02/08/2021
frente patria grande

Sin lugar en las listas del Frente de Todos: Juan Grabois “excluido” y devaluado

Llamó a sus militantes a tragarse el sapo.

Foto de archivo

Juan Grabois, dirigente del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), es uno de los grandes perdedores en el cierre de listas del peronismo en la provincia de Buenos Aires. El Frente Patria Grande que lidera -integrante del Frente de Todos- no pudo colar candidatos en puestos expectables para ingresar a la Cámara de Diputados o a las legislaturas provinciales. En declaraciones a los medios, Grabois habló de “amargura y decepción” pero negó que vaya a romper con el gobierno, ratificando su subordinación a “Cristina y Alberto”. Llamó a sus militantes a tragarse el sapo.

Según los medios, el hombre del papa Francisco se habría reunido con Cristina Kirchner reclamado el ingreso de candidatos del MTE y de la “economía popular” en las boletas del Frente de Todos. A pesar del desplante de la Jefa que rechazó de plano este pedido, Grabois confirmó que no se va del oficialismo ni rompe con el gobierno. Una completa disolución por parte de quien supo posar en el pasado de “independiente” y hasta de “antisistema ” para remarle votos “por izquierda” a los Fernández y a Kicillof. Grabois, como todo carrerista, se adapta al curso derechista del peronismo y espera su hora y oportunidad. A diferencia del 2019, cuando el Frente Patria Grande supo tener una presencia en las listas del FDT, esta vez el mediático Grabois se quedó con las ganas.

Mucho antes del veto a las candidaturas del Movimiento de Trabajadores Excluidos, las agrupaciones que son parte de su corriente se peronizaron a pasos acelerados, en especial Patria Grande que abandonó toda pretensión izquierdista. Una ruptura le hubiese costado a Grabois una sangría enorme en sus filas. Las amenazas con salir a “las calles para luchar contra el hambre” son puro farol, propio de la burocracia sindical más rancia, a la que Juan Grabois eligió en su momento como aliada para su “programa productivo de creación de cuatro millones de empleos”.

El Plan de Desarrollo Humano Integral que lo sentó a la vera del exespía de la dictadura, Gerardo “Batallón 601” Martínez, burócrata de la Uocra y junto a los Moyanos y otros popes de la CGT, es precarización laboral extrema y mano de obra barata para las empresas, subsidiada por el estado patronal. En plena lucha docente por el salario y contra la presencialidad sin condiciones de Trotta y los gobernadores, Grabois propuso formar “brigadas” de jóvenes para ir a “enseñar” a los barrios como mano de obra gratuita. La pretendida crítica al asistencialismo es pura demagogia. Grabois y todos los vaticanos quieren el control de los programas sociales y la distribución de los planes como premio a la tregua y a la “paz social”.

No es de hoy que el trío vaticano abandonó las calles: esta tregua actual es continuidad del pacto suscripto por el MTE, el Movimiento Evita, la CCC del PCR y los “expiqueteros”, con la exministra de Macri, Carolina Stanley. Bajo el peronismo, dejaron pasar el crecimiento sin precedentes de la miseria social, una pobreza que llega al 50% en el conurbano, el saqueo contra los jubilados y los salarios, el recorte fiscal al servicio del ajuste del FMI incluida la eliminación de la IFE, y los presupuestos de ajuste como garantía de pago de la deuda externa al Fondo Monetario y a los bonistas.

A pesar de los servicios prestados al gobierno, al papal y domesticado Grabois le pasó lo mismo que a las burocracias sindicales de la CGT y de la CTAs, las que –con las excepciones de Palazzo y Yasky- quedaron relegadas por el dedo de Cristina Kirchner. Solo Daniel Menéndez, exfuncionario de Daniel Arroyo en el Ministerio de Desarrollo Social, ingresó en un puesto relativamente expectable. La coalición pejotista-kirchnerista sabe bien que puede contar con la integración de las “organizaciones sociales” pero otra cosa muy distinta es darles un lugar prominente cuando se trata de hacer buena letra ante los capitalistas en la campaña electoral.

Cristina Kirchner fue muy clara cuando afirmó la prioridad del pago de los compromisos de deuda a los bonistas y al FMI, por encima de la salud y la vacunación masiva. En una provincia de Buenos Aires devastada por el hambre y las 52.000 víctimas fatales de la pandemia, Alberto y Cristina llevan como cabezas de lista a Victoria Tolosa Paz, extitular de “Políticas Sociales” y al fracasado exministro de Salud de Kicillof, Daniel Gollán. Grabois hará campaña por Tolosa Paz, una empresaria cheta, ricachona y representante directa de las constructoras de lujo y barrios privados.

Detrás del veto a Grabois están los intendentes del PJ y también la Cámpora de Máximo Kirchner que privilegia sus acuerdos con el aparato del Partido Justicialista. La defensa de las recuperaciones de tierras, de un plan de viviendas y urbanización, y contra los desalojos de Berni, Frederic y los pulpos inmobiliarios está en manos del Polo y el Partido Obrero en el Frente de Izquierda Unidad.

En oposición a esta derechización de los “nacionales y populares”, miles de compañeras y compañeros del Polo Obrero están en la primera línea de la lucha, y de la militancia por el voto al Frente de Izquierda Unidad. Las cientos de pintadas en el corazón de los barrios del Conurbano y el Gran La Plata son el testimonio del vuelco de una franja de los trabajadores más explotados hacia la izquierda. La movilización extraordinaria del Polo Obrero es un dato sobresaliente de esta campaña electoral y de la disputa del PO por la conciencia de la clase obrera.

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