06/09/2001 | 720

«Salario de empleo y formación» de cero pesos

Es uno de los puntos más cortos y sintéticos, pero ninguna palabra tiene desperdicio. El punto 21 del acuerdo que el gobierno firmó con el Fondo Monetario dice: «en el campo de la reforma laboral, el Ministerio de Trabajo ha iniciado la renegociación de los convenios colectivos de trabajo vencidos, con lo que se espera lograr más flexibilidad en las condiciones de empleo. Además, se están preparando planes para mejorar la capacitación laboral de las personas que se incorporen al mercado de trabajo y de los desempleados, permitiendo a los empleadores ofrecer contratos de empleo temporales con un nivel más bajo de sueldo y prestaciones».


De inmediato, la ministra Patricia Bullrich explicó en qué consiste la cosa: convertir a los trabajadores en «pasantes» a través de dos vías. Para eso, por decreto, en un caso, y por acuerdos con las burocracias, en otros, se permitirá a las patronales tomar hasta 2 años como pasantes a los jóvenes de 15 a 23 años y a los trabajadores mayores de 24 años con más de 24 meses de desocupados.


«El pasante no cobra un sueldo sino que recibe una ‘compensación’ o ‘viáticos y gastos escolares’, y su actividad no se rige por las leyes laborales y de Seguridad Social. Al vencimiento del contrato, el pasante no cobra indemnización. Las empresas están exentas de pagar las cargas sociales y el trabajador no aportará a su jubilación ni tendrá derecho al preaviso o a la jubilación» (Clarín, 2/9). Actualmente, en promedio, «los pasantes reciben entre 300 y 500 pesos mensuales» y con el nuevo sistema recibirán el sueldo mínimo del convenio o el salario mínimo legal, que es de 1 peso la hora (ídem).


No hace falta ser muy astuto para darse cuenta de que con la generalización de la pasantía a todos los jóvenes y desocupados, ninguna patronal va a tomar a un trabajador en forma estable, normal, por tiempo indeterminado. Pero ni siquiera aquí está el problema: el gobierno lo que quiere es que las patronales cuenten con mano de obra barata, no para crear empleo, sino para sustituir a los actuales trabajadores por otros, pero en calidad de pasantes y con sueldos más bajos, como está prometido en la carta de intención al Fondo.


Es puro cuento que la pasantía sea un sistema de capacitación o formación profesional de los trabajadores. En Telefónica o Telecom, los pasantes hacen tareas de «telemarketing»; en los supermercados, realizan tareas de reposición, en el periodismo, son redactores. No hay cursos, ni docentes, ni investigación. El pasante es un empleado u operario de producción que no cobra sueldo, que recibe una «compensación» o «viático» mínimo, que está legalmente «en negro» sin seguridad social ni leyes laborales.


Con estas pasantías el gobierno quiere darle un marco legal y un impulso más amplio a la tendencia patronal a bajar sueldos y eliminar los aportes patronales a la Seguridad Social. Y después se «sorprende» cuando las estadísticas oficiales dicen que el 45% de los trabajadores trabajan en negro o en el futuro el 60% de los trabajadores no podrá jubilarse porque no cuentan con aportes al sistema jubilatorio.


Burocracia


Toda esta ofensiva tiene la venia de la burocracia sindical. Por de pronto, la burocracia está participando de las paritarias truchas convocadas bajo la «sobornada» Ley de Reforma Laboral. Y firmó con el gobierno y las patronales los llamados «planes de competitividad» que eliminan los aportes patronales a la Seguridad Social.


Tan trucha es la participación de la burocracia en estas paritarias que hasta a Patricia Bullrich le llamó la atención que no las hubiesen boicoteado. «No existió, pese a las declaraciones, boicot a las negociaciones colectivas ni siquiera de los más combativos, tal como se había amenazado durante todo el año pasado», dijo Bullrich (Ambito, 31/8).


El objetivo de esas paritarias es atomizar al movimiento obrero, bajar salarios y meter a fondo convenios por empresa y cláusulas de productividad.


«Entre otros sectores, gremios y empresas que están negociando nuevas condiciones se encuentra una gran cantidad de rubros vinculados al gremio de la alimentación, que a nivel nacional dirige Rodolfo Daer. Paralelamente, y dentro de los convenios ultraactivos que también están en negociaciones para mayor grado de flexibilidad están los camioneros de Hugo Moyano» (ídem). Como se puede apreciar, antes del abrazo en la Plaza, Moyano y Daer estaban unidos en el impulso a las paritarias truchas.


Pero hay otro mensaje muy claro: la consulta que promueven Verbitsky, Carrió y De Gennaro (por un salario de empleo y formación de 380 pesos) no tiene ningún alcance si no se liquida el ajuste establecido en el acuerdo con el FMI y no se acaba con el yugo de la deuda externa.


Para esto hay que organizar la huelga indefinida.

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