21/12/2021

Una charla debate entre Alejandro Bercovich, Claudio Lozano y Gabriel Solano, a 20 años de las jornadas del Argentinazo

Más de 400 participantes reunidos en Parque Centenario, CABA.

En el marco de la agenda de lucha a 20 años del Argentinazo, se realizó por iniciativa del Partido Obrero una charla- debate con Alejandro Bercovich, Claudio Lozano y Gabriel Solano, donde participaron más de 400 participantes en el Parque Centenario. La conmemoración del 20 aniversario de las jornadas del 19 y 20 de diciembre del 2001 ha dado lugar a un debate que pone sobre la mesa el balance de una etapa política de dos décadas de la Argentina. Este balance es fundamental para encarar la intervención en la actual situación de crisis. Reproducimos los pasajes más destacados de las intervenciones que están en el video que acompaña esta nota.

Gabriel Solano comenzó la exposición revisando algunos datos de la actualidad. Pasados 20 años Argentina se encuentra más endeudada que en aquel momento, en un virtual default y con la espada de Damocles del FMI sobre nuestra cabeza. “La deuda pública ha crecido en forma absoluta y también comparada por habitante. En 20 años se incrementó en 200 mil millones de dólares. En relación con el PBI es mayor que en el 2001. La fuga de capitales se ha transformado en estructural, llevando a una caída inédita de la tasa de inversión, que está en los niveles más bajos de la historia sin que alcance a reponer el capital consumido. La matriz productiva del país también se ha deteriorado”. Con respecto a los datos de la pobreza y la situación social, “supera el 40% de la población en general y en la niñez ronda el 55%, la precarización del empleo se ha agravado, así como también la destrucción del salario y de las jubilaciones que han retrocedido a los niveles más bajos de la región”. En el 2001, las jubilaciones estaban u$S150, hoy sacando cálculos en base al dólar blue, se percibe prácticamente lo mismo.

Luego de 20 años, ¿por qué la Argentina sigue en estas condiciones? El aniversario merece un balance histórico de la etapa. En sintonía con el último artículo escrito en la edición especial de la revista En Defensa del Marxismo, Una clase social y un régimen político en el banquillo de los acusados, el legislador del PO caracterizó la “salida de la crisis” y por qué no fue positiva para las mayorías trabajadoras. El gobierno kirchnerista fue recibiendo el apoyo de la mayoría de la clase capitalista y también de los principales gobiernos del mundo. Fue una expresión en la Argentina del viraje “nacionalista” de alcance latinoamericano, que vino a contener las rebeliones populares del 2000 al 2005. Esta política le planteó al movimiento popular un desafío: enfrentar la cooptación de un gobierno nacionalista burgués que había venido a enterrar el proceso de movilización popular abierto en el 2001. La suba de los precios de las materias primas que exportaba el país facilitó la obtención de una balanza comercial superavitaria.

Durante los últimos 20 años, nuestro país fue gobernado por todos los partidos políticos tradicionales y también por algunos que surgieron luego de esa crisis, como es el caso del PRO, que rápidamente se entrelazó con ellos mediante alianzas y frentes políticos-electorales, u otros que en un campo opuesto venían de lo que suele llamarse el campo popular y pasaron a formar parte de los gobiernos kirchneristas en su carácter de independientes para luego mimetizarse con el peronismo. El fracaso de todas estas fuerzas políticas que nos han gobernado en las últimas dos décadas es irrefutable.

 

Con respecto a la deuda argentina, el periodista Alejandro Bercovich resaltó la deuda obtenida durante el gobierno de Mauricio Macri, catalogado como el peor gobierno de la democracia.

“Hay que armar una resistencia lo más amplia posible contra el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, que será el desafío de los próximos 30 años. La deuda es impagable, y ahí aparece el condicionamiento sobre todo lo demás: la suba del dólar, la devaluación. Lo que alimenta la idea de que ‘no hay salida’ sin pagar la deuda, tenés que reventar territorios para juntar dólares en un plazo corto. Por eso lo que se discute en Chubut es clave con respecto al Fondo Monetario. Todos podemos confluir en una pelea, como mostró la Plaza de Mayo del 11/12. El FMI es un ariete político de sometimiento, el contenido de sus programas. Hay que imaginar una resistencia desde el campo popular y la izquierda contra la posición mendicante y sometida a Estados Unidos y el FMI”.

“Hay que retomar el camino del 2001, que marcó a fuego la política argentina de toda la generación, sólo comparable con el Cordobazo. Esos días confluimos en los centros políticos del país, de todas las clases sociales e ideologías, bajo la misma consigna: Que se vayan todos. Gobernaron con miedo hasta que se estabilizó con Néstor Kirchner. El “que se vayan todos» solo se logró aplacar concediendo, reconstruyendo lo que hicimos volar por el aire en diciembre de 2001”, continuó.

“El kirchnerismo es hijo inequívoco del 2001, el macrismo recuerda con asco las «toneladas de piedras», pero también lo es. 20 años después, con una red de contención que es otra (Potenciar Trabajo, asignaciones por hijo, etc); no es lo mismo que no tener nada durante meses como en el 2001. El kirchnerismo hoy balbucea excusas para negociar con el Fondo, y se resigna a borrar las huellas del crimen macrista que nos hizo volver con el Fondo”.

Sobre las últimas elecciones: “La expresión del voto bronca este año, tiene mucho que ver con ese voto bronca del 2001. Como la expresión del voto a Milei, con la sensación de que no hay salida, de que los partidos tradicionales no ofrecen una salida; o votando por el Frente de Izquierda, como tercera fuerza nacional”.


Claudio Lozano, de Unidad Popular en el Frente de Todos y dirigente de la CTA Autónoma señaló que “en el 2001 confluimos sectores desde la izquierda hasta las organizaciones reformistas argentinas. Argentina se debatía entre la devaluación y la dolarización, como salida de la convertibilidad. En ese momento, planteamos una tercera vía, la redistribución. 3 millones y medio de personas votaron por ese planteo, en una consulta por fuera de las instituciones, ese era el clima. El 2001 fue un acontecimiento popular enorme, con un gran medida de espontaneidad, como final de una década de luchas populares y conflictos”.

“Nuevas expresiones del movimiento popular, como la CTA, piqueteros como el Polo Obrero, distintas organizaciones de tierra y vivienda; en el marco de una cooptación por parte del poder económico de las estructuras partidarias del Partido Justicialista y la UCR. El 2001 coagula ese proceso de resistencia popular, que comienza desde el período de la dictadura. Había factores de disciplinamiento relacionados al terror de la dictadura: la hiperinflación, la recesión, el desempleo, la flexibilización laboral, las privatizaciones, el indulto a los militares… En el acumulado de las luchas, llegando al 2001, el pueblo comienza a formar una perspectiva política propia, no sólo de resistencia”.

Retomando a Gramsci y a la posición de la CTA en el 2001: “En las crisis de hegemonía, dirección consciente de fuerzas populares, que llevar a una crisis orgánica, que pudiera plantear una estrategia de transformación. El bloque dominante de poder no tenía un objetivo común. En ese momento no existía una dirección consciente, y creemos que sigue faltando hoy. Es clave desde las tradiciones políticas populares encontrar el rumbo hacia la transformación”.

“Lo que sucedió fue represión sobre las organizaciones populares, fue Kosteki y Santillán. Y comenzó el proceso de vínculo entre el Estado y los movimientos populares, como el plan Jefes y Jefas. A pesar del «Que se vayan todos», volvieron varios. Para nosotros, esa ausencia de una dirección transformadora es la clave, para profundizar ese impacto. El temor de la ingobernabilidad les pone límites al gobierno. ¿Cómo se sigue construyendo una autonomía, dentro de la institucionalidad?”.

“Creemos que en 2017 la Argentina estaba en las puertas de un nuevo estallido social, como en Chile o Bolivia. Eso no sucedió porque apareció una alternativa de reparación económica y social. Creo que fue el Frente de Todos vino a contener eso. A dos años, lo que hay es frustración. Crece el ausentismo y el voto en blanco en las elecciones de medio término, tiene muchas similitudes con el voto de De la Rúa. Juntos por el Cambio no ganó. La gente se retiró de esa discusión, o se fugó al FIT-U o Milei (contra la casta política y los privilegios)”.

En cuanto a la experiencia popular, “toda la militancia es mayor a la del 2001 y tenemos más recursos. El Estado tiene mucha injerencia sobre las organizaciones populares. ¿La institucionalidad sirve para hacer bolsa la construcción? Si logramos la autonomía para plantear una perspectiva de avance, creemos que está abierto en el Frente de Todos. En la izquierda es mucho más claro. Pero está el núcleo del problema allí: el movimiento popular tiene mucho más recursos para disputar y ganar las calles”.

Tanto los panelistas como el público reivindicaron el valor de la actividad. Es que en el debate estuvieron planteados los problemas centrales de cómo intervenir hoy: el peso de la crisis sobre distintos sectores sociales, las tendencias a la lucha y la rebelión (Chubut terminó de confirmarlo) y cómo proceder frente a ellas, el sentido de la «autonomía» y la independencia política de los trabajadores, etc. No fue un charla sobre el pasado sino sobre la vigencia del mismo en el presente.

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