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“Reconstruir la IV Internacional con una lucha política franca” (completo)

Discurso completo de Jorge Altamira en el acto de clausura de la Conferencia Abierta Internacional, realizado en Buenos Aires el 7 de abril de 2018.

Compañeras, compañeros:

Quiero expresar el orgullo colectivo que tenemos como partido de haber sido una vez más anfitriones de un acontecimiento revolucionario internacional y de haber desarrollado, en Buenos Aires, una conferencia internacional abierta y luego una conferencia de la Coordinadora por la Refundación de Cuarta Internacional (CRCI), luego de la realización del XXV Congreso del Partido Obrero.

Crisis de dirección, crisis de la Internacional

Estamos en una instancia política muy importante. Por lo tanto, creo oportuno reflexionar con ustedes lo siguiente: toda la historia del Partido Obrero, desde el mismo día de su fundación, está asentada en la construcción de una Internacional revolucionaria. Vayan a buscar lo que escribíamos los adolescentes que comenzamos este desarrollo, en el primer número de nuestra revista, Política Obrera, y en su primera página, y van a encontrar la esencia de la estrategia que nuestro ha venido siguiendo desde el comienzo mismo: la reconstrucción de la Internacional revolucionaria. Porque, en esencia, lo que llamamos la crisis de dirección de la clase obrera no es otra cosa que la ausencia o la destrucción de la Internacional. La clase obrera es una clase mundial, sólo puede triunfar en el terreno mundial, sólo puede triunfar con una política internacional y sólo puede triunfar con esta política internacional si tiene una organización internacional.

Cuando teníamos apenas 20 años ya habíamos entendido esto y sobre esta base construimos y luchamos por desarrollar al Partido Obrero. La estabilidad y la capacidad de dominación del capitalismo reposa en una sola nota: la división del proletariado, las luchas aisladas, esas luchas aisladas que, en la zona norte o en El Tabacal en Salta, o en el conjunto de la Argentina, determinan muchas veces las derrotas, por no tener un carácter general. Es el corazón del problema: la crisis de dirección es esencialmente la crisis de la organización internacional de la clase obrera. En la lucha por la superación de esta crisis nosotros nos hemos dado un método, que es el de construir y reconstruir la Internacional en una lucha política franca con las organizaciones, los militantes, las mujeres, los hombres, que en todo el mundo se esfuerzan por poner en pie al proletariado. Nosotros queremos construir sobre la base de lo que el proletariado ha ido construyendo y, aunque sean partidos grandes o partidos chicos, son construcciones del proletariado, porque la construcción de la clase obrera no es una expansión edilicia, es todo lo que se aprende en la lucha, independientemente que el resultado sea una derrota o una victoria, la derrota puede ser la gran fuente de enseñanzas y la que pone fin a todas las derrotas.

Por eso, el método con que estamos trabajando y hemos ido trabajando no ha sido de ninguna manera exportar la experiencia argentina a nivel internacional o, por caso, exportar la experiencia griega a otros países o exportar la experiencia turca. Es una lucha política. Nosotros no estamos en una autoconstrucción internacional, es decir en la extensión de una secta política de un país a otros países, más o menos vecinos o más o menos distantes. En esa lucha política, en la tribuna de hoy, ustedes han tenido a una compañera que habla en nombre de la tradición del comunismo de Rusia, incluido el estalinismo, pero que hoy tiene que confrontar la destrucción total de las conquistas de la Revolución de Octubre por obra de la alianza de los estalinistas rusos que controlaban el Partido Comunista, por un lado, y el imperialismo mundial, por el otro. Se tienen que plantear nuevas tareas y nuevos desafíos, se plantean esas tareas y esos desafíos con las armas que han heredado o que lo mejor supieron heredar, y nosotros discutimos políticamente con estos compañeros para saber si todos juntos podemos dar un salto adelante y construir una Internacional para que Rusia vuelva a ser, como lo ha sido durante un largo período histórico, el territorio de la Revolución de Octubre, la reconstrucción revolucionaria de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas fundadas por Lenin y Trotsky en 1918. Es por eso, que una de las cosas que más me llegaron en estos días, fue cuando me dijeron que en el blog más importante de Rusia han sido publicadas las resoluciones en la Conferencia Internacional abierta en ruso (aplausos).

Guerras, revoluciones

Hoy estamos en un período de guerras crecientes, en los documentos eso está ampliamente desarrollado. Tenemos que entender, sin embargo, que las guerras no son otra cosa que la manifestación extrema del carácter insoluble de los antagonismos capitalistas. Cuando llegan a un punto de explosión, esos antagonismos capitalistas engendran la guerra. Pero son los mismos antagonismos capitalistas cuando llegan en su explosión, los que generan la revolución, y la guerra y la revolución son dos extremos del estallido de la sociedad capitalista, uno reaccionario y otro revolucionario. Se han acumulado contradicciones explosivas que determinan un futuro revolucionario, porque cuando la revolución no frena la guerra, la guerra desata la revolución.

Esta es la síntesis de los análisis y de las conclusiones a que hemos llegado en la Conferencia Internacional. Hemos desenvuelto este análisis para tener una caracterización adecuada de las fuerzas en pugna, en presencia. El imperialismo, por medio de una política de guerra, no puede pretender simplemente conquistar el mercado mundial, que lo ha conquistado hace mucho; no puede pretender simplemente pretender volver a repartirse el mercado mundial, que ya se lo ha repartido tantas veces que ha quedado concentrado en un período histórico importante, en manos del imperialismo norteamericano. El objetivo de la guerra es quebrar las resistencias, los obstáculos y la crisis, en las naciones y en los territorios, que han hecho una restauración capitalista, y del proletariado mundial y sus organizaciones.

Cuando la compañera del OPK que hizo uso de la palabra aquí, señaló la comparación que hacían los trabajadores en Rusia entre su nivel de vida actual y los niveles de miseria que siguieron al período subsiguiente a la disolución de la Unión Soviética, mencionaba algo fundamental. Es que en el período subsiguiente a la disolución de la Unión Soviética, Rusia estaba en directo estado de desintegración y es ese estado de desintegración el que ha llevado a los aparatos militares y a la burocracia a un esfuerzo por reconstruir el Estado y evitar esa disolución, la guerra civil y la revolución. La diferencia entre los regímenes que han gobernado Rusia, al principio y después, consiste en esto, darle orden y método a la restauración capitalista por medio del Estado.

Revolución proletaria y restauración

Ahora estos Estados aparecen en conflicto con el imperialismo mundial. Los anuncios de guerra económica, entre China y Estados Unidos, en los últimos días, lo demuestran. Significa una advertencia a China, de que si no abre más profundamente sus mercados, sus territorios y la explotación de sus poblaciones agrarias, va a entrar en un conflicto militar con Estados Unidos. Estas amenazas tienen detrás de sí un poderío militar que no cesa de crecer. Hace como tres días, el jefe del Estado Mayor de la Otan explicaba a un diario internacional el uso de la inteligencia artificial en las futuras guerras y cómo está diseñado eso en la mesa de planeamiento de la Otan. El horizonte del imperialismo es la guerra; el horizonte declarado de nuestras fuerzas internacionales y de clase obrera internacional debe ser la revolución.

El proceso de disolución de la Unión Soviética, también atravesó, de un modo diferente a China, sobre el fin de la Revolución Cultural con Mao Tse-Tung. El estallido de la Revolución Cultural desata un golpe de Estado de una fracción de la burocracia, para retomar el control y arribar a un compromiso con el imperialismo mundial. La restauración capitalista en la Unión Soviética y en China es la reacción de la burocracia frente a la amenaza de las revoluciones proletarias en esos países. Esto lo hemos discutido detenidamente.

El nuevo escenario de guerra, no con estados capitalistas, sino, ahora, con estados restauracionistas, o sea en transición al capitalismo, es la consecuencia de la crisis mundial. Desde 2007/08, la literatura del Partido Obrero advirtió que con esta crisis mundial entrábamos en un período de crisis de regímenes políticos y entrábamos en un período más agudo de guerras internacionales.

Internacionalismo es independencia política

Plantear las cosas de esta manera implica una estrategia política de mayor alcance, de un alcance extraordinario. Nos tenemos que dar, en primer lugar, los medios de una lucha internacional. ¿Por qué las revoluciones son derrotadas? Las revoluciones árabes, las revoluciones en distintos países, fracasan, por un lado por no tener una dirección revolucionaria, o sea por la carencia, de parte del proletariado mundial, de una política internacional. El proletariado de los principales países no se movilizó en apoyo de las revoluciones árabes y, por su lado, las direcciones políticas más avanzadas del mundo árabe no trabajaron políticamente en función de una perspectiva internacional, es decir con una política independiente de la burguesía en crisis. Ocurrió lo que, en términos, más trágicos por supuesto, pasa en la Argentina, que se dividen entre macristas y kirchneristas, y allá entre islámicos y laicos, sólo que los laicos son las Fuerzas Armadas y los islámicos representan la dirección clerical del sector más empobrecido de la población. La unidad mundial de la clase obrera y la comprensión de esta unidad mundial es la clave para organizar realmente partidos revolucionarios y transformar a esos partidos revolucionarios en un camino de victoria.

La cuestión internacional condiciona a todas las clases sociales y a todos los movimientos políticos. Recuerdo que un día antes de la inauguración de un congreso de la Unión de Juventudes por el Socialismo, llamé la atención acerca de un llamado de Hugo Chávez a construir la V Internacional, es decir que el movimiento bolivariano o la revolución bolivariana, requería de una orientación internacional. Tuvo el infortunio de anunciar la construcción y la perspectiva de la V Internacional ante el Partido Revolucionario Democrático de México y los representantes de Mugabe, el presidente de Zinbabwe, y otros partidos latinoamericanos. Quería construir la V Internacional com una burguesía fantasma, con los ladrones del tesoro público y con partidos patronales. Esa V Internacional era una caricatura. La Internacional sólo puede ser la construcción de la clase obrera porque es la única clase universal. Con estas conclusiones vamos a desarrollar nuestra política internacional.

El método de construcción

La IV Internacional fue fundada en 1938, han pasado 80 años; si 80 años después no existe la IV Internacional, ¿quiere decir que fracasó la iniciativa de su construcción? Si nosotros hicimos un congreso de la CRCI en 2004 y no hemos avanzado todo lo que hubiéramos querido avanzar, ¿quiere decir que fracasamos? Si Lenin fundó la Internacional en 1919 y hacia finales de 1923, después de la derrota de la revolución alemana, entró en la pendiente del zinovievismo y del estalinismo, ¿quiere decir que Lenin hizo mal en fundar la III Internacional? Contestar este interrogante es clave.

La Internacional es una hoja de ruta y, en esa hoja de ruta, la unidad de la clase obrera internacional enfrenta contradicciones, antagonismos y crisis permanentemente, y es en la intervención de esas crisis, en las conclusiones de esas crisis, en el afán de mantener la continuidad de los objetivos internacionalistas de la clase obrera que, con más o menos rapidez, se va desenvolviendo la organización internacional.

Desde el Congreso el Congreso de fundación de la CRCI, en desenvolvimos la lucha por la organización internacional, por medio de una delimitación de posiciones políticas, en las etapas sucesivas de la crisis mundial. En la construcción de la CRCI, fue cuestionado nuestro planteamiento que advertía acerca de la inminencia de la crisis mundial y de la tendencia de la crisis mundial a la disolución de las relaciones sociales capitalistas. El cuestionamiento a nuestro catastrofismo significó un cuestionamiento a las perspectivas sobre las cuales nuestra organización debía orientar su actividad práctica, su organización, su propaganda y su agitación.

Ahora bien, quienes nos cuestionaban se enteraron, a fines de junio o a principios de julio de 2007, y luego en septiembre de 2008, que el capitalismo mundial había entrado en la crisis más grande de su historia. Sobre las bases de estas perspectivas nuestro partido ha tenido el desarrollo que ustedes conocen, y como consecuencia de los otros planteamientos, esos partidos hoy prácticamente no existen, y uno de ellos, citado acá, pasó de 500 militantes, en un país de 60 millones de habitantes, a 250. Las luchas políticas y la confrontación de las posiciones con el proceso real, son el método para construir la Internacional en una época de convulsiones y giros de los más extremos. Esas crisis de partido no invalidan la construcción de una Internacional, son su modo de desarrollo, su modo de arribar a conclusiones más amplias y a un reclutamiento de fuerzas más consistente. El intento de saltar la lucha política como medio de construcción y pretender una homogeinización abstracta por anticipado, reemplaza la política por un solución administrativa. Las contradicciones que enfrenta el trabajo político internacional no tiene una solución administrativa, porque exportar a la propia secta no es construir un fenómeno internacional, sino que es esparcir el sectarismo por todo el mundo (aplausos).

Acerca de lo que mencionó un compañero desde esta tribuna, sobre el carácter faccional que tienen las luchas en la izquierda, planteo: ¿cómo distinguir una lucha faccional de una lucha no faccional? Caracterizar todas las luchas políticas de faccionales, es desvalorizar la lucha política. La lucha faccional tiene que ver con la organización sectaria de la izquierda, la secta engendra la lucha faccional. Los partidos revolucionarios, que se desarrollan en las masas, que se desarrollan con un programa, que hacen un balance de la experiencia, se apartan de la lucha faccional, y hacen de cada lucha política un intento de avanzar en términos de programa. Es incuestionable.

Trump y Putin y Xi Jinping

Quiero volver a esto: las guerras son el termómetro de que las contradicciones del capitalismo no tienen salida por la ‘vía normal’ de la economía y la política. Trump le ha dado al mundo la conciencia de que que no hay salida capitalista sin intimidación y guerra. China y Rusia, Xi Jinping y Putin no son la contrapartida de Trump, son el reflejo de Trump. Constituyen un intento de desarrollar restauración capitalista en alianza con el propio imperialismo - ¡no podría ser de otro modo! Lo dice todo el tiempo Xi Jinping, “necesitamos capitales extranjeros”; lo dice Putin. No quiero discrepar públicamente con la compañera rusa, pero los derechos de las mujeres, de los gay y todo lo demás, en Rusia están completamente pisoteados (aplausos). Es uno de los países más violentos del mundo, el resurgimiento de la Iglesia Ortodoxa, del clero ortodoxo…, creo que están discutiendo o va a salir una ley para establecer reglas de vestimenta en las mujeres, lo puedo documentar, mañana les digo el número de ley y todo. Son regímenes reaccionarios y su intervención en la política mundial es reaccionaria, porque intervienen en la política mundial con el argumento de resistir la presión imperialista para salvar el proceso de restauración capitalista, que es un proceso contrarrevolucionario. La política de Xi Jinping y de Putin son políticas reaccionarias porque responden a los intereses de una estructura social reaccionaria, contrarrevolucionaria, anti-obrera, aplastamiento de los derechos nacionales de la periferia y de los derechos civiles. En eso somos muy claros y estamos discutiendo. Nos felicitamos de que una gran publicación rusa publique las resoluciones de la conferencia nuestra en ruso.

Es necesario evitar convertir en un mito, del tipo “soy internacionalista, todo lo que pasa en el mundo me afecta”. Internacionalismo significa caracterizar las contradicciones y las crisis que se plantea en el seno de la clase obrera y ayudar a resolverlas, porque el imperialismo mundial se dedica sistemáticamente a azuzar las rivalidades nacionales. Es lo que ocurre con la inmigración y el exilio por la causa de las guerras y de las miserias. El capital y el Estado enfrentan al trabajador del país con el trabajador inmigrante, para destruir la unidad de la clase obrera. Es un chovinismo disolvente. Allí donde los gobiernos impulsan la fobia anti-inmigración, como Hungría, el Estado fomenta la inmigración clandestina, para destinar a la superexplotación por parte de compañías definidas. Angela Merkel ha dicho que Alemania necesita más trabajadores inmigrantes, cuando tiene una cantidad fenomenal de trabajadores de Turquía sin cuya explotación el capitalismo alemán no hubiera dado ni un paso adelante.

Cincuenta años del 68

Este año vamos a celebrar el 50° aniversario del ’68 mundial, cuando aparte del levantamiento y la huelga general, con ocupaciones de fábrica en Francia, se produjo el levantamiento obrero en Checoslovaquia, el levantamiento de los estudiantes mexicanos y la guerrilla vietnamita contra los norteamericanos, la gran derrota del imperialismo norteamericano.

Después de la posguerra, el ’68 fue la primera gran manifestación de que la vanguardia de la clase obrera quería una dirección política diferente a la del estalinismo y la socialdemocracia. En cierto modo el castrismo elevó enormemente su estatura es porque aparece como una revolución no conducida por el estalinismo o aparece como la revolución no estrangulada por el estalinismo y aparece como una revolución de una corriente nacional frente a los intentos del estalinismo de estrangular la revolución, y, por un tiempo, va hacia adelante contra los estalinistas.

Lo mismo ocurre en el Mayo francés. Allí no estaba el Partido Comunista francés a la cabeza, estaba a la cola, y luego fue el que intervino para cerrar el Mayo francés. ¡Cómo iba a estar el PC francés a la cabeza, si todo el mundo en Europa apoyaba al proletariado checoslovaco que se estaba levantando contra la burocracia estalinista - en la huella de las grandes huelgas de Polonia! Por eso, alguna vez tendremos que discutir si el ’68 no fue el ensayo general de lo que esperamos que ocurra ahora como consecuencia de la crisis mundial; es decir, una primer tentativa grandiosa, enérgica, revulsiva.

En este aniversario del ’68, el señor Macron, que había impuesto la reforma laboral sin encontrar resistencia y con la burocracia traicionando, se sorprende ahora de que al aplicarla en los ferrocarriles, le han enchufado una huelga general de dos meses, que se va a aplicar dos días, todas las semanas hasta junio y, en ese camino, se han unido los estudiantes, los de Air France, los de nuevas industrias. Tenemos un proceso abierto, y el hombre que ganó las elecciones con una amplia mayoría, ahora se encuentra amenazado en el año ’18 por una repetición. La dimensión de la crisis mundial no se puede minimizar. Muchos de ustedes no se acuerdan la alegría general que produjo que provocó en la reacción política la disolución de la Unión Soviética o el empuje económico que dio la apertura económica de China y, por lo tanto, toda la expansión capitalista. Pero, diez o doce años después de la disolución de la Unión Soviética, se producía el Argentinazo, es decir que el escenario mundial empezaba a ser protagonizado por los levantamientos populares. Ahora, el lugar de la disolución de la Unión Soviética, lo ocupa la disolución de la Unión Europea.

América Latina

Compañeros, en muchas oportunidades hemos señalado que el combate principista y la delimitación política, en especial en los momentos políticos difíciles, fue lo que permitió que el Partido Obrero acumulara las fuerzas necesarias para poder producir otros avances. Sin embargo, en un sentido histórico más general, el Partido Obrero tiene como base granítica, desde su fundación, el internacionalismo proletario. Esto es absolutamente incuestionable.

Ahora, echemos una mirada en relación con este escenario mundial a América Latina, en este escenario de guerra. León Trotsky escribió un artículo especial sobre eso. ¿Por qué decía Trotsky que América Latina desempeñaba un papel fundamental en la segunda guerra, cuando casi no participaron de ella? Porque América Latina era el patio trasero de los imperialismos que iban a la guerra y que sin el suministro, el apoyo, de este patio trasero no podían desarrollar la guerra. Ahora, vuelve a jugar este mismo rol, mucho más agravado. Las crisis que están afectando al conjunto de América Latina son una manifestación de la presión imperialista para terminar con experiencias que puedan limitar el alineamiento integral de América Latina en el apoyo a las guerras que se van a emprender – mediante el abastecimiento de la soja, los minerales, el hierro y, por sobre todas las cosas, por la oposición política de la clase obrera y el campesinado.

¿Qué significa, si no, el muro de Trump entre México y Estados Unidos y la anunciada militarización de la frontera? ¿Qué significa la IV Flota? ¿Qué significan las bases norteamericanas? Ahora, se van a reunir en abril, en Lima, para diseñar cómo van a acabar con el proceso venezolano, que está completamente agotado y terminado, y al que no encuentran una salida. Van a discutir una propuesta de Macri, quien se la propuso a Trump, para establecer un embargo del petróleo venezolano. En esto colaboran los rusos y los chinos, porque si bien se disputan el petróleo de Venezuela, en lo que están de acuerdo es que hay que privatizarlo, unos para los norteamericanos y otros para los chinos, y especialmente para los rusos con la empresa Rosneft.

Lula, en este momento, ha tenido un ‘día glorioso’, y va a ir preso, en una operación política que hemos denunciado reiteradamente, porque nosotros fuimos más lejos que cualquier organización en caracterizar la destitución de Dilma Rousseff como un golpe. Nuestra prensa discutió la cuestión del golpe, inclusive cuando no había llegado al campo de decisiones de la burguesía. Cuando hay una crisis entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo, o el Legislativo disuelve al Ejecutivo o el Ejecutivo disuelve el Parlamento, y eso depende de unas relaciones de fuerzas en la que el factor más importante son las Fuerzas Armadas. Ahora se ve, en este proceso de Lula, dónde se paran las FFAA. El comandante en jefe del Ejército pidió que fuera condenado, por twitter, porque él sabía que había un voto en disputa en el Tribunal Superior de Justicia, para mandarlo a la cárcel.

Lula, sin embargo, es responsable de la mayor desmoralización que se haya producido en la clase obrera en América Latina que tengamos memoria. Lula gobernó para el imperialismo, gobernó para los chorros, gobernó para Odebrecht y fue su agente comercial en todos lados. Lula evitó declarar una huelga en defensa de Dilma para que no se lo viera en una posición subversiva y evitó declarar una huelga en defensa de él mismo para que se no rompan definitivamente los puentes con la burguesía y la posibilidad de una futura liberación o de un futuro indulto. Movimientos como el PT, el centroizquierdismo, el movimientismo, el nacionalismo burgués, que se llenan la boca todo el tiempo diciendo “trotskistas, no sean funcionales a la derecha; no se opongan a mí, porque oponerse a mí es ser funcional a la derecha”, son los que desmoralizan a la izquierda en la clase obrera. ¡No han hecho una huelga contra el ajuste! Piensen ustedes que Acuña, Daer y Schmid han hecho más paros en los últimos años que la Central Única de Trabajadores, del Partido de los Trabajadores de Lula, frente a un ataque que todavía es más grave que el que sufre el obrero argentino de parte de Macri. Para sostener la alianza con la burguesía, Lula montó desde su gobierno una “coalición a la carta”, que costó un montón de guita, porque se apoyaba en el soborno a los legisladores. De ahí nació el mensalão, el sobresueldo, por el mensalão está preso, y nadie se movilizó y nadie protestó, el secretario general histórico del Partido de los Trabajadores de Brasil, que se llama José Dirceu, y nadie se quejó, y el tesorero del PT está preso. ¿Ustedes se enteraron de alguna movilización por ellos? ¡No! A confesión de partes, relevo de pruebas. No se puede dejar pasar la enorme responsabilidad de estos partidos para entender por qué tenemos que llamar a la clase a confiar en su independencia política, en su autonomía política, en su unidad, en su lucha de clases. El partido que denuncia esto es el mismo que está llamando a luchar contra el golpe militar, político, institucional y judicial, y por las libertades democráticas de Brasil (aplausos). El partido que piensa esto de Lula lucha contra el golpe político en Brasil.

CRCI

Compañeros, sobre estos temas hemos debatido en la comisión y en la plenaria del Congreso del Partido Obrero, en la comisión de la Conferencia Internacional, en la conferencia de la CRCI - y ahora cierro. La conclusión política fundamental es que hay que desarrollar la CRCI. Su método político ha sido reivindicado por los hechos, por eso hoy tenemos adhesiones de Azerbaiyán, la presencia de un Partido Comunista Unificado, que lucha contra Putin en Rusia, que no le vota las leyes, que es perseguido por Putin, que organiza a la clase obrera y que ha votado las resoluciones de la Conferencia por la recuperación de la Unión Soviética en los términos de la Revolución de Octubre (aplausos).

Esta perspectiva tenemos que acentuarla y tiene que ser tarea de todos los militantes en cada círculo de su actividad; por ejemplo, con los trabajadores. Vino una delegación de trabajadores a quienes le están vaciando la empresa, hizo uso de la palabra aquí y el sólo hecho de venir a una tribuna internacional, con los compañeros del Partido que luchan con ellos merece un reconocimiento y un aplauso porque es así como hay que reclutar a los trabajadores en Argentina (aplausos).

Tenemos que desarrollar esto a fondo. Nos hemos comprometido a tener una revista que traduzca todo este proceso político, que lo elabore, que lo teorice, que sea una tribuna de debate y, al mismo tiempo, que sea una tribuna teórica de la evolución del movimiento obrero y de sus experiencias, de cómo está procesando lo que está viviendo y cómo se está aproximando, por la vía de la movilización, de la organización, de sus tendencias, a un proceso revolucionario. Ustedes cotejen este balance que ofrecemos con la de algunos partidos; acaba de haber un congreso de los partidos del Secretariado Unificado, de esos partidos pluralistas, amplios, guevaristas, ecológicos, animalistas, trotskistas y otros, es decir que convierten “la unión hace la fuerza” en “revolcados somos más”. No tiene ningún sentido (aplausos). Hacen un balance derrotista; es un balance que repite todo el tiempo “las relaciones de fuerza no dan”, como si uno tuviera que poner un aljibe para que caigan las relaciones de fuerza positivas del cielo y las relaciones de fuerza no sean el resultado, también, de la calidad de lucha política de los sindicatos obreros y de los partidos obreros. Nosotros acá hemos tenido un montón de relaciones de fuerza en contra, que después se transformaron en relaciones de fuerza a favor, a través de una lucha política concreta. Comparen los balances del SU y de la CRCI. Nosotros trazamos a través de textos, que siguen un método, siguen una premisa, tienen un hilo de continuidad con la lucha política anterior, una perspectiva victoriosa, porque estamos ante el derrumbe del proceso capitalista que tetaniza a Estados y regímenes políticos.

Un comentario que se hizo en la Conferencia: cuando Trump le empezó a gritar a Corea del Norte, que la iba a bombardear, naturalmente, mucha gente se asustó, pero después de un año de experiencia con Trump hay que tomarlo también de otra manera, como parte de la crisis política del bonapartismo norteamericano.

Ocurre que había elecciones en Pennsylvania. Hay una película con Robert De Niro que ilustra el punto, que se llama “La cola mueve al perro”, en lugar de que el perro mueva la cola, donde un gobierno con problemas en Estados Unidos, decide desviar la atención con una guerra.

La amenaza de Trump a Corea del Norte con una guerra, coincide con elecciones en Pennsylvania, donde Trump le había ganado a Hillary Clinton por 30 puntos de diferencia, y donde pretendía volver a ganar con vistas a la renovación parlamentaria general en el fin de año actual. El candidato de Trump, sin embargo, fue derrotado por una mujer que, además, es negra. Como se dijo muy bien acá, Estados Unidos solamente puede mantener un equilibrio interno, como gran potencia mundial, si logra imponer un equilibrio internacional, si se rompe ese equilibrio internacional, se rompe el equilibrio interno de Estados Unidos. Este desequilibrio fenomenal está despertando el interés político de las masas - de las mujeres, de los chicos éstos de la escuela de Miami, donde mataron como a 17 jóvenes y terminó provocando una movilización juvenil en todo el país.

Argentina

Nosotros, en Argentina, estamos inscriptos en esta perspectiva, y la perspectiva del macrismo, la del pejotismo y la del kirchnerismo está fuertemente afectada por este sacudón mundial. Macri no ha evitado hasta ahora pronunciarse sobre el tema de Lula. Ahora tiene que ir a Lima, en abril, a ver qué hacer con Venezuela. Si ustedes leen un artículo en “La Nación”, de Sergio Berensztein, quien es el teórico del macrismo, en la anteúltima página de hace unos días, donde dice “esto no va a ningún lado, esto está acabado”. Es el reflejo de la bancarrota capitalista mundial. Ahora no sabe si la guerra comercial entre Estados Unidos y China por la soja va a hacer subir o bajar los precios. Si China no compra la soja norteamericana, tiene que subir la soja argentina y la soja brasileña – los monopolios irán a comprarla más barata a Estados Unidos. Cuando la soja en un lugar sube y en otro lugar baja, tiende a regularse en un arbitraje entre las dos; es decir, esta guerra puede golpear a la oligarquía sojera. Finalmente, uno de los productos más importantes de la oligarquía sojera en Argentina, el biodiesel, sigue sin entrar a Estados Unidos y, al final, las compañías cerealeras son también yanquis. Trump prohibió el ingreso del biodiesel porque hay una cerealera norteamericana que quiere comprar Bunge y Born, y cuando esta cerealera norteamericana compre Bunge y Born, probablemente se levanten los aranceles, pero eso sería una colonización comercial de Argentina por parte de Estados Unidos.

Entonces, en esta perspectiva mundial obviamente va a haber flujos, reflujos, que habrá que ir verificando en la lucha, pero la tendencia de orden general es convulsiva, a los cuales ni kirchneristas ni pejotistas, ni macristas, le pueden dar ninguna perspectiva. Por este solo hecho la izquierda revolucionaria es candidata al poder en Argentina. Hay que candidatearse, que los trabajadores lo vean como un polo de poder y como una perspectiva de poder. Y el desafío que tenemos ahora es derrotar la reforma laboral e imponer el derecho al aborto.

Tenemos por delante dos grandes luchas reivindicativas, profundas, de los trabajadores de Argentina, detrás de los cuales se abre un problema de poder. Tenemos que ir más lejos del 18 de diciembre. Con la movilización de toda la clase obrera por el derecho al aborto, porque el derecho al aborto es el derecho a la salud y a la vida de la esposa del obrero, de la madre del obrero, de las familias de los obreros y obreras, de los seres humanos como tales (aplausos). Todos tienen que involucrarse en esta gran lucha. Si podemos ponerle el sello del Partido Obrero y del Frente de Izquierda a la victoria de esa lucha, nosotros seremos, a corto plazo, candidatos al poder.

¡Adelante, compañeros!

Sobre el Autor

Jorge Altamira

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