17/10/2021
La semana

Una campaña electoral signada por la reforma laboral y el ajuste del FMI

Panorama político de la semana.
editor de Prensa Obrera.

Los últimos días fueron una radiografía de la situación política en el país. Los capitostes de la burguesía nacional se sentaron con el gobierno en la Rosada, y Alberto Fernández con varios funcionarios participaron en el Coloquio de Idea. Ambos escenarios fueron utilizados por el empresariado para insistir en el reclamo de avanzar con la mentada reforma laboral. En el Coloquio, donde el punto nodal del debate fue la “falta de inversiones”, las patronales condicionaron cualquier reversión a poder despedir libremente y liquidar los convenios colectivos de trabajo. Es decir: a maximizar su tasa de ganancia a costa del socavamiento de décadas de derechos laborales conquistados. Un horizonte que se cristaliza, por ejemplo, en la superexplotación laboral de la industria petrolera.

El Coloquio mostró alineados al gobierno y a la oposición patronal recogiendo la agenda de los capitalistas. Alberto Fernández intentó distanciarse, para la tribuna, saliendo con los tapones de punta contra Macri al decir que “mientras él brinda en Miami, yo peleo todos los días con el FMI”. En realidad, en la otra punta de la costa este de Estados Unidos, en Washington, Martín Guzmán y Juan Manzur se reunían con los directivos del Fondo para seguir negociando un nuevo programa de repago de la deuda. La expresión cabal de los “deberes” que va cumpliendo el gobierno es el Presupuesto 2022, que traerá un recorte presupuestario en áreas como la salud y la educación superior. Se trata del lineamiento de “austeridad fiscal” que defiende todo el régimen político para cumplir con esta agenda.

Es esto lo que denunció precisamente el candidato a legislador porteño por el Frente de Izquierda – Unidad, Gabriel Solano, en el último debate de candidatos a este cargo. “El macrismo, el peronismo y Milei van a levantar la mano cuando lo pida el FMI” apuntó, haciendo referencia a las futuras bancas del parlamento tras la votación del 14 de noviembre.

Es en este contexto lo que avanza la misiva de introducir reformas de manera sectorializada, como la que tiene su tópico en la flexibilización en Toyota. A la par el presidente anunció un convenio firmado con Uthgra y empresarios gastronómicos para “convertir programas sociales en empleo”, que en realidad convierte la asistencia social en un subsidio indirecto a los particularmente precarizadores capitalistas del rubro. Esta orientación de ajuste sobre los planes sociales en un país sumamente hambriento fue reclamada hasta por el Papa Francisco.

Pero los trabajadores desocupados volvieron a protagonizar un masivo piquetazo nacional, impulsado por el movimiento piquetero independiente, poniendo sobre la mesa los reclamos de la población trabajadora, que incluyen la creación de empleo genuino mediante un plan de obra pública de construcción de viviendas populares. La diferencia es qué clase social se beneficia.

Los motivos están a la vista. Actualmente, los hogares bajo la línea de pobreza están en promedio a más de $25.000 de dejar de serlo, y la brecha se va acentuando. Septiembre vino con un aumento del 3,5% de la inflación, tirando a la basura la discursiva oficial de Guzmán de una “tendencia de la inflación a la desaceleración”. Así, el aumento de precios acumula en lo que va del año un 37%, pero el gobierno vuelve a simular un “congelamiento de precios” con Roberto Feletti, el nuevo secretario de Comercio tras la salida de Paula Español.

Entre los puntos de la agenda que impone el FMI también está en carpeta una reforma educativa. Quien ya tomó la iniciativa en ese sentido fue Kicillof en los denominados Centros de Formación Laboral, buscando avanzar en una mercantilización de la educación pública y un vuelco de su contenido pedagógico hacia las necesidades del mercado. Pero, eso sí, buscando captar el voto de la juventud con un programa de viajes de egresados. La realidad es que no tienen nada para ofrecer a los jóvenes, más que un régimen de pudredumbre como el que se cobró la vida de Lucas Cancino.

El diferencial que busca mostrar el gobierno ante los capitalistas es su capacidad de integración de la burocracia sindical y de las organizaciones sociales, para hacer pasar el ajuste y las reformas. De allí se dilucida la importancia que tendrán todas las elecciones de dirección en los distintos gremios. Luego de la victoria de la comisión interna clasista de Anselmo Morvillo, que ratificó dieciocho años de conducción por la Naranja Gráfica, ahora los compañeros preparan la campaña para las elecciones nacionales del sindicato. Lo mismo con el Sutna, que se convirtió en la principal referencia del sindicalismo clasista, combativo y antiburocrático del país. La Lista Negra busca revalidar su mandato después de años de paritarias por encima de la inflación, frenos a los despidos y a los planes flexibilizadores de las patronales.

El desafío que se le plantea al clasismo es lograr imponerse ante los burócratas traidores, comprometidos a la reforma laboral y a que seamos los trabajadores la variable de ajuste. Por eso vamos también con la Bordó en Sanidad, con la Multi en Atech y con el frente Granate-Blanca en Foetra. Las maniobras para evitar su avance están a la orden del día, como lo prueba el intento de proscripción a la oposición de la Lista Verde asesina en la Unión Ferroviaria.

La necesidad de desarrollar una alternativa política de los trabajadores quedó en evidencia en el debate de candidatos a diputados nacionales por la Ciudad. La candidata del Frente de Izquierda – Unidad, Myriam Bregman, ganó a las claras el debate exponiendo este punto indivisible que une a Santoro, del Frente de Todos, a Vidal, de Vamos Juntos (JxC), y al facho Milei, de Avanza la Libertad, que fue el gran derrotado con una performance patética. Su triste desempeño, repitiendo cada medio minuto el término “casta política” -cuando unos días antes de participó en el acto de la ultraderecha monárquica y fascista española-, lo mostraron como un bufón.

Vidal y Santoro no hicieron mejor papel. Intentaron polarizar el debate, pero las coincidencias inscritas en su compromiso con el ajuste fondomonetarista eran notorias más allá de las acusaciones cruzadas. La candidata de Vamos Juntos dijo que “la deuda es hija del déficit fiscal” para posicionarse como la fuerza con decisión para profundizar el ajuste y gozar de mayor solvencia frente a sus compromisos de pago, cuando su mandato y el de Macri se caracterizaron por los ataques al pueblo y recortes presupuestarios pero dejaron un endeudamiento colosal. Claro, insiste en que el problema no es la fuga de capitales, luego de la aparición del ministro de Economía macrista Nicolás Dujovne entre los fugadores con cuentas off shore identificadas en los Pandora Papers. El oficialismo no puede valerse de ello, ya que también tiene a varios fugadores salpicados.

Este debate reveló sin dubitaciones cuál es la salida para los trabajadores ocupados y desocupados, para el movimiento de mujeres y de diversidades y la juventud que estudia de esta crisis infernal. Es el Frente de Izquierda – Unidad, cuyo programa parte de sus reivindicaciones más inmediatas y ofrece una perspectiva de reagrupamiento y organización para pelear contra las reformas del FMI y el pacto de ajuste. Organicemos la respuesta popular y expresémosla en un voto masivo al FIT-U el próximo 14 de noviembre.

¡Buen domingo!

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