21/03/2007 | 984

Viva la rebelion popular en Santa Cruz


Casi diez mil personas marcharon el miércoles en Río Gallegos, un diez por ciento de la población. Detrás de los docentes y de los sindicatos se encolumnó la masa del pueblo.


 


El régimen kirchnerista está agotado al cabo de más de una década de despotismo y corrupción, y al cabo de siete años de crecientes luchas obreras y piqueteras.


 


No hay ciudad o pueblo de Santa Cruz que no se encuentre en pie de lucha.


 


Para una geografía separada por extensos desiertos, es un hecho que retrata la inmensidad de la unidad popular.


 


Docentes, trabajadores de la salud, municipales, judiciales, obreros de la carne —unas semanas atrás los petroleros.


 


Se levantan contra salarios básicos de 163 pesos; contra remuneraciones en negro; contra un régimen laboral (el presentismo) que prohíbe faltar al trabajo por las razones más elementales, y que constituye una clara coacción contra el derecho de protesta y de huelga.


 


Se rebelan contra el achatamiento de la escala salarial, o sea contra el achatamiento de su futuro.


 


Contra ese mismo achatamiento que hunde las carreras docentes en todo el país, del mismo modo que lo ha hecho con las jubilaciones.


 


Es decir que se levantan contra agravios de escala nacional, acentuados por la lejanía y la inclemencia de la Patagonia.


 


La respuesta del gobierno ha sido, de nuevo, la Gendarmería, como ya ocurriera en el norte de la provincia.


 


Pero esta vez, otra vez, organizando bandas y atentados contra los maestros, como ya lo hiciera este mismo gobierno en Río Gallegos en enero de 2002 y en el Hospital Francés el año pasado.


 


Estamos hablando de la provincia del Gran Mandarín, del hombre de la corbata suelta, del que se enciende para hablar cuando sabe que no va a hacer nada de lo que diga.


 


Es la prueba de que estamos ante un régimen político que se acorrala ante la acción de su propio pueblo.


 


A Santa Cruz le está tocando vivir una experiencia excepcional, que debería servirle a todo el país.


 


El país vive una experiencia excepcional de ver el fracaso del gobierno nacional en su propia provincia, a pesar de sus recursos petroleros y del control total del poder.


 


La demagogia nacionalista y la demagogia electoral encuentran sus límites y muestran su verdadera cara ante las luchas obreras.


 


¡Incluso los ‘opositores’ (patronales) se han replegado a sus guaridas, porque son incapaces de ofrecer una orientación a estas luchas sin chocar con el régimen político de la provincia y el país!


 


Los políticos capitalistas que se jactan de haber “recuperado la política”, para decir con ello que han acabado con la rebelión popular’, se enfrentan una y otra vez con la rebelión popular.


 


Ante la incapacidad reiterada del régimen gobernante decimos: fuera Sancho-Kirchner, que se vayan. 


 


Viva la huelga general, vivan las manifestaciones callejeras, por la inmediata satisfacción de las reivindicaciones.


 


Unamos la lucha docente nacional y la lucha de estatales; reclamemos que las paritarias se decidan en asambleas; movilicemos a los jubilados —no serán los Macri o los Telerman los que darán una salida, como no lo fueron los Grosso y los Ibarra, y no lo ha sido ni lo es, manifiestamente, Kirchner.


 


Desde los docentes autoconvocados de Salta hasta los de Santa Cruz baja un solo clamor que atraviesa Chaco, Formosa, Catamarca, Corrientes, Neuquén, Río Negro, Santa Fe y la provincia de Buenos Aires —salarios dignos para enseñar, abajo la destrucción de la educación.


 


Echemos a los Yasky de nuestras organizaciones, no a la borocotización, fuera la burocracia sindical, viva la independencia de los trabajadores, por una alternativa obrera y socialista.

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