28/06/2001 | 712

Roberto Gil y un golpe que cambia la vida

Salta es una herida abierta

Salta está estallando. Esa gente quieta que durante siglos acuñó en vidalas resignaciones eternas, ahora se levanta. Todo es un terrible baile sobre la pólvora. Y Roberto Gil lo sabe. El, que había perdido la costumbre de la persecución. Que era una persona de vida serena, militante justicialista de siempre, ex concejal, presidente de Racing. Salta está estallando y, con ella, parte de la vida de Roberto. Su hijo, en una cárcel tan pero tan lejos. Y sus antiguas convicciones, que comienzan a quebrarse como cristales bajo una piedra certera.


Carlos, de 28 años, hijo de Roberto, es técnico electromecánico. Militó junto a su padre en el PJ y después «se decepcionó». Recaló en el Partido Obrero, fue a parar a Salta a través de la empresa para la que trabajaba y, segán los testimonios paternos y de su patrocinante legal, «lo levantaron» mientras caminaba por una calle de Tartagal. Acusado de participar en los piquetes, de incitar al corte de rutas, bajo un grave cargo de «sedición».


«Más o menos», respondió Roberto Gil al clásico «cómo está». Y su voz se quebró al relatar las novedades. (…)


El hombre que presidió el justicialismo de Olavarría quiso hablar telefónicamente con su hijo ayer. «No me dejaron hablar con él; me dijeron que él tenía forma de comunicarse conmigo… pero si no debe tener un centavo para llamarme», lamentó.


Tanta distancia angustia más a una familia cuyo corazón late mirando al norte. «He hablado con la abogada y dice que la apelación a la denegatoria de excarcelación está en la Cámara pero la Cámara no se expide». El argumento para no excarcelarlo fue «que siguen las protestas y que, si lo dejan libre, va a volver al piquete «. Pero «siguen deteniendo gente en Mosconi y mientras haya protestas y nadie solucione nada y los dramas de fondo sigan existiendo, entonces no van a largar a nadie…»


El apellido Gil resuena en muchos ámbitos de los áltimos años olavarrienses. Roberto formó parte de la sociedad con Manfrini, que sostuvo la empresa de sepelios hasta que la compró Coopelectric. Fue concejal por el justicialismo, presidió el consejo del Partido, fue convencional constituyente en la reforma de 1994 y por estos días preside el Racing Atletic Club.


Acaso Carlos sea el hijo en el que soñó proyectarse. Lo define como «muy sensible, muy humano» y por cuestiones genéticas y de ideas mamadas desde la infancia, logró que lo acompañara en la militancia peronista.


El desembarco en el Partido Obrero, dice, «fue después de un gran desengaño con el justicialismo». Ahora la cárcel le despertó fantasmas y le cambió el cristal de su mirada. «Yo creía que esto no pasaba más -asegura Roberto Gil; los gendarmes se han metido en la casa de la gente, se han llevado a los chicos de los pelos, como en los tiempos del proceso». Y recuerda que «yo viví las otras épocas, por eso creía que no regresarían más; yo estaba en el sindicalismo y me tenían fichado y hasta me convocaron a los cuarteles para amenazarme». Un cuarto de siglo después, cuando su experiencia de vida ha distado de parecerse a aquellos tiempos, descubre dolorosamente que «vuelve más de lo mismo».


«Mi hijo es muy sensible, no es violento, lo tocan mucho los problemas de la gente», asegura. El desengaño por el justicialismo que impulsó a Carlos al Partido Obrero hoy parece contagiar la sangre y el alma de su padre. «En este momento yo también siento decepción», dijo. Después de una historia muy larga de dirigencia. «Que me pase a los 56…», y se quebró. En la noche de ayer salía para Salta. Esa provincia del norte que estalla junto con parte de su vida. Que aloja un mundial de fátbol y el estallido social. Síntesis perfecta de los dos países.


21/6

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