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13 de enero de 2005 | #884

El Topo Gigio de Otto Vargas

En conmemoración del 37°º aniversario de la fundación del PCR, su secretario general, Otto Vargas, pronunció un discurso que es una mezquina pieza de manipulación política. ¿Es posible que los dirigentes que vienen del estalinismo y que continúan reconociéndose en él, crean que se puede seguir macaneando alegremente?
 
La consigna que preside el discurso, “el viejo topo de la revolución volverá a emerger”, ya anuncia los colores del procedimiento que se propone emplear. Otto Vargas inscribe al PCR en la corriente histórica que declara la vigencia del Argentinazo, en oposición a todas las demás, pero en especial a las trotskistas, y más especialmente aun al Partido Obrero, sin dejar de darle el lugar de preferencia habitual en el PCR a Jorge Altamira, todos los cuales sostendríamos que la rebelión popular es cosa del pasado, la borrachera de una noche, que contrasta con la larga resaca que nos promete el kirchnero-duhaldismo.
 
Insistimos: ¿se puede macanear en tan gran escala? ¿Será que el compañero Otto se encontraba en una residencia de retiro cuando los compañeros Juan Carlos Alderete y Ardura paseaban efusivos la figura cervantina de Kirchner por los barrios de La Matanza, claro que no para difundir a los cuatro vientos la labor revolucionaria del topo, sino las ventajas insuperables de los microemprendimientos pseudo-cooperativos?
 
El PCR desconoce los sobresaltos y las caídas de las borracheras y de las resacas, por la simple razón de que nunca caracterizó al 19 y 20 como una rebelión popular, ni tampoco señaló que la función de los Rodríguez Saá, los Duhalde y los Kirchner era recomponer al Estado golpeado por la bancarrota capitalista y la rebelión popular.
 
Uno. El 20 de diciembre faltaron, aunque con aviso, a la manifestación que había anunciado la ANT del año 2001, que debía arrancar de Plaza Congreso. Junto con D’Elía, también integrante de la ANT y también desertor de la convocatoria efectuada en común (es cierto que antes de la CCC-PCR y marcándole el camino a ella), caracterizó que los saqueos organizados por el duhaldismo habían creado una situación de golpe de derecha o antidemocrático. En esto no se equivocaron; se equivocaron en creer que la crisis se reducía a este complot y no vieron venir la rebelión popular.
 
El 20 de diciembre de 2001 estuvo ausente la santísima trinidad que se gestó a mediados del primer gobierno de Menem: la CCC, la CTA y el MTA (de Moyano). Ese 20 de diciembre, el topo seguía con la cabeza bajo tierra porque no había encontrado el agujero de salida.
 
Dos. 72 horas después del ‘golpe’, los topos corrían a la Rosada para apoyar al presidente que había ungido el golpe transitoriamente. D’Elía y Alderete se abrazaban con Rodríguez Saá, rompiendo definitivamente con la ANT. Festejaron con el puntano la propuesta de crear un millón de empleos, que aún hoy el desafortunado sanluiseño sigue reivindicando para su provincia. No había todavía microemprendimientos, pero ya estaban saludando la creación de una moneda para obreros, que Rodríguez Saá prometía emitir en abundancia para que los pesos y los dólares quedaran en manos de los capitalistas. Ya se había producido el defol, pero no la devaluación –es decir que seguía funcionando el corralito.
 
El topo, replegado en la sottoterra bajo el Argentinazo, salía a la superficie para abrazarse con el privatizador de la escuela puntana y, más tarde, con los que se valen de la devaluación para confiscar a los trabajadores. ¿O acaso no explicaron los ‘economistas’ del PCR, repetidamente, bajo el menemato, que había que recuperar ‘la soberanía monetaria del peso’, es decir devaluar?
 
Tres. La FTV y la CCC apoyaron (¡los primeros!) la política de copamiento del movimiento de desocupados (¡piqueteros!) cuando Barrios de Pie todavía estaba en la pelea y Tumini ni soñaba meter a uno de los propios como funcionario de gobierno. Por eso, querido compañero Vargas, no estuvieron el 26 de junio de 2002 en Puente Pueyrredón, ni nunca más hicieron una Asamblea Nacional Piquetera –como las que hubo en el 2001 y en cuya realización la CCC-PCR jugó un papel extraordinario y positivo que siempre pusimos de relieve. ¿Cómo puede reivindicarse una dirección política que se perdió sin solución de continuidad el Argentinazo, el Puente Pueyrredón y las Asambleas Piqueteras del 2002 y el 2003?
 
La resaca, todo el mundo lo sabe, es el reflujo de la borrachera y el descenso de la marea. Lo que nosotros previmos y se está confirmando, es que el reflujo que comienza a partir de finales de 2003 y que se combina con la reactivación vinculada al mercado mundial está sirviendo para desarrollar fuerzas de clase que no estuvieron presentes, o no en forma madura, en la rebelión popular. Este es el mecanismo histórico del pasaje de la primera rebelión popular a la que viene.
 
El topo de Otto Vargas no es el de Marx. Es el Topo Gigio.

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pcr, ccc

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