24/08/2017 | 1471

Reforma tributaria, la de ellos y la nuestra


El gobierno prepara una reforma tributaria que apunta, principalmente, a eliminar el impuesto a los Ingresos Brutos, que representa el 75% de los ingresos propios de las provincias. El plan oficial es reemplazarlo por el IVA, generalizando su base de aplicación actual. Por esta vía, el Estado nacional pasaría a recaudar directamente los recursos para luego distribuirlos entre las provincias. Esa “centralización” reforzaría la dependencia del interior respecto del gobierno central y le brindaría al Ejecutivo un instrumento poderoso para extorsionar a los distritos, condicionando la entrega de fondos a que se cumpla con las metas de ajuste fiscal. Este mecanismo va ir acompañado por una nueva coparticipación regida por el mismo criterio, ya que el porcentaje que recibiría cada provincia se iría ajustando en función de su desempeño, incluyendo el aporte de cada una de ellas a la recaudación.


No se nos escapa que esta política de austeridad ya la vienen implementando los gobernadores no sólo oficialistas, sino los enrolados mayoritariamente en el PJ. Gran parte de las jurisdicciones han comenzado un ciclo de endeudamiento. Este hipotecamiento tiene como contrapartida un severo ajuste, que pretende garantizarle el pago a los acreedores. Los docentes y empleados públicos sufren en carne propia las consecuencias, lo mismo que los restantes gastos sociales. Pero la intención del gobierno es dar una vuelta de tuerca más e imponer una disciplina mayor desde el poder central.


 


La Casa Rosada ha dado un guiño al pedido del gobierno de Vidal y alienta sin disimulo un enfrentamiento entre la provincia de Buenos Aires y el interior. Estamos frente a una gran impostura desde el momento que es el Estado nacional el que se lleva la tajada del león del presupuesto, en detrimento y a expensas de ambos, para aplicarlo al pago de la deuda usuraria y al financiamiento parasitario de los capitalistas. El macrismo pretende utilizar la amenaza de una pérdida potencial de recursos que pende sobre las provincias para forzarlas a un arreglo integral en los términos de la reforma aquí descripta.


 


Más regresivo que antes


 


Esta reforma va a agravar el carácter regresivo del sistema impositivo. Vamos a una generalización de los impuestos al consumo a través del IVA. En cambio, continuarán las exenciones a la renta financiera en el impuesto a las Ganancias, a lo que se suman nuevos beneficios. La nueva norma incluiría el ajuste por inflación en las utilidades empresariales, que existió en la época menemista y cuya reintroducción es un viejo anhelo de la clase capitalista. Todo esto mientras a los trabajadores se les colocan techos salariales y se les compensa por debajo de las variaciones del costo de vida. Obviamente, se va a mantener el actual impuesto al salario, en línea con lo ya aprobado a fin de año.


 


A esto habría que agregar que el impuesto al cheque, que hoy grava todas las transacciones bancarias, pasaría a ser admitido como pago a cuenta del impuesto a las Ganancias. El gobierno de Macri incluyó este beneficio para las pymes el año pasado y ahora pretende hacerlo extensivo al resto de las empresas. Por otra parte, el proyecto oficial excluye el impuesto a la herencia, lo cual trajo alivio en los círculos empresarios. Esta reforma tributaria guarda un hilo conductor con el blanqueo. No nos podemos olvidar que el paquete del “sinceramiento fiscal” ya incluyó la reducción de las alícuotas y la supresión definitiva (a partir de 2019) del impuesto a la riqueza.


 


El carácter regresivo de los impuestos se reproduce en las provincias. En forma abrumadora, los impuestos recaen en el bolsillo popular, mientras que el inmobiliario rural, que afecta a las patronales del campo, apenas representa una porción insignificante de la recaudación. En la provincia de Buenos Aires, las tierras sobre las que se aplica el gravamen están valuadas entre el 2 y el 5 por ciento de sus valores de mercado. Lo mismo ocurre con las regalías y/o retenciones provenientes de la renta de los recursos naturales.


 


Aunque los gobernadores han reaccionado de palabra contra esta pérdida de autonomía en el manejo de los recursos, su respuesta a la extorsión macrista se circunscribe a renegociar alguna compensación de fondos. 


 


La oposición


 


¿Qué dice Cristina al respecto? “Argentina necesita un nuevo acuerdo federal para distribuir recursos. Deben restituirse los recursos sustraídos a las provincias y someter a la decisión del Congreso Nacional la distribución territorial de los programas nacionales en todas las áreas” (15 puntos de Unión Ciudadana). Esto significa mantener toda la estructura impositiva regresiva actual: la continuidad del impuesto al salario y la persistencia de los impuestos al consumo, que es la política que rigió durante su mandato. En su programa está ausente el restablecimiento de retenciones al agro o a las mineras, cuya eliminación o rebaja fue resuelta por el macrismo. El federalismo no pasa de un saludo a la bandera cuando los recursos principales se reservan al pago de la deuda externa y al financiamiento de la patria coimera y a los privatizadores, que absorben la principal porción del presupuesto. Sin poner fin a este saqueo, las provincias están condenadas a recibir las migajas de la recaudación.


¿Qué dice Massa? Aunque califica al sistema tributario de «regresivo», propone continuar con el impuesto al salario, del cual es coautor y responsable junto con el macrismo. En cambio, alienta todo tipo de exenciones o reducciones impositivas al capital, empezando por las pymes y siguiendo por las inversiones productivas. Bajo ese paraguas, incluye las rentas extraordinarias del agro, de la minería y de las petroleras. La sugerencia de un gravamen se circunscribe a las rentas «financieras» y “especulativas”, pero tampoco queda claro su alcance y su magnitud. No olvidemos que el blanqueo, que premió a especuladores y evasores, fue aprobado por el massismo y entre sus cláusulas se exceptuó del pago de impuestos a los dividendos y a las diferencias de cambio derivadas de rentas del exterior. El «programa económico» renovador impulsa la supresión del IVA a algunos alimentos y medicamentos, lo cual no pasa de una medida inocua, pues los capitalistas se las ingenian para quedarse con esa diferencia sin bajar los precios. Esto sólo podría funcionar con un control de los trabajadores de toda la cadena de producción y discusión.


 


Programa


 


Llamamos a rechazar la reforma tributaria y oponerle un programa de salida que privilegie el interés popular. Abolición del impuesto al salario y al consumo. Por impuestos extraordinarios y progresivos al capital y a las rentas extraordinarias derivadas de los recursos naturales y de la explotación agrícola. Por un impuesto inmobiliario rural actualizado a los precios de mercado. Estos recursos deben ser colocados al servicio de un plan de reactivación económica integral e industrialización del país, y satisfacción de las necesidades populares. La gestión económica y las riendas del país deben estar en manos de los trabajadores.

En esta nota

También te puede interesar:

La radiografía del ajuste oficial. Escribe Gabriel Solano.
Quieren que la crisis la paguen los trabajadores
Mientras exime a los capitalistas con la moratoria.
Dos varas muy distintas para empresarios y trabajadores. Escribe Pablo Heller.