04/09/1997 | 555

Salta: “No maten al colla, no al genocidio”

Las comunidades collas salteñas están luchando contra la expulsión de sus tierras en el departamento de Orán, por parte del pulpo imperialista Seaboart Corporation, que las habría adquirido a los Patrón Costa.


Los collas habitan esos terrenos desde épocas ancestrales. Según denunciaron, la empresa yanki pretende “adueñarse de campos, casas, corrales para cultivos y animales” y ya “tomó por la fuerza y destruyó un antiguo molino de piedra, privando de esta manera de alimentación a los habitantes de cuatro comunidades” (Crónica, 13/8). Para su proyecto de explotación “turística, Seaboart… lleva adelante una sistemática tala de bosques en pronunciadas laderas de los cerros de las comunidades … amenaza de esta forma a la región con un profundo proceso erosivo de sus suelos, con la muerte de sus bosques y la desaparición de la fauna” (ídem). Greenpeace agrega que se está destruyendo “una de las áreas más ricas en biodiversidad (en cantidad de especies diferentes) de la Argentina” (La Nación, 22/8). Seaboart está liquidando la selva de yunga, “de la que solamente quedan dos exponentes en nuestro país: la yunga tucumana, bastante depredada desde comienzos de siglo, y la salteña, que es la que se intenta salvar” (ídem).


Recientemente, una importante delegación de collas ‘bajó’ a la Capital Federal. Los collas “fueron inmediatamente desalojados por la policía” del frente de la Casa Rosada (ídem, 12/8).


Lo que está en juego son 98 mil hectáreas que son el hábitat natural de las comunidades collas, más otras 129 mil hectáreas, consideradas ricas tierras de la provincia, sobre las que se asienta el ingenio San Martín del Tabacal. Los Patrón Costa nunca explotaron esas tierras; en 1986 “don(aron) 79.000 hectáreas en las partes altas —dicen los ‘gringos’— a condición de que los pobladores se trasladaran de las zonas bajas, lo que no se concretó” (ídem). Como los collas nunca aceptaron recluirse en las tierras altas, el Congreso Nacional dictó una ley de expropiación de las tierras bajas (las restantes 19 mil hectáreas). La firma yanki desconoce entonces la cesión de las 79 mil hectáreas ‘altas’, y por otro lado “discute el precio de la indemnización” (ídem) por la ‘expropiación’ parlamentaria.


El cinismo de los ‘inversores’ corre parejo al de las ‘instituciones’. Es que la ‘justicia’ tomó una “medida cautelar” que “impidió que la donación del terreno … se asentara en el registro inmobiliario” a nombre de los collas (ídem); mientras se tramita la apelación de este fallo, Seaboard ha comenzado a explotar esas tierras: “se nos están comiendo las ovejas”, declararon los collas (ídem).


Los ‘gringos’ van a hacer de las tierras que pertenecen a los collas un nuevo páramo de indigencia y miseria, como sus rivales los Blaquier lo hicieron en Libertador Gral. San Martín, en Jujuy; los yankis pretenden desplazar de su posición ‘líder’ a los Blaquier, precisamente a costillas de las masas.


¡Collas, ex-zafreros, ex-petroleros, trabajadores de los cañaverales, los ingenios y los pozos, todos juntos por las reivindicaciones comunes!


 

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