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11 de septiembre de 2016

Malevich: la vanguardia artística y la revolución

Se inaugura una retrospectiva del ruso que transformó el arte contemporáneo
Por Judas
La retrospectiva sobre la obra del ruso Kazemir Malevich que se inaugura esta tarde en Fundación Proa, en La Boca, es sin dudas uno de los acontecimientos artísticos del año.
 
Malevich fue uno de los protagonistas del arte de vanguardia ruso que tuvo su apogeo a mediados de la década de 1910 y que coincidió con el ascenso de la revolución obrera, que los artistas apoyaron activamente en sus primeros momentos, aunque la relación con el naciente Estado soviético no dejaría de ser conflictiva. Fundador del suprematismo, el uso de la geometría como material plástico esencial y su intención de llegar al grado cero del lenguaje artístico produciría una transformación en la percepción del arte que influiría a todo el siglo XX, sobre todo a partir de su obra fundante Cuadrado negro.
 
Nacido en 1879 –mismo año de nacimiento de Lev Davidovich Bronstein, luego conocido como Trotski–, Malevich comenzó su inclinación por las artes plásticas desde muy temprano y adhirió al realismo, al impresionismo y al simbolismo antes de desarrollar sus propias concepciones artísticas, influido por el clima de las vanguardias artísticas que recorría las principales naciones europeas. Como todos los actores de su generación, se vio atravesado por la convulsión política de aquellos años y ya en 1905 participó de la lucha de barricadas callejeras en Moscú –ciudad en la que residiría la mayor parte de su vida– durante la revolución que se produjo ese año (la muestra en Proa comienza con una sala que presenta una muy didáctica línea temporal que muestra la biografía de Malevich en paralelo a los acontecimientos políticos que vivía Rusia y cuenta con imágenes fílmicas poco conocidas de las revoluciones de 1905 y 1917). 
 
Malevich tomó contacto con los futuristas italianos y estrechó amistad con los artistas rusos que preparaban el caldo mismo en el que se templaría la vanguardia. En 1913 formó parte de la realización de la ópera futurista Victoria sobre el sol, compuesta a Aleksei Kruchenij en el texto (que escribió en zaum, una forma precursora de la posterior poesía sonora desarrollada por Velimir Jlebnikov –y que confluiría con los estudios literarios formalistas impulsados por Víctor Shlovsky), Mijail Matiushin en la música y con su participación en el diseño de vestuario y de la puesta. La ópera de vanguardia planteaba el secuestro del sol por parte de los protagonistas y el triunfo de la oscuridad que permitiría la realización de un mundo nuevo. En uno de los telones Malevich realizó una primera versión de Cuadrado negro, que dos años después plasmaría en el lienzo en la primera exposición suprematista. La muestra cuenta con los disfraces que usaron los actores de la ópera reconstruidos y también exhibe todos los días a las 18 una filmación de Victoria sobre el sol de reciente realización.
 
Al iniciarse la Gran Guerra, Malevich participó de acciones de protesta antibelicista. En 1915 exhibe el Cuadrado negro y declara fundado el suprematismo, que postulaba el triunfo sobre la figuración y la vigencia de la forma geométrica y el color como medio para la realización de la obra. El intento del acercamiento a un grado cero del lenguaje artístico estaba en sincronía con los intentos de destruir el signo linguístico de Jlebnikov y, en suma, en la tendencia de la vanguardia a proponer una tabula rasa para que se construyan nuevas bases sociales y artísticas desde el comienzo. Luego del ascenso de los bolcheviques al poder, los artistas de la vanguardia adherirán al Estado soviético y considerarán que es la oportunidad de desplegar su propuesta y conjugarla con las transformaciones del nuevo tiempo político. Malevich organizó las conmemoraciones de la revolución de Octubre que tuvieron lugar en Vitebsk en 1920. Desde la revolución de Febrero de 1917 Malevich había participado como encargado artístico de la representación soviética en Moscú y, consolidada la revolución bolchevique, siguió con su participación en el ámbito estatal para la difusión del arte –que él consideraba que debía ser un arte nuevo–. 
 
La intención de la vanguardia de un arte sostenido en la destrucción del arte viejo fue uno de los ejes de disputa con los representantes del nuevo Estado soviético, que planteaban la aprehensión de lo mejor de la herencia del arte burgués para el desarrollo de la cultura contemporánea. Sin embargo, el debate con la vanguardia artística no procuró que el Estado soviético les impusiera su criterio sino que, al contrario, permitió el desarrollo libre de la experimentación artística. Una característica que cambiaría con el ascenso del Termidor soviético y la consolidación del gobierno de Josef Stalin. En 1930 Malevich sufriría un corto arresto. ¿El retorno a la figuración por parte de Malevich estuvo relacionado con el ascenso de un arte oficial estatal que luego devendría en la consagración del “realismo socialista”? Es una de las incógnitas de la obra final de su vida. Sin embargo, en su retorno figurativista (que Malevich denominó supernaturalismo) firmó sus obras no con su nombre, sino con un cuadrado negro. Malevich falleció en 1935, un año antes de los juicios de Moscú y las purgas estalinianas, momento cúlmine de la reacción termidoriana encabezada por Stalin.
La presencia en Buenos Aires de su obra permite la observación y reflexión sobre uno de los momentos más productivos e innovadores de la historia del arte contemporáneo, que no fue esquivo a los destinos de la revolución obrera de aquellos tiempos. 
 

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