01/06/1994 | 420

Todos somos fueguinos

Los metalúrgicos de Ushuaia reclaman un salario básico tres veces mayor al del resto del país, simplemente porque el costo de vida en Tierra del Fuego es un 200 por ciento más alto y las condiciones de vida considerablemente más duras.


En 1988, mediante una huelga tan vigorosa y heroica como la actual, eso fue lo que conquistaron los metalúrgicos de la vecina ciudad de Río Grande.


Las patronales pueden abonar holgadamente lo que se les exige, porque el régimen de promoción industrial en la provincia les ha permitido obtener beneficios fabulosos, sin la necesidad, por otra parte, de industrializar nada (son simples armadurías).


Pero los capitalistas pretenden que el básico actual de menos de 600 pesos quede inalterado y que cualquier mejoría sea el resultado de la intensificación y el alargamiento de la jornada de trabajo —sin que esto signifique que a los obreros se les garantice la estabilidad del empleo y la integridad de sus ingresos en el caso de una sobreproducción o recesión.


De modo que la lucha de los compañeros fueguinos se parece como dos gotas de agua a la de los trabajadores de la industria automotriz. Es una lucha contra la superexplotación; la lucha por un salario adecuado a una jornada de ocho horas; la lucha, en suma, por acabar con las “reformas” y “flexibilidades” laborales.


Es una lucha que importa a toda la nación trabajadora.


Se ha llegado a este punto de conflicto porque los trabajadores no dan más con el régimen laboral impuesto por Menem-Cavallo con la complicidad de la burocracia sindical. Se ha llegado a este punto de conflicto porque la ilusión de que, deslomándose, uno podía parar la olla, se ha demostrado falsa. Se ha llegado a este punto de conflicto, finalmente, porque el “plan” Cavallo consigue cada vez menos cebar la producción industrial a fuerza de subsidios y porque se toca con los dedos la inminencia de un parate fabril.


La dura lucha de Tierra del Fuego está expresando que el gobierno y el capitalismo han fracasado. Todo el noroeste argentino, los obreros industriales de Buenos Aires, Córdoba y Rosario, y ahora la Patagonia, lo están diciendo. Durante el santiagueñazo el gobierno pretendió salir por la tangente hablando de una rebelión de trabajadores “improductivos”; Tierra del Fuego, y los mecánicos hace dos semanas, dejaron a los charlatanes sin libreto. Como dijimos cuando el pueblo ocupó Santiago, estamos ante una rebelión de las fuerzas productivas contra relaciones de producción, capitalistas, caducas y asfixiantes.


La burocracia sindical ni se ha mosqueado ante la sacrificada lucha fueguina. Tiene el tiempo ocupado en organizar las repudiadas Administradoras de Pensión. Pero como se lo mostró hace tres semanas Sevel, el “obrerazo” está a sus puertas.


Tampoco se ha mosqueado De Gennaro y Mary Sánchez, e incluso no encontraron nada mejor que postergar la Marcha Fedeal y subordinarla a las patronales “pequeñas” que, precisamente por eso, más reclaman la “reforma laboral”.


La huelga fueguina ha demostrado hasta qué extremo la Constituyente es una gran Asamblea anti-nacional; ocupada en el reglamento y en las trenzas no se ha anoticiado siquiera de la “patriada” de los obreros fueguinos, ni de la represión de la “policía brava”, ni del inminente asalto de la gendarmería o incluso otra intervención federal. Está a espaldas del país.


No han sido la excepción a esto ni el Chacho Alvarez ni el Frente Grande, ocupados en salvar a la Constituyente de la ruina. Luego de prometer que se irían de ese antro reaccionario si no se abría el paquete, ahora dicen que lo harían si se aprobara allí la reelección de los gobernadores. Pero para esquivar la posibilidad de perder la dieta antes de tiempo, el Chacho he hecho un pacto con el pactista Alfonsín para que el paquete se trate sólo al final y el Frente Grande pueda así demorar al máximo su improbable retiro y cubrir en todo lo que le resulte posible las tramoyas constitucionales. Chacho Alvarez, al despreciar por “ético” el retiro del obispo De Nevares, confesó sin vergüenza su propia inmoralidad.


Las últimas semanas han sido testigo de una acelerada descomposición del poder político y de un no menos acelerado remontar de las luchas populares. El Partido Obrero se esforzará por impulsar toda manifestación que ayude a dar alcance nacional a las luchas presentes para llevarlas a la victoria. Llamamos a todos los partidos de la izquierda y a todas las agrupaciones populares combativas a formar brigadas de agitación para impulsar una huelga nacional. Llamamos a formar un Comando Único por la victoria de los explotados.

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