21/11/2001 | 730

Zamora

Luis Zamora no participó de la movilización que el conjunto de la izquierda protagonizó para reclamar Fuera De la Rúa-Cavallo y el no pago de la deuda externa, a pesar de que sus representantes habían puesto su firma en la declaración acordada. Está claro que nosotros, menos que nadie, vamos a reclamar un alineamiento automático en nombre de la expresión «izquierda» tomada en general. Por un lado, el ideologismo no puede ser tomado como referencia para los acuerdos políticos; por otro lado, la mayoría de la izquierda, incluso en el plano internacional y más que nadie el propio Zamora, es democratizante, o sea que no plantea la dictadura del proletariado como transición hacia una sociedad sin antagonismos de clase y sin Estado, y por lo tanto sin necesidad de dictadura.


Pero en medio de un verdadero derrumbe social y político del régimen capitalista, ¿qué razón puede explicar el desacuerdo en plantear Fuera De la Rúa-Cavallo y convertir a la izquierda, por medio de esa consigna como punto de partida, en un referente y eventual dirección de una lucha por el poder?


Porque lo esencial, precisamente, de la ausencia del candidato ¿de izquierda? más votado en la Capital, es que con ella expresa que no se plantea una lucha de poder, y por lo tanto ninguna lucha política que merezca ese nombre, contra la clase social y el Estado que han llevado a la Argentina a una situación de disolución en todos los planos. A esta posición lo ha llevado su desprecio por los programas, las direcciones y los partidos políticos, y su ingenua e interesada demagogia del «basismo».


Zamora recoge los aspectos más frenadores del morenismo, que durante un largo período hostilizó toda forma de lucha con su fórmula de coartada: «Que las bases decidan». Las «bases» no solamente deben decidir; por sobre todo deben hacerlo con conciencia de clase.

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