20/06/1996 | 499

Una política para derrotar a Bussi

La pueblada que ocupó la ciudad de Tucumán el pasado 17 de mayo y que arrinconó físicamente a Bussi en la casa de gobierno, no resolvió ninguno de los problemas que enfrentan las masas de la provincia ni fue suficiente para hacer avanzar siquiera un paso las reivindicaciones populares. La movilización popular de hace un mes no pudo transformarse en una jornada decisiva contra el bussismo, porque las direcciones sindicales que la convocaron habían renunciado al deber de orientarla detrás de un objetivo definido y porque llamaron a la desconcentración en el mismo momento en que se planteaba acentuar la presión callejera mediante una convocatoria a engrosar la pueblada a nuevos manifestantes.


La legislatura y el gobierno, es cierto, sintieron el golpe de la pueblada y dieron marcha atrás en algunos planes de cierres de reparticiones y de despidos, pero bastó que refluyera el movimiento para que volvieran sobre sus pasos; es así que Bussi vetó, hace diez días, las leyes que satisfacían algunos de los reclamos de los trabajadores. No solamente hizo esto, sino que forzado por la presión popular a poner los sueldos al día, ahora ha vuelto a las andadas al anunciar la postergación para diciembre del pago del medio aguinaldo y el atraso en los salarios de junio. Del mismo modo, anunció un plan escalonado de despidos, que arrancaría con 3 mil o 4 mil cesantías, y el pago de las indemnizaciones mediante la emisión de nuevos bonos —esto en una provincia cuyo circulante monetario está compuesto ya ahora, en un 80%, de títulos públicos.


La política del bussismo es la del menemismo y responde a los intereses de los pulpos agro-financiero-industriales de la provincia, que se benefician en forma gigantesca con la enorme desvalorización de los salarios que provoca la política de despidos masivos y de sustitución del pago de los salarios en moneda por bonos provinciales. Estos pulpos quieren que se pasen a pérdidas los créditos impagos que les dio el Estado tucumano, y que se supere la crisis fiscal a costa de los trabajadores; esto último permitiría volver a convertir al Estado en avalista de los créditos que se obtendrían del exterior. A esta última finalidad responde la privatización del banco de la provincia, cuya cartera de créditos incobrables ha sido asumida por el quebrado Estado provincial.


La completa dependencia del bussismo respecto a los pulpos agro-bancario-industriales —invertidos en el azúcar y los cítricos, con vistas a la elaboración industrial y a la exportación— condena al completo fracaso la estrategia de concertación que signa la política de la CGT auténtica (MTA) y de la Asamblea de Trabajadores (CTA). El ‘compás de espera’ de dos meses decidido por la burocracia de estas dos centrales, es responsable de la extensión del reflujo popular más allá de sus límites previsibles.


La contraofensiva de Bussi, sin embargo, ha abierto una nueva etapa. Los sectores populares que habían conseguido alguna satisfacción parcial gracias a la pueblada, como Construcciones Escolares o los médicos y directores de escuela cesanteados, han debido volver a la lucha como consecuencia de los vetos del milico videlo-menemista. El pueblo de Tafí Viejo, por la misma razón, ha quedado convencido de que Bussi va a ir hasta el final en el cierre de los talleres ferroviarios, para eliminar la competencia a sectores privatizados o para ofrecer un negocio a los capitales que pretendan aprovechar el mercado abierto por los trabajos mineros que se han iniciado en el norte de Catamarca. Los empleados públicos en su conjunto saben que les esperan 10.000 cesantías; los trabajadores, que pierden la Caja de Jubilaciones.


No es muy osado suponer, entonces, que vamos a una nueva pueblada. ¿Cómo impulsarla y cómo prepararla? Tafí Viejo y otros pueblos ya han dado una respuesta: mediante la conformación de Coordinadoras de Trabajadores que confluyan en una gran Coordinadora Provincial, con delegados electos y revocables por las asambleas locales. Las Coordinadoras que se han formado están integradas por trabajadores estatales en conflicto,  por lo cual es necesario atraer hacia ellas a los trabajadores agrícolas e industriales con un programa preciso de reivindicaciones. Este proletariado es la llave de Tucumán y se encuentra concentrado en la industria de la alimentación (4 mil obreros), en los ingenios y en las fincas cañeras, citrícolas y tabacaleras. Sufre las consecuencias de una ‘flexibilización laboral’ extrema y recibe jornales-hora que oscilan entre menos de un peso y los dos pesos. Para la zafra que está a punto de iniciarse, la burocracia de FOTIA ha reclamado un incremento de apenas 150 pesos para la totalidad del período de cuatro meses. La riqueza de los pulpos internacionales y nacionales que operan en Tucumán se asienta en el sacrificio, el sudor  y la vida de los obreros de la agro-industria.


La lucha de Tafí Viejo y de los trabajadores estatales en general, ha movilizado el interés de los políticos tradicionales por razones obvias. A estos políticos los mueve también el hecho de que los grandes negocios de los pulpos no resuelven los problemas de la burguesía comercial provinciana, que avizora la quiebra como consecuencia de la retracción del mercado interno de la provincia. La respuesta de estos políticos a los problemas planteados por la crisis y la movilización popular ha sido propugnar un Frente Social (opositor) que, más allá de su mira electoralista para el 97, plantea como salida un mayor ingreso de fondos públicos para la provincia por la vía de la modificación de la coparticipación federal y, consecuentemente, de mayores créditos. Esta política ya ha fracasado en el país y en Tucumán, volverá a hacerlo, y llevará a las masas a la derrota. Las burocracias del sector auténtico y de la Asamblea se alinean detrás de esta política.


La victoria pasa por la acción de las masas y esto requiere su independencia política de la burguesía. Es necesaria una nueva jornada provincial, es decir, otra pueblada, que no se detenga hasta obtener la satisfacción de las reivindicaciones de los sectores que se encuentran en lucha. Al impulso de esta lucha es necesario crear Coordinadoras y una red de ellas a escala de toda la provincia, que incorpore a los grandes sectores obreros. Con relación a los sindicatos y a las centrales sindicales, se impone un reclamo elemental —que formen un Comando Unico de lucha para organizar la huelga general contra el bussismo y arrancar las reivindicaciones populares. La decisión de la AT de postergar la lucha hasta un congreso que se realizaría hacia fines de julio debe ser revisada.


La lucha contra el bussismo tiene una importancia estratégica para los trabajadores de todo el país, porque la derrota del milico menemista significaría un golpe mortal a toda la autoridad del actual régimen explotador. Es necesario tomar conciencia de esto y plantear un programa de reorganización social de la provincia bajo la dirección de los trabajadores. La nacionalización sin pago de los grandes pulpos, bajo el control de los obreros, así como el control obrero de toda la gestión gubernamental de la provincia, son el punto de partida de esa reorganización. La reorganización social es la única alternativa para la barbarie creada por el saqueo del capitalismo en descomposición.

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