21/12/2016

San Cristóbal: asesinato policial a plena luz del día

Otro caso de gatillo fácil realizado por un policía federal de civil. Le pegó un tiro en la cabeza a un ladrón que se había rendido.


Fue un asesinato a plena luz del día. Los vecinos de la esquina de la avenida Jujuy y Carlos Calvo se sobresaltaron por el sonido de un disparo. Entonces se asomaron a las ventanas y balcones y vieron el cuerpo de un hombre joven tirado sobre el asfalto. Otro hombre corpulento, vestido con remera azul de civil, pero con pantalón de la policía y borcegos, sostenía un arma de manera perpendicular apuntando al cuerpo, que convulsionaba mientras la sangre manaba del costado derecho de su cabeza. El tránsito se había detenido. Un colectivo había frenado treinta metros atrás de la escena e impedía que los autos avanzaran por la senda donde el joven agonizante se desangraba. El hombre del arma permaneció un largo rato quieto, apuntando al cuerpo, mirando a los costados una y otra vez. Hasta que algún vecino le gritó: “¡Asesino!”. Entonces el hombre del arma retomó la compostura. El joven en el piso hacía convulsiones. Unos minutos después, las patrullas policiales hicieron su aparición.


 


Además de los vecinos que se sorprendieron y salieron a las veredas para enterarse de la situación, hubo algunas personas que pudieron ver la trama de los hechos. Dos testigos dieron su versión del asesinato policial bajo el compromiso de mantener bajo resguardo sus identidades. Su relato coincidía en lo fundamental.


 


El hombre joven, de pelo pelo lacio por los hombros (“para mí tenía pinta de paquerito”, dice uno de los testigos) corría por medio de los autos, como si escapara. Detrás otro hombre joven lo perseguía. Ambos habían bajado de un colectivo. Uno le había robado a otro un celular. El perseguidor le gritaba y alertó a un policía de civil que apareció por la esquina de Carlos Calvo y sacó un arma. Entonces las versiones difieren. Uno de los testigos dice que el joven intentó subirse a la parte trasera de una camioneta, el otro testigo no podría asegurar ese movimiento. Lo cierto es que el de civil con el arma gritó: “¡Alto, policía!” y el joven entonces se detuvo y levantó las manos. En este punto otra vez los relatos difieren. Un testigo dice que tiró el arma, el otro no notó que llevara un arma. El joven también tiró al piso el celular que había robado. Ambos testigos coinciden que levantó las manos, en señal de rendición.


 


El civil con el arma en la mano se acercó con vehemencia hacia el joven. No fue a esposarlo ni le dijo que se arrodille ni que se pusiera boca abajo. Con el arma en la mano se acercó raudo y le pegó un culatazo en la cabeza. Entonces -ambos testigos coinciden- el tiro se escuchó. El joven cayó sobre el asfalto. La sangre manaba. Hacía convulsiones. El hombre del arma en la mano, de remera azul, pantalón de policía y borcegos, se mantenía quieto, apuntando con el arma que acababa de disparar en dirección perpendicular al cuerpo, que convulsionaba, mientras miraba a los costados, una y otra vez, sin dejar de apuntar al joven que agonizaba. Hasta que algún vecino le gritó: “¡Asesino!”.


 


“Estábamos haciendo el brindis de fin de año del sindicato cuando escuchamos el ruido de un 


tiro y nos asomamos al balcón -dice Nicolás, un miembro del Sindicato del Neumático (SUTNA) cuya sede está en la esquina misma de los acontecimientos-. Salimos a la calle, ya llegaban los patrulleros, entre la gente cundía la indignación. ‘Yo vi cómo mataste al pibe, asesino’, gritaba una chica muy enojada. Todos los vecinos estaban con una actitud muy fuerte de enojo ante el asesinato policial que se acababa de cometer”. 


 


“¿Va a pasar algo? No. Lo van a culpar al chorro. Entre los policías y los periodistas se protegen -dice una vecina reticente a hablar, pero que luego se suelta-. “Era muy jovencito el pibe, y se había rendido. Si lo estaba apuntando, yo comprendo, tengo un pariente que es policía, y si depende su vida tiene que disparar. Pero el pibe este se había rendido”.


 


“No creo que haya sido gatillo fácil, el policía no va a disparar por disparar, pero en este barrio que está lleno de negros lo van a defender al delincuente -dice una vecina, que repite-. No, no creo que haya sido gatillo fácil”. 


 


“Yo vi toda la secuencia y se la cuento a usted, pero a los ratis no se la voy a contar, después se la van a agarrar conmigo, pero las cosas fueron como se las estoy contando”, dice uno de los testigos.


 


El cuerpo con convulsiones del joven fue llevado al hospital Ramos Mejía, donde murió al llegar. El policía de civil fue llevado a la comisaría 20. Tomó parte para las pericias Gendarmería nacional. Es que es un hecho que policías de una misma fuerza entre sí se protegen.

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