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19 de abril de 2012 | #1218

Malvinas: el rock frente a la guerra

1982: la década perdida ya ha comenzado. Las deudas externas agobian las finanzas de los Estados en Latinoamérica; las administraciones de Reagan y Thatcher inician, con sus políticas de ajuste, la llamada "revolución conservadora"; en Beirut, más de 3.000 refugiados palestinos son masacrados -bajo la supervisión del ejercito israelí- por los falangistas libaneses; los "contras" acechan en Nicaragua; Spielberg deslumbra al público con "E.T."; MTV, el walkman y el Pac-Man cambian los hábitos de la juventud y Argentina queda eliminada en el Mundial de España ante Brasil, en cuartos de final. Mientras tanto, miles de conscriptos argentinos y soldados ingleses serán, para el rock, una trágica inspiración que -por momentos- buscará emular el espíritu antibelicista de la guerra de Vietnam.No bombardeen Buenos Aires La aventura bélica en las Malvinas desencadenó una campaña oficial de nacionalismo. Los "enemigos internos" -como la dictadura consideraba a los rockeros, quienes habían tomado la reivindicación nacional en un tono pacifista- fueron igualmente oficializados y bendecidos con espacios en los medios. Grupos y solistas del rock y la canción popular, hasta entonces prohibidos y perseguidos, fueron asimilados y estimulados "gracias" a la prohibición de la música en inglés en las radios y en la televisión. La ley 22.285, que regulaba el uso del idioma en radios y televisión, fue el instrumento del Comfer para censurar la música en inglés. Los músicos nacionales -que en años anteriores habían sido censurados por la dictadura- contradictoriamente ganaron difusión. El censurado rock nacional se había transformado, a partir de 1977, en casi el único ámbito para socializar de la juventud. Este ascenso del género fue advertido por la dictadura, la cual inició un proceso de cooptación que desembocaría en el festival de "Prima Rock" en los bosques de Ezeiza en septiembre del '81. Pero fue el 16 de mayo de 1982, en el "Festival de la solidaridad latinoamericana" (organizado por Daniel Grinbank junto con el gobierno militar) en el Estadio Obras, cuando el rock daría el primer gran paso a una de sus grandes fatalidades: la estatización. Dos radios (Del Plata y Rivadavia) y el Canal 9 lo transmitieron en directo. Los ilusos esperaban escenas al estilo Woodstock, con músicos quemando sus libretas de enrolamiento, pero no ocurrió nada de eso: sólo algunas proclamas pacifistas. Entre las bandas, desfilaron el Dúo Fantasía, Ricardo Soule con Edelmiro Molinari, Cantilo-Durietz, Dulces 16 (con Pappo), Rubén Rada, Oscar Moro con Beto Satragni, Litto Nebbia, Tantor, Spinetta y un final con Charly, David Lebón, Porchetto, León Gieco, Nito mestre y Tarragó, quienes cerraron con "Rasguña las piedras" luego de haber coreado entre todos "Algo de paz". La manipulación mediática, el desenlace de la guerra y el robo -por parte de los militares- de las donaciones de cigarrilos, chocolates y frazadas que los más de 70 mil asistentes dejaron generarían un sentimiento de culpa entre los músicos, los cuales -tiempo más tarde- criticarían públicamente haber participado, como fue el caso de Spinetta. La guerra también sería un motivo de inspiración. En ese mismo año, Charly García grabó "No bombardeen Buenos Aires", una radiografía irónica del contexto y el fervor popular de la guerra. León Gieco patentó como himno "Sólo le pido a Dios". Pedro y Pablo cuestionaron a Margaret Thatcher en "Señora violencia e hijos". Raúl Porchetto se puso en la piel de un soldado inglés para relatarle a su majestad británica las vivencias de la guerra en el Atlántico Sur con "Reina Madre". En paralelo a esta movida, se estaba gestando -desde el nuevo ‘under'- otra visión más ácida, crítica y visceral. Los escenarios no eran ni los grandes estadios ni los festivales, sino reductos y antros más pequeños -como el Café Einstein, el Restaurant Le Chevalliete y el club Vinicius, entre otros. Allí se incubaba la nueva generación de bandas de los 80. Grupos del género punk como Los Violadores, Alerta Roja, los Baraja y Los Laxantes; de heavy metal como V8 y la New Wave con Virus manifestaban un mensaje más directo, focalizado en atacar a la dictadura en sí misma y en denunciar a la guerra de Malvinas como una maniobra para esconder la realidad política. Canciones como "Comunicado 166" (Los Violadores), "Desocupación" (Alerta Roja) y "El banquete" (Virus), sin caer en un pacifismo condescendiente, repudiaban tanto la guerra como la represión. En los recitales de Riff, el cántico más popular era "se va a acabar, se va a acabar, la dictadura militar". Sumo se daba el "lujo" de cantar en inglés y Federico Moura, de Virus, rechazaba la invitación a participar del "Festival de la Solidaridad" no sólo por estar en contra de la guerra, sino por tener desaparecido a su hermano Jorge Moura, militante del ERP. Demás esta decir que estos recitales más de una vez terminaban en una batalla campal entre jóvenes y policías. Sin duda alguna, el miedo se estaba perdiendo. Malvinas se terminó transformando en un punto de quiebre para el rock nacional, tanto en lo estético como en su masividad y negocio discográfico, acercando el género a miles de jóvenes y medios ajenos a los clásicos circuitos y "tribus urbanas" rockeras de la epoca.Let's start a War Del otro lado del océano, la juventud inglesa vivía una de las etapas más duras. La proscripción de las huelgas, la militarización de las calles y la judicialización de la protesta social eran las respuestas del gobierno conservador frente a la desocupación; los recortes presupuestarios en educación, vivienda y salud, y las privatizaciones. La guerra de Malvinas fue vista, por muchos ingleses, como una maniobra del Estado británico para contener a los trabajadores. Básicamente, ése fue el planteo con el que varios grupos de rock inglés rechazaron la guerra. El rock británico, el cual cinco años antes se había convulsionado con la explosión punk y su lírica anti-sistema, para 1982 se repartía entre el frío y matemático ‘synth pop', la banalidad de la ‘new wave' y la oscuridad del ‘post-punk'. De alguna manera, estos géneros, por su estética, proyectaban cierta desmoralización que vivían muchos jóvenes, víctimas del thacherismo y de la asimilación al ‘mercado' de las iniciativas artísticas transgresoras. Fiel a su estilo, The Clash y Paul Weller, de The Jam, fueron los primeros grupos en oponerse. Por su parte, Elvis Costello compuso "Shipbuilding", donde ironizaba el supuesto progreso que la guerra trajo a la industria naval. El ex baterista de Génesis, Phil Collins, también se pronunció abiertamente a favor de la Argentina. El grupo anarco-punk The Crass grabó "How Does It Feel to Be the Mother of a Thousand Dead" (Cómo se siente ser la madre de mil muertos) y "Sheep Farming in the Falklands" (Crianza de ovejas en las Falklands), lo cual les costaría un intento de censura por parte del gobierno británico. The Exploited lanzó "Let´s start a war" (Empecemos una guerra), donde se escuchan grabaciones de radios argentinas e inglesas, aunque sus letras eran nihilistas. Un caso emblemático fue el de Pink Floyd con el disco "The Final Cut" (Corte final), grabado entre julio y diciembre del '82. Es un álbum antibélico, con elementos de ópera rock. A través de canciones como "The Fletcher Memorial Home", Roger Waters proyecta la crueldad de la guerra, la incapacidad de los gobiernos por evitarlas y la dura vida de los veteranos y sus familias, la cual conocía a través de la pérdida de su padre en la Segunda Guerra Mundial. El disco salió a la calle en medio de una fuerte polémica, pues muchos medios cuestionaron la postura antibelicista de Waters, la cual buscaba exponer la falta de coherencia de una generación que había luchado contra los alemanes para luego embarcarse en otra guerra, esta vez contra Argentina. Aun así, tiempo después -en 2001- Roger Waters confesó para un medio italiano que en el '82 él compartía la postura del gobierno conservador frente a la soberanía de las islas. Treinta años después, lo que para Waters fue en el '82 una declaración de principios frente a la guerra terminó siendo una simple estrategia de marketing.

Agustín Carucha

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