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23 de abril de 2018

Trump - Kim Jong-un: la guerra por otros medios

Escribe Jorge Altamira

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El proceso diplomático entre las dos Coreas y Estados Unidos, especialmente, a partir de los Juegos Olímpicos en Seúl, reúne, en apariencia, todas las características de una cuadratura del círculo – y, por ciento, de la extorsión. Hasta poco antes del inusitado viaje de la hermana de Kim Jong-un, el presidente de Corea del Norte, y otro par de diplomáticos, a Corea del Sur, los titulares de la prensa internacional anunciaban repetidamente la inminencia de un ataque norteamericano contra las instalaciones nucleares y de lanzamiento de misiles de Norcorea, y el despliegue de portaviones de Estados Unidos. El Consejo de Seguridad de la ONU había votado sanciones económicas severas contra Corea del Norte, por unanimidad. Esta posición extrema, contradictoriamente, es el antecedente del giro que pegó la relación diplomática ulterior, porque la solución militar a la crisis no había madurado, sea en forma unilateral por parte de Estados Unidos, o en forma conjunta por parte de las Naciones Unidas. El impacto de las sanciones sobre la economía de Corea del Norte es objeto de discrepancias entre los observadores: mientras algunos sostienen que fueron las más amplias y mejor cumplidas de todas las anteriores, otros muestran un crecimiento del PBI del país, en ese período, para sostener lo contrario.

De un impasse a otro

La cuadratura del círculo que enfrenta la etapa diplomática que acaba de comenzar se pone de manifiesto en la incompatibilidad de las posiciones en pugna. El gobierno de Trump reclama la “desnuclearización” de Corea del Norte, además de la destrucción de las armas bacteriológicas y el desmantelamiento de su arsenal de misiles. Kim Jong-un interpreta la “desnuclearización” de un modo más amplio. Es así que reclama que se “desnuclearice” toda la península coreana y Japón, y el retiro de las tropas norteamericanas de la región. Una mayoría de analistas prevé que la negociación de estas posiciones en disputa será inusitadamente larga. A Trump lo condena el pasado, porque el libio Khadafi no salvó su régimen ni su vida cuando aceptó desmantelar su arsenal nuclear contra garantías de seguridad en el papel, ni Irán ha conseguido normalizar las relaciones económicas internacionales luego que firmara un acuerdo de contención nuclear por más de una década con seis estados, que incluyen a Alemania, Rusia y China – además de EEUU, Gran Bretaña y Francia, la banda que protege con bombardeos a las grupos financiados por Arabia Saudita y Turquía que operan en Siria. Tampoco sobrevivió la garantía de un status de no alineamiento y neutralidad para Ucrania, que comprometió Bush padre con Gorbachov – el ex primer ministro de Rusia.

Este impasse de partida para las prometidas negociaciones diplomáticas a tres bandas (EEUU y las dos Coreas) y una cuarta al acecho (China) impone la necesidad de una caracterización más general de las estrategia en juego. Es lo podría emerger potencialmente al cabo de un largo proceso de negociaciones – como ocurrió con las dos décadas, aproximadamente, que llevaron las tratativas entre Estados Unidos y China. O las más largas aún con Cuba, varias veces interrumpidas, y ahora en un relativo impasse.

Región sísmica

Una peculiaridad de la situación en el noreste de Asia es que Corea del Norte no fue arrastrada, como ocurrió con Vietnam y el resto de Indochina, a la ola de restauración capitalista iniciada por China y la ‘normalización’ diplomática con ‘Occidente’. Una razón fue la resistencia a caer bajo la órbita de Pekín o la resistencia de Rusia a esa posibilidad. Una restauración capitalista a gran escala por parte de Corea del Norte, bajo la dirección del Estado, hubiera desatado una competencia feroz en la península coreana y con Japón, y la disputa acerca de la hegemonía en una unificación de las dos Coreas. Es esta la consideración estratégica fundamental que preside la negociación actual, que al final del camino plantea una reorganización de Corea del Norte en términos capitalistas. Las alternativas que se presentan, son: una Corea del Norte de restauración capitalista, aliada a China; una unificación del Norte y el Sur, pero en cuáles condiciones; el lugar de Estados Unidos y de Japón en esta reestructuración, que tendría amplia incidencia en Asia Central y Rusia. Trump ya dejó claro que la presencia militar norteamericana en Japón y Corea del Sur no esa siquiera puesta en la mesa.

Lejos de una atenuación de las contradicciones y antagonismos, la tentativa de cambiar el escenario político en la región plantea una agudización en su conjunto. En las vísperas de las tratativas, Trump ha bloqueado numerosas incorporaciones de empresas de China al capital de compañías tecnológicas estratégicas de EEUU; iniciado una confrontación comercial; y presionado por una apertura de los mercados de capitales de China. Ha reforzado la presión contra Irán y el apoyo a la política de expulsiones del estado sionista. Llama la atención que Trump haya revisado su salida del Tratado del Transpacífico, concebido para competir con China, y pedido el reingreso. El caso de Japón es fundamental, porque enfrenta un enorme retroceso y crisis bancarias, en el marco de una deuda pública que es la mayor del mundo – un 300% del PBI. Las medidas contra las grandes compañías rusas han sido brutales – las ha excluido del mercado mundial, incluida la posibilidad de una quiebra (el pulpo del aluminio Rusal y otros doce monopolios). Cualquier arreglo que lo margine estratégicamente sólo acentuaría una crisis interna que se perfila enorme. Algo similar se podría decir para el futuro de Taiwán. De un modo más general, es posible advertir que una reorganización estratégica en la región deberá despertar un enorme interés político entre los trabajadores de todos los países envueltos.

“Ultraimperialismo” y guerra

Para varios estudiosos, una de las rutas de este proceso podría desembocar en un gran acuerdo internacional USA-China (Le Monde, 21/4), y serviría para evitar una guerra mundial. Algunos economistas aseguran que los bancos centrales de EEUU y de China ya han acordado una política monetaria común – el ‘gran acople’. Estaríamos en presencia un ‘revival’ del “ultra-imperialismo”, que teorizó el revisionista alemán, Karl Kautsky. En realidad, van primando los antagonismos, en especial en Asia Central, que se acaba de manifestar en la crisis que ha estallado en Armenia. Un ultra-acuerdo USA-China, inviable, desataría una crisis fabulosa en la Unión Europea.

Para varios politólogos norteamericanos, la decisión diplomática de Trump es poco menos que una improvisación, motivada por la necesidad de desviar la crisis política de su gobierno, acosada por denuncias judiciales de todo pelaje. Contradice, por otro lado, la demagogia nacionalista con la que quiere asentar su base social y electoral. La cuestión coreana, en definitiva, se juega en el terreno de la crisis capitalista mundial y las guerras.

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