26/03/1998 | 578

Quiénes apoyaron el golpe criminal del 76

El golpe del 24 de marzo de 1976 fue impulsado, en primer lugar, por el imperialismo mundial y la totalidad de la clase capitalista argentina.


Las cancillerías extranjeras, entre las que hay que incluir a las de los regímenes ‘comunistas’ de ese entonces de China y la Unión Soviética, ade­lantaron a los golpistas que reconocerían el nue­vo gobierno y le darían apoyo financiero. Un papel especial le cupo a la CIA norteamericana, cuya ‘estación’ en Buenos Aires le dio a los militares la información y la inteligencia necesarias para proceder a la liquidación de militantes populares.


Todas las cámaras de empresarios, grandes y chicas, extranjeras y nacionales, promovieron el golpe. En febrero de 1976 realizaron un lock-out patronal en todo el país para que los militares pusieran fecha al golpe. El futuro ministro de economía de la dic­tadura fue ‘cantado’ por un suplemento del semanario The Economist de diciembre de 1975. José Alfredo Mar­tínez de Hoz era un representante del Consejo Empresario Argentino y esta­ba entre los principales accionistas de Acindar.


Todos los diarios del país apoyaron el golpe, sean de la capital como del interior.


Todos los partidos patronales apo­yaron el golpe. Radicales y justicialistas nombraron a más de 500 intenden­tes de la dictadura. Mientras el gobier­no de Isabel asesinaba a militantes populares, el radical Balbin exigía ani­quilar a la «guerrilla fabril”.


(Como nota aparte destaquemos que el PC y el PST (morenismo) carac­terizaron al golpe como la consecuencia de un vacío de poder y al nuevo gobier­no militar como “la dictadura más democrática de América Latina”).


El objetivo estratégico del golpe militar era liquidar el ascenso histó­rico de los trabajadores que se había iniciado en 1969 con el cordobazo. Las principales fábricas pusieron sus ins­talaciones al servicio de la tortura y del asesinato.


El golpe del 76 tuvo UN CARAC­TER DE CLASE. Por eso hoy toda la clase capitalista y la pequeña burgue­sía arribista (Frepaso) se encuentran unidas con el imperialismo en la defen­sa de la obediencia debida y del indulto.


Los que implantaron la dictadura siguen siendo la clase dominante del país, que desde 1983 se vale para go­bernar de sus representantes civiles. El régimen democrático no ha atenua­do sino que ha acentuado la explota­ción de los trabajadores, por referencia a la dictadura militar. La entrega al imperialismo es también mucho ma­yor. Los objetivos estratégicos del golpe siguen en pie, no han sido destruidos. El ‘retomo a la democracia’ no ha significado la clausura de ese período de mayor explotación y entrega. Es por eso un descomunal despropósito soste­ner que esta democracia es la negación del régimen militar.


Para encarcelar a los genocidas y poner fin a las consecuencias sociales y políticas de la dictadura, hay que echar a los Menem, Alfonsín, Cavallo, De la Rúa, Duhalde o Alvarez, y poner en pie un gobierno de trabajadores.

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