02/02/2006 | 932

Viva la lucha contra las papeleras


El gobierno de ‘izquierda’ de Uruguay defiende los intereses de dos pulpos papeleros con una energía que no es capaz de poner de manifiesto para poner fin a la impunidad de los militares responsables de los crímenes de la dictadura.


 


Frente a la destrucción que ocasionarán esos pulpos al medio ambiente responde con la ‘doctrina Bush’: el remedio para la contaminación lo dará una futura tecnología de depuración ambiental, que servirá como oportuno pretexto para otra inversión capitalista.


 


Pero el crimen ambiental de Fray Bentos-Gualeguaychú no es aislado: al norte, por el Paraná, otras papeleras, en territorio argentino, realizan el mismo trabajo sucio, aunque en menor escala.


 


Al lado de la Casa Rosada, en la cuenca Riachuelo-Matanzas, cinco millones de argentinos son atendidos con aguas infectadas por el pulpo francés del agua, que no ha cumplido con sus obligaciones de tratamiento del fluido.


 


La cuenca del Plata es un gran sumidero de basura de las empresas capitalistas.


 


En Cutral-co y Plaza Huincul cortaron las rutas contra la contaminación del agua.


 


Los pulpos mineros, apadrinados por Duhalde y por Kirchner, están destruyendo el medio ambiente en San Juan, Catamarca, Salta, Jujuy, Santa Cruz y Chubut.


 


Lejos de sufrir el control del Estado, cuentan para su política de envenenamiento con una ley de promoción minera, que les permite llevarse la plata del país y virtualmente no pagar impuestos.


 


Por eso a Kirchner sólo le preocupan los piquetes entrerrianos y no que se pudra el río Uruguay.


 


En Bolivia, los pulpos petroleros siguen usando tuberías obsoletas para el transporte de combustible, contaminando las napas subterráneas.


 


En la frontera con Brasil, en el Mutún, está a punto de licitarse un proyecto siderúrgico que acabará con el generosísimo medio ambiente que lo rodea.


 


Las grandes ciudades de Brasil y de México son unas enormes cuevas cubiertas por la contaminación.


 


Todo esto nos remite a un punto fundamental: para obtener superbeneficios el capitalismo no vacila en envenenar el medio ambiente.


 


Porque es claro que las tecnologías no contaminantes existen.


 


Para que el medio natural sea aprovechado en beneficio del género humano, es necesario que los trabajadores controlen el proceso social.


 


La nacionalización sin pago de los recursos naturales, para que sean gestionados democráticamente por los trabajadores, se convierte en una reivindicación que tiene que ver con la supervivencia.


 


La minería, los combustibles, el agua, la electricidad, los recursos forestales, deben pasar al control colectivo.


 


Esta reivindicación une a los pueblos de América Latina, no los separa, como pretenden hacerlo los gobiernos capitalistas.


 


Por eso las organizaciones obreras y las socialistas deben unirse en una campaña por la nacionalización de los recursos naturales de América Latina bajo la gestión socialista de la clase obrera.