14/10/2010 | 1150

Un Plan Fénix para que vuelvan las Afjp

Una respuesta al profesor Gak

Profesor Abraham Gak

Director del Plan Fénix

Estimado Abraham:

Estoy sorprendido, en primer lugar, por la molestia que te produjo lo que llamás el tono de mi carta. La corriente ideológico-política a la que pertenecés no se caracteriza por el recato, y justifica sus improperios en la necesidad de explicitar conflictos. En cualquier caso, el rechazo al 82% móvil, mientras el grupo Fénix aplaude el pago de la deuda externa con dinero de la Anses, es un agravio mayor que cualquier dislate. No tengo tampoco un doble standard cuando te brindo un trato personal respetuoso, porque mi ataque va al grupo Fénix como corriente oficialista que carece de espíritu crítico frente al poder, dispuesta a justificar cualquier atropello del gobierno. Por encima de todo, la verdad.

Tu carta no es personal aunque lo pretenda, por eso empieza con una larga cita del Plan Fénix, que encubre más de lo que revela. Es así que denuncia a la jubilación privada por haber desvinculado «al Estado de cualquier promesa futura, más allá del pago de una prestación mínima», lo cual, tenés que admitir, es una tautología que encubre otra cosa. Toda privatización desvincula al Estado, obvio, pero más allá de eso, la privatización del sistema previsional es un acto de confiscación económica, que es lo que el grupo Fénix no denuncia. Es que tu grupo apoya una variante de la privatización, la jubilación complementaria, la que, también tautológicamente, desvincula a la Anses y al Estado del compromiso jubilatorio, para beneficiar (esto no es tautología) un negociado capitalista, a cambio de una prestación estatal mínima equivalente a la canasta de pobreza. El sistema de las AFJP y las cajas complementarias se caracterizan por condicionar la jubilación a los albures del mercado, incluidas sus quiebras y bancarrotas, o sea a la pérdida de todas las contribuciones y de las jubilaciones respectivas. La pregunta se impone sola. ¿No consiste en esto la política previsional de tu gobierno? ¿No va al retorno del sistema de capitalización? El 75% de los jubilados perciben una «prestación mínima», que parte de una confiscación previa -el congelamiento de las jubilaciones entre 1993 y 2006, con alteraciones menores. Esa «prestación mínima» no cubre ni la mitad de la «canasta básica jubilatoria» cuantificada por el Defensor del Pueblo. Más allá de esto sólo queda la salida de la caja complementaria, una AFJP disfrazada.

El documento de ustedes sobre el tema plantea que la jubilación mínima quede sujeta a la «afectación de las finanzas públicas», no de las necesidades de los jubilados. Pero esas ‘finanzas públicas’ ya suponen el pago de la deuda pública y sus intereses usurarios, y los subsidios a los capitalistas (el presupuesto está plagado de subvenciones y exenciones). Es decir que las jubilaciones se deben subordinar a estos desfalcos. Dicen ustedes: primero, las ‘finanzas públicas’; después los jubilados. Decimos nosotros: primero, los jubilados; luego se determina la carga que deberán arcar los capitalistas y los usureros internacionales para financiarlas. Pero después de reducir las jubilaciones a la categoría de acreedor inseguro del Estado, ustedes les imponen a los trabajadores una nueva carga: que aporten «a un sistema de capitalización público complementario». Se trata de una confiscación y de una perfidia, porque quieren imponer el destino que los trabajadores deberían dar a sus ahorros -como no ocurrió ni siquiera con las AFJP, pues se dejó en pie la opción estatal. Pregunto: ¿no es eso la re-privatización -«progre»- del sistema jubilatorio, con la salvedad de que primero estatizaron las AFJP para saquearlas pagando la deuda externa? Esos fondos manejados por bancos o entidades oficiales, como parece surgir de vuestra propuesta, irán a financiar a los capitalistas amigos o, dicho en un lenguaje todavía menos académico, a armar una acumulación primitiva de capital para que se la robe la burguesía nacional. Después de criticar la privatización de Cavallo, que los K apoyaron con las dos manos, ustedes proponen volver a ella, o sea a un sistema jubilatorio donde el prestador queda desvinculado de cualquier promesa de pago cierto, porque el valor de los fondos acumulados dependerá de los vaivenes y bancarrotas del mercado. No sorprende que en tu carta reiteres, citando al Plan Fénix, que «el sistema previsional no puede aislarse de la trayectoria que en definitiva recorra la economía», que es exactamente la premisa básica del odiado y «neoliberal» sistema de capitalización. Nosotros, en cambio, defendemos a la jubilación como la parte diferida del salario del trabajador, el 82% móvil, mientras los trabajadores se encargan de defender ese salario con los métodos de la lucha de clases.

Entre salarios que deberían «participar» de las ganancias (Recalde-Moyano) y jubilaciones que deberían depender de «la marcha de la economía», el kirchnerismo -y sus defensores académicos- se han aferrado a la más neoliberal de las tesis económicas, la que ata por anticipado los ingresos laborales a los movimientos del capital. Ustedes quieren que el valor del salario se mueva como un seguro de cambio de la explotación capitalista.

Pero en este punto, ustedes van más lejos, si ello fuera aún posible, porque reclaman que «este sistema (el previsional) concurra a cooperar (con la economía) para que esta trayectoria sea exitosa». ¡Reclaman que las contribuciones obreras a la previsión social financien al capital (que ustedes llaman «economía»)! Es lo que hacía precisamente el sistema de capitalización y lo que ocurre con el gobierno actual, donde el sistema previsional «coopera» con el pago de la deuda pública. Ustedes llaman a esto des-endeudamiento, a sabiendas de que el des-endeudamiento no lo pagan los que se endeudaron, sino los trabajadores con mayores impuestos, y a sabiendas de que en una economía capitalista el des-endeudamiento es la premisa del re-endeudamiento. ¿O no lo muestra así el festival de bonos que estamos viendo y las colocaciones de nuevas deudas por parte de las provincias? Como ustedes saben -pero ocultan en su documento- el «des-endeudamiento» no es tal, pues su contrapartida es el endeudamiento creciente del Tesoro con la Anses y el Banco Central. El 60% de los fondos de la Anses se han aplicado a ello, con títulos en pesos que rinden menos que la inflación y que la administración económica renueva indefinidamente.

Levantan el muerto de los acreedores internacionales y se lo enchufan a la caja de los jubilados. Estamos ante el mayor desfalco de la historia nacional, porque se va por esta vía a la licuación de la deuda externa, ahora en manos de la Anses -¡el sueño del pibe de los Cavallo, Citibank y sus semejantes! Así, el gobierno ha creado las condiciones para un default gradual y silencioso de la Anses y el BCRA. Cuando ustedes proponen que la prestación jubilatoria asistencial sea pagada con «rentas generales», no solamente plagian lo que Martínez de Hoz consumó en el Presupuesto de 1978, cuando rebajó los aportes patronales, sino que declaran por anticipado la intención de defaultear a la Anses.

En tu respuesta, señalás que nuestra oposición a pagar los haberes jubilatorios con rentas generales implicaría hacerlo con «los aportes de los futuros beneficiarios». Ni una cosa ni la otra. En primer lugar, porque una parte de rentas ya va hoy a la Anses y paga así las jubilaciones, pero esto ocurre porque los K no quieren volver a los aportes patronales que bajó Cavallo. Segundo, hay que aumentar estos aportes, los patrones tienen que financiar las jubilaciones, porque las jubilaciones son parte del salario e integran los costos de producción que determinan los precios respectivos. La patronal embolsa el importe de las jubilaciones a través de los precios, mucho antes de tener que pagarlas. Las «rentas generales» son una carga sobre los propios trabajadores, concebida para reducir la carga impositiva de la patronal y, peor, para contribuir a subsidiarla en nombre de la competitividad. Las dos terceras partes de los ingresos impositivos provienen de impuestos al consumo, comenzando por el IVA. La jubilación, como salario diferido, implica, naturalmente, que sea costeada enteramente por el aporte patronal.

La carta del Fénix abunda en referencias a la «sustentabilidad fiscal» que peligraría si se paga el 82% móvil del salario mínimo, así como los ajustes indicados por los fallos de la Corte. Pero no hemos escuchado el mismo alerta fiscal cuando se paga la deuda externa: el sesgo clasista del grupo Fénix es poco menos que alevoso.
Para tranquilidad de ambos, tu carta no se priva de agravios, en este caso, preguntándote «qué lleva» a que seamos funcionales a la «mayoría reaccionaria» que impulsa el aumento jubilatorio en el Congreso. Pero ustedes ni siquiera son funcionales a la minoría reaccionaria que paga la deuda externa por anticipado y mediante los fondos acumulados de los trabajadores -son parte integrante de ella, son sus autores intelectuales. El agravio es claro cuando todo el mundo sabe que el Partido Obrero reivindica el 82% móvil desde mucho antes, cuando había otras minorías y mayorías reaccionarias que, con el concurso de la familia K, desplumaban a los jubilados. La mayoría reaccionaria quiere arreglar un entuerto que le reclama la Corte que ustedes designaron; por eso, limita el 82% móvil al miserable salario mínimo que ustedes tienen establecido. El salario mínimo puede ser manipulado aún más de lo que ya es, con la colaboración de la burocracia sindical, para neutralizar un aumento de la jubilación mínima. Lo que permite a esa derecha hacer demagogia con los jubilados son ustedes, que en este punto y en muchos otros, son más reaccionarios que ella. Cuando un derechista se pinta de «progresista», es porque hay un ‘progresista’ que cambió de barricada. Esa mayoría reaccionaria defiende lo mismo que ustedes: una jubilación asistencial un poquito más arriba que la actual, y con seguridad la van a encontrar como aliada si llegaran a presentar un proyecto de ley que habilite las «cajas complementarias». Entre bueyes no hay cornadas, sólo fingen lo contrario.

Según tu carta, confundo maliciosamente lo que significa «mejorar las condiciones de vida en un contexto capitalista» -eso sería el Plan Fénix-, con «un cambio de régimen», que sería lo que propone el Partido Obrero. ¿No estás confesando con esto que la estatización de las AFJP ha sido, para ustedes, más de la misma porquería privatizada, cuando el pueblo la entendió como un cambio de régimen? Defender a la jubilación como salario diferido y un salario mínimo igual al costo canasta familiar forma parte, no ya del capitalismo, sino de la Constitución ‘libertadora’ de 1957, ratificada por los reaccionarios de la mayoría y de la minoría en 1994. Un ex rector del Colegio Pellegrini, como vos, sabe esto de memoria…

Tu carta sugiere, finalmente, que sume mi propio diploma a la propuesta de «devolver los títulos profesionales» que le dirigí al Plan Fénix. Ya lo hice, Abraham, soy marxista, no un economista oficial. La economía académica agotó hace mucho su contenido científico, como lo demuestra su vacío intelectual ante la presente bancarrota capitalista mundial.

El Plan Fénix nació apoyando la declaración de bancarrota de 2001, o sea la expropiación nacional y popular de millones de personas. Hoy, defienden una acumulación de reservas funcional a la emisión de la Reserva Federal, destinada a rescatar a los pulpos capitalistas responsables de la bancarrota, y para que funja de garantía y de seguro de cambio a las viejas y nuevas operaciones de deuda. No tienen ni una sola propuesta antiimperialista. Son la expresión de un nacionalismo decadente.

Esta crisis debería ser una oportunidad para revolucionar los planes de estudio de la Facultad -como mínimo, claro.

Gracias, Abraham, por darme la oportunidad de dejar estas cosas en claro, en las vísperas del voto del Senado, donde espero que una mayoría vote el 82% sobre el salario mínimo (aunque después los K se ensañen con este salario), por más reaccionaria que sea. Más reaccionario sería que ocurriera lo contrario.

Buenos Aires, 12 de octubre

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