06/01/2011 | 1162

Vamos por la condena judicial de Aníbal Fernández

La infamia al desnudo
Por Jacyn

El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, contestó, por medio de sus abogados, la demanda iniciada hace más de un año en su contra por el Partido Obrero -luego de que fracasaran todos sus intentos, durante más de un año, para evitar la notificación de la citación judicial. Durante todo este tiempo, se dio el extraño caso de un jefe de Gabinete forajido, mientras los otros demandados en la causa comparecían ante los tribunales. Una vez notificado por oficio en su domicilio laboral (la sede ministerial), se tomó hasta el último de los 60 días hábiles que la ley le permitía para demorar su respuesta. Fernández se tomó todo el tiempo que pudo para evitar confrontar sus dichos del 4 de septiembre de 2008, cuando utilizó el aparato del Estado y el monopolio de acceso a los medios para difamar al PO con la acusación de incendiar los trenes del ex ferrocarril Sarmiento.

En la primera parte de su escrito, Fernández niega todos sus dichos, a pesar de que fueron registrados por todos los medios de comunicación del país y de que se encuentran aún transcriptos en la página oficial de la Casa Rosada. Aunque esta chicana judicial es habitual, su uso por un jefe de Gabinete debería motivar a la Presidenta a proceder a su destitución por acto de inmoralidad pública. Fernández jamás tuvo una sola prueba en la mano para responsabilizar al PO o a nuestro militante José María Escobar en la quema de trenes. Toda la acusación fue una infamia elaborada para ocultar sus propios vínculos con los privatizadores de TBA/Cirigliano y del desguace ferroviario.

La segunda parte de la respuesta es simplemente antológica: Fernández dice que al momento de lanzar sus injurias contra el PO «cumplió con su deber republicano (sic) de informar a la ciudadanía» brindando la «información provisional» que se hallaba reunida hasta ese momento y que, según él, se habría limitado a un «relato cronológico» de los hechos. La «información provisional» ha quedado convertida, en la metodología de este provocador, en sinónimo de mentir hasta que llegue la «información definitiva», la cual nunca se conocerá porque el hecho habrá perdido actualidad.

La «información provisional» en la que abrevó Fernández, adjuntada como «prueba» en su respuesta, proviene de dos fuentes: la primera, una entrevista del canal C5N en el programa de Eduardo Feinmann -que actuó en tándem con el ministro y quien también se encuentra demandado por nosotros- a Escobar. La segunda fuente, un supuesto informe policial -sin firmas ni membrete- donde se identifica a una persona de apellido Deambrosio, munido de un gorro de Boca, que aparece en fotografías lanzando piedras en Castelar y, más tarde, a metros de Escobar en la estación Merlo, pero varias horas después de los incidentes. Debemos recordar que el ministro aseguró que existían testimonios, pruebas y fotografías que permitían afirmar que Escobar había «dirigido toda la operación» y que él personalmente habría dado inicio al fuego lanzando a los vagones un buzo incendiado dentro de un balde. De esta amalgama delirante de imputaciones, no hay un solo indicio en las pruebas que adjunta en su descargo. No podría haberlo. Escobar no está ni siquiera mencionado en la causa penal que investiga los «estragos» de Merlo-Castelar.

Por otra parte, el domicilio del tal Deambrosio fue allanado, «sin que se lograra secuestrar material alguno que lo vincule con el PO». Al entonces ministro no se le ocurrió en su conferencia de prensa mencionar a esta persona, ni vincular al Club Atlético Boca Juniors con los desmanes -a pesar de contar con sus señas particulares. Tampoco se preocupó por desmentir públicamente la fraudulenta «información provisional» que echó a rodar horas después de los hechos con el objetivo de atacar al PO.

La demanda del PO avanza, desnudando la perfidia oficial. Para los K, la neutralización de una oposición política socialista es una cuestión estratégica. Han convertido la calumnia contra el PO en un modus operandi, que se repite desde la rebelión de los petroleros tercerizados y desocupados de Las Heras en el norte de Santa Cruz -cuando fue asesinado el policía Sayago- hasta la puesta en escena protagonizada recientemente por Garré. La farsa se repite.

Los impostores de Carta Abierta nunca tuvieron (ni antes ni ahora) una sola palabra para pronunciarse sobre este relato infame de la «épica» kirchnerista contra el Partido Obrero.

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