12/12/2002 | 784

Por una Asamblea Constituyente Soberana

A estas horas la movilización política del 19 y 20 hacia Plaza de Mayo y todas las plazas centrales del país está firmemente instalada en la conciencia popular, desde Tartagal a Río Gallegos, desde Rosario a Mendoza. La tendencia hacia una manifestación de masas es manifiestamente más fuerte que la campaña que, en nombre de los eventuales «saqueos» y «actos de violencia» para estas jornadas, pretendió crear un clima de intimidación en la clase media. El frente de organizaciones piqueteras de la Asamblea Nacional de Trabajadores, en particular el PO, aportaron a esta victoria política denunciando al gobierno como la fuente de las acciones de «inteligencia» tendientes a abortar la posibilidad de una gran movilización popular. Pero esta delimitación no habría servido de nada sin la percepción popular.


Lejos de disminuir por la campaña de amedrentamiento, las iniciativas para convertir al 19 y 20 en una gesta política y multitudinaria crecen hora a hora y expresan un proceso de maduración. Un estudio contabiliza que los cortes de ruta y de la vía pública se duplicaron en noviembre respecto de octubre, lo que para la consultora es «gimnasia» de las organizaciones «con vistas a ganar la calle en el primer aniversario de la caída de De la Rúa» (CE Nueva Mayoría, diciembre) y en la vida real es una tendencia profunda a actuar con los métodos de la acción directa ante la comprobación de que los problemas que llevaron a las masas a actuar hace un año no sólo siguen en pie, sino que se han multiplicado a una escala jamás vivida de confiscación y hambre a los trabajadores.


Más de cincuenta Asambleas de la Ciudad de Buenos Aires han decidido organizar el cacerolazo en los barrios desde las 19 horas del 19 e impulsar una presencia masiva a Plaza de Mayo, una realidad que, a otra escala, se está produciendo en las provincias. Frente a la prevención original de los pequeños comerciantes por los posibles saqueos, crece una consigna: «Cierre y venga con nosotros a la Plaza». La actividad de las Asambleas Populares se convierte en fundamental, se debe poner a prueba su capacidad de movilizar a miles y miles de vecinos reproduciendo las jornadas de un año atrás.


La Marcha Federal a Plaza de Mayo, que atravesará el país desde cinco columnas centrales que a su paso protagonizarán decenas de actos, sumando nuevos contingentes que las irán engrosando hasta ocupar el 20 el centro del poder político de la nación, es en sí misma una campaña de agitación y movilización hacia el «cacerolazo» nacional.


 


La Plaza del «Que se vayan todos»


Rodríguez Saá acaba de anunciar la decisión de no marchar a la Plaza de Mayo el 20 de diciembre, lo que se corresponde por entero con el programa y la naturaleza de la movilización planteada. El frente único de organizaciones piqueteras de la Asamblea Nacional de Trabajadores ha planteado tres consignas para el 19 y 20: Fuera Duhalde ya, que se vayan todos; por otro 19 y 20; por un gobierno de trabajadores y el pueblo. ¿Qué cabida podría tener en esta Plaza el triunvirato Rodríguez Saá – Rico – Moyano, sostenedor del gobierno Duhalde, enemigo de la rebelión popular y destinatarios todos ellos del «que se vayan todos» (entre los que se tienen que ir está la burocracia sindical)?


Se debe advertir, y no sólo por este hecho, que «esta» Plaza no es la de un año atrás.


Las Asambleas Populares se han sumado a la convocatoria de las organizaciones piqueteras, se preparan para recibir a las columnas de la Marcha Federal y han constituido una Mesa de Enlace con los miembros de la Asamblea Nacional. Antes, desbarataron el intento de IU que hizo «obelisco aparte» el 1º de Mayo y que intentó ahora conformar un nuevo «espacio alternativo» (democratizante) opuesto a la fusión de las Asambleas con los protagonistas de la clase obrera en la nueva etapa histórica abierta en la Argentina.


Se ha forjado un acuerdo para impulsar todos los esfuerzos que apunten a una concurrencia masiva a la Plaza y a las plazas, para que haya un lugar y una tribuna para las Asambleas, para los sindicatos y las fábricas en lucha, para los ahorristas, para todas las expresiones genuinas de la rebelión popular. En definitiva, desenvolver todas las energías posibles para concretar un imponente Cacerolazo nacional. Se ha abierto una etapa de colaboración creciente y estrecha de las organizaciones piqueteras y las Asambleas, un desarrollo con proyección de poder.


Por perspectiva y dirección política, esta Plaza y las plazas del país de este 19 y 20 son distintas a la de un año atrás. Expresan una maduración de los factores subjetivos de la revolución, que han sido protagonistas, en un año, de la recuperación de sindicatos, de las fábricas gestionadas por los trabajadores, de las expropiaciones ejecutadas por las Asambleas Populares, de la expulsión de los partidos patronales de las universidades, incluido el propio papel del PO (de la conciencia organizada en partido, en último término, depende la victoria de la revolución). Forma parte de este proceso la delimitación operada dentro del propio movimiento piquetero contra las tendencias colaboracionistas anidadas en los Consejos Consultivos de Crisis y en la política de tregua.


Este 19 y 20 zanja, en este punto, el debate planteado por el PO contra los que denostaron la rebelión popular del año pasado caracterizándola de «espontaneísta». Un vasto arco político que sumó al «progresismo» y a la izquierda caracterizó los cacerolazos como acciones de masas al margen de toda dirección o proyección política. Planteamos entonces que «el levantamiento popular del 19 y 20 pasados fue el más preparado de todos los que lo antecedieron, pues fue la consecuencia de más de una década de huelgas y movilizaciones de derechos humanos y contra el gatillo fácil, pero sobre todo fue el resultado de la acción del movimiento piquetero y de los cortes de ruta más grandes de la historia argentina y de la mayor parte de los países del mundo» (Altamira, PO 28/12/01).


Un año después, «esta» Plaza confirma una caracterización: el movimiento de lucha que ocupó el centro del poder político el 19 y libró la batalla de la Rosada el 20 tenía todos los componentes que se han desenvuelto a este nivel al día de hoy. Dicho de otro modo: si la rebelión de las masas de un año atrás hubiera sido espontánea, el movimiento de lucha no se habría extendido y desenvuelto bajo esta dirección y proyección políticas.


 


Asamblea Constituyente


La Marcha Federal previa al Cacerolazo nacional cruzará todos los centros políticos de provincias y municipios sacudidos por furibundas crisis políticas: Tucumán, Entre Ríos, Córdoba (donde el «Que se vayan todos» va por Kammerath y el Concejo Deliberante), Neuquén, Esquel. La necesidad de una consigna de conjunto es la clave para que el pueblo se pueda plantar frente al poder con una alternativa propia. La convocatoria de una Asamblea Constituyente en la nación, las provincias y los municipios es la conclusión lógica y natural de la consigna más popular del momento actual: «que se vayan todos». Es el punto de unión entre el pueblo dispuesto a luchar contra la representación política actual por una representación política de otra naturaleza y el que quiere, además, cambiar el contenido social del régimen actual para hacer posible «el pan y trabajo para todos».


Vamos a la Plaza de Mayo, vamos a las plazas públicas de cada capital y localidad del interior, vamos a defender la tradición política de este pueblo de ocupar los centros de poder hasta arrancar la reivindicación decisiva que resume todos los reclamos planteados en la lucha cotidiana: Por una Asamblea soberana, por una Constituyente convocada por el pueblo.