la cuestión. Por su rol de avanzada, las comisiones internas y sindicatos combativos, junto al movimiento piquetero, deben impulsar una campaña por un plan de lucha general por el salario mínimo igual a la canasta familiar, el seguro al parado, la jubilación al 82%, la universalización de los subsidios a los desocupados y la duplicación de su monto, la reestatización sin indemnización del sistema previsional, el control obrero. Esto es un plan de lucha, las campañas de la CTA (por niños, madres y ancianos) son lo opuesto; en lugar de la lucha contra el capital depredador, ofrece una mendicidad colectiva.

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