19/10/1993 | 404

Respuesta al PL

En el número anterior de Prensa Obrera publicamos una carta de “apoyo crítico” al FIT, por parte del Partido de la Liberación, la cual es, en realidad, un ataque en regla contra los “beneficiarios” de ese “apoyo”. “Manejos divisionistas”, “exclusión”, “frente trotskizante” son algunos de los dardos que dispara el PL.


El acta de acusación es, sin embargo, falsa. No hubo tales “manejos divisionistas” para con el PL, lo que oocurrió fue que el PL se autoexcluyó del frente al plantear un ultimátun alrededor de las candidaturas totalmente inaceptable.


Aunque el PL no lo recuerde en su carta, pretendía encabezar las listas del FIT de la provincia de Córdoba, a pesar de admitir que no tenía la representatividad para tal pretensión. Su argumento era que como el PO y el MST encabezaban las listas en otros lugares, donde incluso el PL no existe, en Córdoba ese lugar le correspondía al PL. Aquí hay dos equívocos: el menor es que el PL cree que las posiciones políticas se regalan o se donan; el mayor es que el PL confiesa que es incapaz de luchar por su política desde cualquier posición.


El FIT, de todos modos, inscribió en la Justicia (puede verificarlo cualquiera) una cláusula que incluía al PL (en tercer lugar) luego del MST y del PO.


Tampoco es cierto que el PL hubiera sido excluido de los debates; la carta del PL cita, precisamente, las propuestas que efectuó en las discusiones que tuvieron lugar; pero el PL se retiró de las reuniones por el tema de las candidaturas. En las discusiónes el PL defendió la idea de que había que reemplazar la consigna “gobierno de los trabajadores y el socialismo” por la de “gobierno de los trabajadores y el pueblo”, la que fue rechazada por populista, por oponerse al socialismo.


El PL se pronuncio también en contra de la consigna de la “revolución política” contra las burocracias stalinianas y por el socialismo. Pero la lucha contra la burocracia es una tarea de la primera hora a nivel internacional para combatir la restauración capitalista. Cuando en Tienanmen se masacra a los trabajadores chinos para defender la restauración; cuando Yeltsin sigue el mismo camino en la Rusia post-soviética; cuando las camarillas burocráticas hacen lo mismo en los países del Este; cuando se ve el ejemplo de la ex Yugoslavia, está clara para cualquiera la naturaleza de la divergencia. (El PL podía, con todo, dejar establecida su discrepancia e integrar el frente).


El PL nos “imputa” también una falta de “solidaridad con Cuba Socialista”, un verdadero exabrupto si los hay. Se desprende de la fraudulenta fórmula que acuña el PL (¿Cuba es socialista?) que la “defensa incondicional” de la Revolución Cubana y de Cuba frente a las agresiones del imperialismo, debería extenderse al gobierno cubano —al cual también deberíamos defender incondicionalmente, es decir, apoyar ciegamente su política. Pero ni siquiera el PL lo hace, como lo demuestra, por ejemplo, su ataque al gobierno de Cuba por haber resuelto votar a favor de la candidatura de la Argentina menemista para ocupar un lugar en el Consejo de Seguridad de la ONU. El canciller cubano, Roberto Robaina, acaba, por ejemplo, de declarar: “Si por esta vía (la despenalización de la tenencia de divisas), cuatro o cinco millones de cubanos (¿tantos?, JF) resuelven sus problemas, es preferible que esas personas los tengan resueltos a que no los resuelvan los diez millones” (en realidad son once y medio, JF) (La República, 18/10). ¿Está de acuerdo el PL con esto?¿Esto también va por cuenta de “Cuba socialista”? Los beneficiarios de la “despenalización” son un 10 o 20% de los citados, es decir entre un 5 y un 10% de los cubanos, en su mayor parte reclutados en los sectores próximos a la burocracia y principalmente entre los grandes burócratas económicos. Esta política de diferenciación social debe conducir a la larga a una restauración del capitalismo. (Robaina incluso se quejó porque Cuba es “el único lugar en el mundo” al que se reprocha la existencia de “jineteras” (prostitutas) (ídem). Si para el PL, por otro lado, la “solidaridad con Cuba socialista” no excluye criticar al gobierno, ¿esto significa que su defensa del país y de la revolución es condicional, o sea sólo en aquello en que coincide con el gobierno? No podemos estar de acuerdo tampoco con esto: nuestra defensa de Cuba y de la Revolución (estatización de los medios de producción) es incondicional, mientras que al gobierno y a su política los vemos como un obstáculo para el desarrollo y aun la sobrevivencia de la Revolución y de la independencia del país.


El FIT no rechazó el planteo de incorporar la “rebelión popular”, incluso el PO realizó el planteo públicamente. Sí impugnamos la exigencia de suplantar la consigna de huelga general por la de las “puebladas”. Estamos a favor de orientar una rebelión popular, pero no del planteo confuso de la “pueblada”. Para el PL, por ejemplo, los saqueos de los supermercados son sinónimos de “pueblada”. Para el PO “puebladas”  serían el “cordobazo”, el “rosariazo”, el “tucumanazo” de 1970. No existen en la actualidad tendencias a esas “puebladas”. De lo que se trata ahora (y ésta es una de las divergencias con el PL) es de preparar políticamente al pueblo para ese futuro inevitable. Más precisamente: luchar por sacarlo de la confusión actual y poder prepararlo para ese futuro. Es con relación a estas tareas preparatorias y pre-preparatorias que surgió el FIT. Ni hay una situación revolucionaria, ni existe la posibilidad inmediata de ella. El programa del FIT indudablemente tiene límites, pero los “aportes” que le pretendió hacer el PL no lo enriquecían, sino que lo derechizaban. El apoyo al FIT por parte, del PL no fue crítico, sino lírico; lo resolvió 10 días antes de las elecciones, no hizo campaña alguna, no sacó volantes (ni “críticos” ni de los otros). Todo esto es poco serio.

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