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14 de mayo de 2009 | #1083

A 40 años del cordobazo (II): Las huelgas de las vísperas

A inicios de 1968 regía el congelamiento salarial, el arbitraje obligatorio e inapelable del gobierno en los conflictos obreros, la intervención a una masa de sindicatos, la Ley Anticomunista. Las luchas habían llegado a un mínimo histórico, luego del fracaso del paro general del 1º de marzo del '67. La dictadura había impuesto la "paz social" y cooptado a toda una fracción de la burocracia sindical -los "participacionistas", con los que intentó montar un Congreso de "normalización" de la CGT para fines de marzo de 1968. El operativo fracasó y la burocracia se quebró aún más: los "participacionistas" no concurrieron, los "dialoguistas" (Vandor) se retiraron y asumió la conducción la fracción de la burocracia sindical más ligada a Perón, con Ongaro como secretario general. Nació así la llamada "CGT de los Argentinos" (CGTA). En el Programa del 1º de Mayo de 1968, la CGTA reclamaba la "normalización institucional".

Las huelgas claves (derrotadas)

El 28 de junio, al cumplirse un año de la dictadura militar, la CGTA llamó a una "jornada de lucha" que resultó inocua, con la excepción de Córdoba. En el barrio Clínicas, concentración de estudiantes de Córdoba y del interior, "durante horas los universitarios controlaron cerca de treinta manzanas" (Córdoba, 29/6/68) con el apoyo sin fisuras de los vecinos. Lo novedoso estuvo en otro escenario: la CGT de la regional no dispuso paro, pero los trabajadores de Perdriel, una planta del Smata, paralizaron la planta y una fuerte corriente trató de hacer lo mismo en la de Santa Isabel, donde chocó con el freno del "colaboracionista" Torres. Un primer llamado de atención.

Los mecánicos cordobeses venían librando una lucha tenaz contra la falta de condiciones de seguridad, el aumento en los ritmos de producción, los despidos "hormiga" y las suspensiones. La burocracia del Smata lanzó un paro nacional para el 23 de junio, apremiado por esta lucha. Setenta y dos horas después, acepta someter el conflicto al arbitraje obligatorio. Pero por debajo de las escaramuzas estaba en marcha un proceso más profundo. En Peugeot, luego de una huelga de 48 horas, la patronal tuvo que anular el despido de 78 trabajadores. Una victoria que en su momento Política Obrera explicó de este modo: "el repudio obrero a los dirigentes participacionistas crece sin cesar... la lucha de IKA ha unificado a todo Córdoba y (quieren) evitar que con Peugeot se extienda a todos los mecánicos" (Política Obrera, 30/9/68).

Desde este momento hasta la rebelión del 29 de mayo, no habrá una nueva victoria obrera y la sucesión de derrotas obreras será continua y brutal. Sin embargo, estas huelgas fueron un banco de prueba.

En Goodyear (Hurlingham, Sutna), en septiembre, se libró una batalla obrera que duraría más de un mes, iniciada por una huelga masiva por el despido de la Comisión Ejecutiva de la seccional del sindicato. La característica esencial de la huelga es que un gran número de activistas se erigieron en su dirección. Las tareas de la lucha, en especial el fondo de huelga, fueron llevados adelante por un Comité de Huelga clandestino, que editó sucesivos boletines que llegaron a otras plantas del gremio (una de ellas paró 24 horas en solidaridad). Un soporte fundamental de la huelga fue la Coordinadora Intersindical de Morón, en la que confluyeron sindicatos, agrupaciones y activistas que editaron su propio boletín y llamaron a "la unidad de la regional de la CGT, a través de un congreso de bases" y a la "completa solidaridad con los conflictos de la zona". La huelga fue derrotada, pero el activismo se forjó en la lucha y fue la cabeza de la reorganización de la planta.

Durante octubre y noviembre, tuvo lugar la huelga de sesenta días de los petroleros de Ensenada (en este caso afiliados a la CGTA) contra el alargue de la jornada laboral y la reducción del personal estable. Su dirección, el Comité de Huelga, y la CGTA no hicieron el menor intento de superar los límites de una huelga aislada y pasiva. La regional La Plata pertenecía a la CGTA de La Plata y contaba con el apoyo del movimiento estudiantil. La CGTA estaba condicionada a la perspectiva del ‘frente civil' con los partidos burgueses de la oposición.

La huelga de los petroleros de Ensenada produjo múltiples pronunciamientos de lugares de trabajo y un paro de los petroleros de Comodoro Rivadavia durante tres días.

En Atlanta, del sindicato del Caucho, a principios del '69 se produce una lucha que se extendió a lo largo de dos meses, con el despido de compañeros. También aquí surge un Comité de Activistas, formado por cerca de 20 compañeros en una fábrica de 150. 

En Citroën, del Smata, en febrero y marzo, tiene lugar una huelga extraordinaria que se desenvuelve durante casi 20 días. Termina con el despido de 25 trabajadores, entre ellos los delegados combativos. Los trabajadores enfrentaron la Comisión Interna burocrática y eligieron un Comité de Activistas en asamblea general.

En estos procesos de lucha, la burocracia enfrenta, palmo a palmo y en forma creciente, una rebelión.

La burocracia sindical, en las vísperas

Cuando este proceso comenzó a desencadenarse, la CGT se "unió", por orden de Perón. La CGT "colaboracionista" procuró liderar la oposición al gobierno. En septiembre del '68 fue relevada parte del ala "liberal" del gobierno militar, lo que alentó la expectativa de un ascenso de elementos "desarrollistas". Perón y Vandor, el secretario general de la UOM, se encontraron en octubre y pactaron la reconstitución de las 62. Esto produjo una sangría sistemática de gremios de la CGTA. Hacia fines de 1968, la CGTA había quedado reducida a un puñado de sindicatos.

El editorial del semanario de la CGTA con el que cierra el año es un testimonio de la impasse en que se encontraba este "sindicalismo de liberación", que había nacido en función del apoyo al pacto Illia-Perón, que inaugura la oposición de la burguesía a la dictadura. El editorial se llama: "Hay que empezar de nuevo". Allí se dice: "el año 1968 termina con un país sepultado en el silencio y la derrota (...) (lo que) "pone en tela de juicio las organizaciones existentes y descarta la mayoría de los métodos de lucha empleados hasta ahora" (...) "el frente civil de resistencia demostró ser una ilusión", (...) (la salida es) "pensar para empezar de nuevo" (Semanario CGT Nº 34, diciembre 19 al 26 de 1968).

Distinto fue el balance de PO: "triunfo táctico del gobierno, derrota estratégica de la dictadura" (PO Nº 42, 16/12/68). "Para derrotar a esta huelga (petrolera), la dictadura tuvo que apelar a una operación quirúrgica social: 1.500 cesantes, cuatro sindicatos intervenidos, derechización completa de la dirección del Supe ("colaboracionista"), incorporación al odio antidictatorial a un sector más privilegiado de los trabajadores, acrecentamiento de la debacle del sindicalismo reformista y su burocracia...".

A escala internacional, los seis meses del '68 habían traído los ecos del Mayo Francés, de la Primavera de Praga, de las rebeliones estudiantiles en Japón y México.

 

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