19/09/1995 | 465

Se prueban las pilchas

Todos los días salta a la luz pública, con ribetes sorprendentes,  un nuevo capítulo en la guerra de mafias, grupos económicos y fracciones políticas opuestas dentro y fuera del gobierno. La sección de economía y política de los diarios se asemeja, cada vez más, a una crónica policial poblada de “pistas suizas”, número de cuentas bancarias, relaciones secretas entre empresas, nombres de testaferros, nuevas coimas y contratos arreglados… en una cadena que engloba a toda la clase dominante y que se extiende fuera de las fronteras del país.


El aparato del Estado está partido. Cada fracción cuenta con su propio equipo de inteligencia, de espionaje y contrainteligencia. ¡El propio Menem está involucrado! Se ha  aventurado (Reutemann) que este ajuste de cuentas puede conducir a la eliminación física de oponentes.


La crisis económica


Ya casi no se discute la crisis económica, ni el hundimiento del “plan” Cavallo, ni de que allí radique el corazón del problema político. “La reciente crisis política económica de la Argentina preocupa a los inversores extranjeros y en especial a los de la City londinense donde ya se habla de la “vulnerabilidad estructural” del modelo económico”, según el corresponsal de La Nación (1/9). También para los “Ejecutivos de Finanzas”, “la fuerte conflictividad surgida en el seno del gobierno… está vinculada con el elevado índice de desempleo, que convive con la alta tasa de interés de la deuda pública y una delicada cuestión de financiamiento externo” (Informe 67, setiembre).


Más directo, el Bank of América dijo que “Argentina enfrenta una difícil alternativa: o permite la flotación de la moneda (léase devaluación) o deja que el ciclo deflacionario siga su curso” (Clarín, 18/9); vaticina, además, que “una nueva corrida bancaria, como la registrada entre enero y marzo, es posible”.


El propio FMI tuvo que admitir que, “ahora ese compromiso (de un superávit fiscal de 2.000 millones) quedó sin efecto y se aceptó que, en un caso extremo, la Argentina pueda cerrar el año con un déficit de 2.400 millones de dólares” (La Nación, 1/9).


La  “guerra de precios”  en el sector automotriz, la “niña bonita del plan”, es todo un síntoma del derrumbe capitalista.


No es  la lucha de grupos rivales la que  puso en crisis al plan económico, como se dice en los “medios” , sino al revés, fue el hundimiento del “plan” Cavallo  el que abrió un espectacular fraccionamiento en la burguesía.


La mafia informática


Según Página 12 (13/9), la renuncia del presidente del Banco Nación, Aldo Dadone, fue “el primer paso del castigo planificado por Carlos Menem”, en la versión oficiosa que se dio en el ministerio de Corach.  “Es la primera vez que les toca del lado de ellos”, habría dicho el propio ministro.


Ahora está claro que la renuncia de Carlos Tacchi se produjo cuando comprobó hasta dónde llegan los hilos del fraude fiscal del CCR-Dadone, o sea hasta Cavallo.


Rápidamente quedó claro que la compra del Banco Nación estaba inflada en 100 millones, que la licitación se había hecho para que ganara IBM… y que la famosa cuenta suiza podría estar a nombre de uno de los hermanos Dadone. Parece que son varias las cuentas suizas, porque también tuvo que renunciar Cattáneo, un hombre de Kohan y de Corach, uno de los dueños de Consad.  Esto explica la hipótesis de un “cortocircuito” en un negocio compartido entre la Presidencia y el Ministerio de Economía.


La crisis golpeó a la poderosísima “multinacional”. Según The Wall Street Journal, “rara vez” IBM despedía a tres ejecutivos. “Al despedir a esas personas tratan de establecer una línea de defensa en caso que se lleve a cabo un juicio en Estados Unidos” (en La Nación, 15/9).


¡Ahora no basta parar “la mano acá”, hay que “pararla” también allá! IBM monopolizó el 85% de los contratos de informática del sector público. ¡Quién dijo que se acabó la “patria contratista”! Quedaron fuera de los negocios competidoras como NCR, Unysis, Itron, Hewlett Packard… La “competencia” se encargó de preparar las carpetas que reventaron a IBM.


Nuevos»contratos»


IBM sólo abrió la puerta, porque ahora la canadiense NBSI denuncia que la licitación de los nuevos DNI está hecha a la medida del grupo Ciccone, que ya ganó  licitaciones anteriores, como las de los pasaportes y emisión de cheques, en este caso junto a IBM. “Ciccone es una subcontratista clave de un contrato que se adjudicó IBM para crear un nuevo sistema de emisión y control de pasaportes en el país” (The Wall Street, en La Nación, 28/8). En el “affaire” estaría involucrado el ministro Corach. Ciccone tiene sólidos vínculos con Gostanian y con Yabrán.


Esta es la razón de la sospecha de que Cavallo-Yabrán-Menem tenían negocios compartidos, saboteados por la “pirateada” de un grupo.


La Iglesia


Cavallo mandó a la DGI a inspeccionar las cuentas de la Iglesia cordobesa, sospechando dinero de Yabrán. La Iglesia admitió el aporte, con la descontada aclaración de que “todos ponen”. Según La Voz del Interior (12/9), la Iglesia invocaría sus fueros, que “impiden a ese organismo investigar su contabilidad”, desnudando la extraterritorialidad de la Iglesia y el lugar que ocupa para el lavado de dinero.


Cavallo, en la Cámara de Diputados, atacó a Primatesta, el cardenal que apoyó el “cese de tareas” de Gerardo Martínez.


Que el Arzobispado de Córdoba denuncie ahora una  retracción de los aportes de las empresas. (“Quizás atemorizadas por las denuncias de Cavallo ahora no se atreven a seguir prestando su colaboración”) (La Voz del Interior, 12/9), muestra el nivel que ha alcanzado la fractura en la clase dominante.


Lucha interimperialista


En pocas horas desfilaron por Buenos Aires Kissinger, David Mulford, William Rhodes (Citibank)…


Kissinger vino a apoyar al ala menemista.


Para Ambito Financiero (6/9), el apoyo del Citibank y del Boston a Cavallo se debe a que fueron los principales beneficiados de las privatizaciones. Pero de aquí en más, se pregunta Ambito Financiero, “¿qué negocio se les ofrece a esos dos bancos en la Argentina cuando, salvo Yacyretá y paquetes chicos por unos mil millones de dólares más las empresas provinciales, todo lo más apetecible y rentable ya fue privatizado en la Argentina?”.


No sólo esto, las privatizaciones ya no aseguran un superávit fiscal para pagar la deuda…


Por eso, una amplia fracción de la burguesía quiere un cambio de rumbo. “La UIA pegó contra la apertura”, tituló El Cronista (15/9). “Hay que hacer los cambios, pero en orden”, reclamó Mauricio Macri (Página 12, 17/9). Incluso Juan Alemann se anotó para decir que “finalmente, no olvidemos que a Cavallo lo designó Menem …”(La Razón, 14/9).


Otros de los que se prueban el traje de Cavallo son los de FIEL, agrupados detrás de la candidatura ministerial de Solanet, quien fuera secretario de Hacienda de la dictadura. El “economista-jefe” de FIEL, Juan Luis Bour, sostiene ahora que “la crisis no sólo es reflejo de un eventual ciclo en los movimientos internacionales de capitales, sino que responde también a que el sendero de crecimiento de la Argentina hasta 1994 no era sostenible” (El Economista,15/9). Para Bour, el “plan” Cavallo no va más, ni tampoco “la coalición política” que sostuvo hasta ahora a Menem.


Con relación a las elecciones en Santa Fe, Cavallo reza todos los días para que Cavallero haya ganado las elecciones, porque de lo contrario Grisanti —que le adjudicó el triunfo— volaría en segundos de Encotesa.


Las compañías de seguros están rezando  por una caida de Cavallo que comprenda al INDER, donde el liquidador “mediterráneo” Guzmán tiene paralizados los pagos a las aseguradoras, luego de comprobar estafas y reclamos  del orden de los 1.000 millones.


Menem y Cavallo se pelean  hoy por la paternidad del “plan”, pero en muy poco tiempo todos renegarán de la criatura. Menem admitió días atrás por primera vez que el “plan” generó desempleo. El menemo-cavallista Blanco Villegas dice que  la apertura fue “boba”. Macri dice que “Brasil quiere más a sus empresarios que Argentina” y que “nada impide que se renegocien los contratos de privatización o concesión”. Toda una pléyade de especuladores y consultores internacionales reclaman “despersonalizar” la economía.


La crisis política recién comienza.

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