24/10/1996 | 516

Se discute la destitución de Menem

El problema del poder

Lo más interesante o significativo de la última semana, fue el rechazo por parte de Terragno a la posibilidad de que la UCR se integre a una coalición con el PJ en caso de una crisis institu­cional. “Si esa crisis ocurriera, dijo el titular del radicalismo, el presidente Carlos Menem tendrá que dar un paso al costado” (los diarios, 22/10).


Interesante, porque la declaración de Terragno saca la posibilidad dé la renuncia o destitución de Menem del limbo de las especulaciones políticas, para denunciar que es un tema en discusión en1 la cúpula radical. Alfonsín había inventado, precisa­mente, el puesto de ministro coordinador para que, en una crisis, el partido de oposición pudiera coali­garse con el oficial. El planteo de Terragno está señalando que en la UCR ya hay partidarios de un nuevo pacto de Olivos, entre los que podemos apuntar al menos dos: al mencionado Alfonsín y a De la Rúa, que hasta ahora se ha declarado en contra de la variante alternativa de una alianza con el Frepáso.


Significativo, porque confirma las especulaciones de que dentro del peronismo se está tramando la destitución de Menem y adelantar las elecciones presidenciales del 99. Si Menem no logra contener el ascenso de masas que está en desarrollo, no tendrá ninguna capacidad para afrontar el pago de la deuda externa, que en 1997 obliga al desembolso de 18.000 millones de dólares. La cuestión del contrabando puso al desnudo la división de la burguesía argenti­na, que ha llegado a los tribunales en un^ guerra sin cuartel. Lo que los alcahuetes llaman ´reactivación económica´ es una tasa de estancamiento de la producción general, que se agrava por el enorme costo fiscal que ha significado. El cálculo del déficit anual del Tesoro ya supera los 7.000 millones de dólares.


Es cierto que Menem ha seguido con su ofensiva legislativa contra los trabajadores, pero, §1 trámite es ^muy lento para sus necesidades de gobierno. Vacila, en recurrir a los decretos de necesidad y urgencia, y tiene qee negociar cada paso con el duhaldismo. La capacidad de arbitraje que pierde Menem está pasando a Duhalde, pero Duhalde tendrá que apurarse, porque los tiros en Merlo el domingo pasado están demostrando que él, a su vez, está perdiendo autori­dad en sus ‘barras bravas’ de la provincia.


La alternativa que se esboza sería, entonces, el reemplazo de Menem por un gobierno provisional del duhaldismo, que exigiría el apoyo político de la opo­sición en el Congreso. Sobré esta variante, el muy drástico Terragno no abrió la boca; pero los frepasistás, sus socios, están negociando con Duhalde por cuerda separada. Si Terragno se descuida, entre la muy ‘ética’ Fernández Meijide y el jefe de Pierri, puede quedar como el jamón en el sándwich.


Pero lo que paraliza decididamente a la oposición es la falta de ‘señales’ de la embajada norteamerica­na. Al revés, Cheek no quiso bajarle el pulgar al riojano cuando le preguntaron por las conexiones de Cóppola con el gobierno. Corach acaba de firmar en Washington un tratado de extradición al gusto de los yanquis, que deberá obtener el acuerdo del Congreso. ¿Habrá que esperar a que pasen las elecciones norte­americanas? ¿O simplemente serán los norteameri­canos los que deberán precipitarse en fijar una posi­ción ante la aglomeración de causas judiciales, crisis, económicas, impasse política y luchas obreras?


Es evidente que Cavallo no estaría arremetiendo hoy contra el núcleo interno de Menem, si no partiera de la debilidad mortal del ‘presidente’. Si Cavallo ‘zafa’, a Menem le habrá fallado en forma irreversi­ble el intento de afirmar su autoridad y entronizarse como árbitro único y supremo. En poco tiempo más, las elecciones al Congreso deberán acentuar la frag­mentación y La dislocación del poder político del menemismo


Es incuestionable que los trabajadores, en su coa- junto, aún no tienen una apreciación adecuada de esta situación política, lo que explica que se sigan debatien­do en lachas aisladas, o tolerando ataques patronales, incluso después de las huelgas generales. Pero es esencial comprender que el gobierno y las patronales no están en condiciones de emprender ninguna ofensi­va, si sólo les hiciera frente un movimiento más o menos general de las masas. Fue lo que ocurrió con lá ‘reforma educativa’ en Córdoba; con el Cutralcazo, con gran parte de la ley de asignaciones familiares y tickets-canasta. Las iniciativas de organización se multiplican en todos lados, aunque muchas veces son ‘cooptadas’, como ha ocurrido con los autoconvocados por parte de la burocracia de Suteba.


La consigna de un congreso de delegados de la clase obrera, de los desocupados y de la juventud, de sus organizaciones, responde por entero a la presente crisis política, porque subraya la idea de que los explotados puedan establecer la salida a esta crisis, si sólo se organizaran en forma política independien­te, nacional y masiva frente al gobierno de turno y a los partidos del sistema. Es necesario impulsar la deliberación política de las masas, en todas las formas y en todos los niveles, y a partir de ella, o junto con ella, tomar medidas de lucha y de organización.


Se ha producido el giro profundo de la situación en su conjunto, largamente previsto por el Partido Obre­ro. No es todavía la hora del desenlace, pero sí la hora de prepararlo meticulosamente. La crisis política no acabará con la caída de Menem, ni esa caída debe obligadamente imponer una salida obrera. Pero es necesario que los trabajadores nos organicemos para echarlo, luchando por nuestras reivindicaciones, para acelerar y profundizar las posibilidades futuras de nuestra propia salida

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