21/04/2011 | 1173

«Seguridad democrática» con gases lacrimógenos y gas pimienta

Nilda Garré se arrepintió de sus críticas a la Federal

El Acuerdo para una Seguridad Democrática (ASD) terminó su seminario el viernes 15, después de haber escuchado discursos durante un par días. Sin embargo, quien quisiera saber en qué consiste en verdad ese Acuerdo pudo verlo funcionar en la práctica en la Villa 31, donde 160 guardias de infantería de la Policía Federal y 200 de Gendarmería Nacional desalojaron a unas 40 familias. Las fuerzas represivas usaron gas pimienta y gases lacrimógenos, mientras en La Plata -donde sesionaba el seminario del ASD-, los charlatanes empezaban, precisamente, a charlatanear. Cuando la reunión se cerró, la ministra de Seguridad, Nilda Garré, dijo que el operativo en la 31 había sido «impecable».

Días antes, Garré -asustada por sus propias palabras de crítica a la Federal («es el problema más grave que tenemos») y seguramente presionada por el gobierno- dijo que no tenía pruebas para acusar judicialmente a policías, y que sus declaraciones se habían respaldado en «dichos de vecinos». Un papelón peor que el del Peronismo Federal. La ministra no necesitaba presentar por sí prueba alguna: podía avalar sus críticas a la policía en centenares de casos que ya tienen estado judicial. No lo hizo porque se echó atrás políticamente. Otra desilusión y otro sapo mal digerido para los que sintieron expectativas por aquella charla ruidosa de Garré en Balvanera.

En el seminario de La Plata, la ministra ratificó su retroceso verbal y dijo que sólo «algunos comisarios» son parte del problema y que el resto de la fuerza está constituida por mujeres y hombres abnegados y probos.

Versión «light» del Indoamericano

Como en el Indoamericano, la represión en Retiro formó parte de un acuerdo -precario y tenso- entre el gobierno nacional y el de la Ciudad de Buenos Aires. Mauricio Macri exigía ese desalojo desde hacía mucho tiempo, ahora se ejecutó -parcialmente, es cierto- por pedido del secretario de Transporte de la Nación, Juan Pablo Schiavi, porque los terrenos ocupados pertenecen al ferrocarril. Por supuesto, Macri criticó luego al gobierno porque el desalojo no fue completo.

El problema explosivo de la vivienda en la Ciudad, la expansión y el crecimiento de las villas, y la actual burbuja inmobiliaria, que se infla y empeora todo, deben ser motivo de análisis separado. Veamos, en cambio, a la «seguridad democrática» en operaciones.

Garré felicitó a los efectivos que desalojaron parte de la Villa San Martín -una extensión de la 31- por haber hecho «un uso proporcional de la fuerza». Esto es: no apalearon ni mataron a nadie por puro gusto, ni usaron postas de plomo como en el Indoamericano. Sólo utilizaron gases pimienta y lacrimógeno, que llegaron hasta la estación del ferrocarril y a la terminal de ómnibus.

En otras palabras: nuestros «progresistas» no tienen problemas en acudir a los palos y los gases para contrarrestar consecuencias de la crisis de la vivienda, siempre que esos medios no se empleen en demasía, «desproporcionadamente».

También el viernes 15, al regresar de La Plata y después de calificar de «impecable» la represión en Retiro, Garré se reunió con los jefes de las 53 comisarías de la Ciudad. Les dijo que deben «asumir el compromiso de generar un cambio cultural en la formación militarizada» de la fuerza.

Así, la ministra repite casi a la letra el viejo discurso de León Arslanián sobre la Bonaerense. Según el ex ministro de Eduardo Duhalde, la sustancia del problema consistía, precisamente, en la «militarización» de la policía -que en aquel caso atribuía al pasado dictatorial de la institución, con Ramón Camps en la jefatura. Ahora, Arslanián y su fracaso persisten en el ASD y en los intentos de Garré, aunque ésta es muchísimo más timorata que su inspirador.

La ministra indicó en esa reunión que la policía debe tener «una instrucción acorde a prácticas de relacionamiento positivo con la sociedad». Así, la ministra encubre el problema, que no es «cultural» ni de «instrucción», sino del entrelazamiento de la policía con el hampa.

Mientras tanto, la «seguridad democrática» avanza con gases lacrimógenos y gas pimienta.

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