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Balance de la primera corrida

La gran estafa.

El oficialismo se esforzó por ocultar la euforia que le produjo la renovación de Lebacs, el martes 15, para evitar ofrecer una imagen de triunfalismo. Se trata, en realidad, de un suspiro de 28 días, cuando vencen el 65% de las Letras recicladas, o de 60 días, cuando vence el 80%, pero esta vez no al 27/28% de interés, sino al 40%. La factura por esos intereses habrá pasado a $160 mil millones, a una tasa anual, frente a menos de cien mil millones a la tasa de 35 días antes. 

Festejar una ‘renovación’ de deuda con un incremento de intereses semejante, es un despropósito y un negociado. A diferencia del capital que es pasible de renovación, los intereses hay que pagarlos en efectivo, lo que se hace por medio de emisión monetaria. Mientras los Melconian, Prat Gay y Cavallo reclaman que se desarme la bomba de tiempo de las Lebac, el gobierno la ha hecho más incendiaria aún. En resumen, la situación financiera e inflacionaria ha empeorado en forma considerable, con plazo al 28 de junio próximo.

Negociado al por mayor

El gobierno ha llegado al resultado de ayer a costa de una pérdida de reservas de más de u$s10 mil millones y una devaluación, desde noviembre pasado, del 25%. Perdió más del 20% de las reservas. El Banco Central financió la renovación con recursos propios, al autorizar a los bancos públicos y privados a comprar Letras con el encaje que deben mantener como garantía de los depósitos. Otra parte la financiaron los jubilados, puesto que el Anses renovó por completo su stock de Lebacs a la fecha de vencimiento. Sin embargo, incluso con este jolgorio de dinero público, tuvo que entregar otros u$s800 millones a quienes prefirieron seguir sacando dinero de Argentina. Para detener la corrida, el Central había anunciado su disposición a rifar u$s5 mil millones a un cambio de $25 por dólar. De este modo, la devaluación del mercado se transformó en devaluación oficial. Cristiano Ratazzi, de Fiat, había pedido un dólar de 26-28 pesos, lo que seguramente fue apoyado por Techint. Macri, según los diarios, tuvo que arbitrar por una tasa más baja, para evitar una mega inflación.

Los “renovadores” hicieron un negociado gigantesco. Ocurre que durante el tiempo que el dólar se mantenga a 25 pesos, es muy posible que las Lebac se ‘estabilicen’ a un interés del 30%, por ejemplo, lo cual aumentará el precio o cotización de ese título en los próximos días. Los especuladores con Lebac se harán con esa ganancia sin la necesidad de esperar al vencimiento del 28 de junio, porque lo venderán en el mercado secundario a este precio superior. En este negociado se han metido dos fondos buitres poderosos, Templeton y BlackRock.

De acuerdo a los medios, habrían cambiado u$s3 mil millones por pesos. La información oficial dice que ha sido para comprar un bono que el gobierno licitó sin aviso (salvo a esos buitres), los Bote, a un 20% de interés, a un plazo mediano, un bono que esos fondos ya poseen en un 50% del total. Los buitres compraron los nuevos Bote para evitar un derrumbe del valor de sus tenencias previas, y poder deshacerse de ellas, ‘ordenadamente’, en un futuro, probablemente enseguida después de la firma de un acuerdo con el FMI. Un 20%, con un dólar ‘estable’ por un período que va a ser corto, es un negoción. Pero igualmente deben haber comprado Lebac con un rendimiento del 40 por ciento anual. De manera que, luego de haber participado de la corrida cambiaria, llevándose dólares a 21 o 22 pesos, recompraron los pesos a 25, y los invirtieron en los Bonte y las Lebac usurarias. 

Dadas las relaciones estrechas entre el equipo financiero del gobierno y esos dos fondos, la Justicia debería meter las narices en el asunto como lo han hecho con el dólar futuro de K-K –Kicillof-CFK. Con estos movimientos, esos fondos buitres vuelven a colocarse en posición de fugar al dólar antes del próximo vencimiento de Lebac. Templeton y BlackRock, asimismo, han sido los principales beneficiados por la sanción de la ley de mercado de capitales, por la cual hicieron un ‘lobby’ brutal en el Congreso, incluida la presión de la corrida cambiaria que ellos iniciaron. Uno y otro habían anunciado el establecimiento de varios fondos especulativos apenas se sancionara la ley. Esos fondos se encargarán de negociar los Bonte que tienen en la cartera. El gobierno busca ahora disimular su dependencia política extrema de un par de especuladores, mediante la convocatoria a un “gran acuerdo nacional”.


Inflación y recesión

Las consecuencias de la devaluación y de la renovación de Letras, es un incremento fenomenal, en pesos, de la deuda externa y sus intereses, y de la deuda pública y los intereses del Banco Central. Es decir que asistimos a un crecimiento extraordinario del déficit fiscal, que es la razón por la que Macri ha recurrido al FMI, en un acto abusivo de poder personal –pues, según los diarios, no consultó ni a su propio gabinete. Mientras el Banco Central recibe el 1,25% de interés por las reservas que tiene depositadas en el Banco de Basilea, paga 40% de interés por las Lebac, con un dólar que el gobierno pretende mantener, de nuevo, sin modificaciones.

La devaluación del peso y la disparada de la tasa de interés golpearán fuertemente a los trabajadores, por mayor inflación y caída de la producción y el empleo. Lo dijo el mismo Dujovne. Se han desactualizado los ya desactualizados convenios colectivos de trabajo, lo cual pondrá en crisis la política de contención de las luchas, por parte de la burocracia sindical. Han golpeado, además, dos rubros económicos importantes, como el desarrollo inmobiliario y la construcción pública. El metro cuadrado de terreno ha acompañado la suba del dólar, desactualizando muchos contratos, en tanto que aumentará el costo de los créditos de vivienda por la mayor suba del índice de precios. El otro aspecto tiene que ver con la Propiedad Pública Privada para construir rutas, un proyecto muy dependiente del financiamiento externo y de las tasas de interés. Por este motivo, el sistema privado de construcción pública encarece en un 300% la que realiza el Estado. La carga se ha incrementado en forma extraordinaria por el cese de financiamiento externo, la devaluación y las nuevas tasas de interés. El FMI rechaza la pretensión del gobierno de que no se contabilicen como deuda pública los bonos que el Estado entrega a las constructoras contra certificado de obra, cuya tasa de interés la convierte en prohibitiva.

Crisis de conjunto

Mientras el gobierno festejaba con discreción la ‘estabilización’ episódica conseguida con este negociado, las devaluaciones de los llamados países emergentes seguía su ruta, incluso en Brasil, que se jacta de un stock de reservas internacionales de u$s350 mil millones. El caso de Turquía es, seguramente, explosivo. Algunos analistas creen ver el inicio de una crisis internacional. El valor de la deuda pública norteamericana sigue cayendo. El aumento del precio del petróleo, a pesar de la suba del dólar, aunque beneficie a los exportadores, que son pocos, es un golpe fuerte a los importadores, que son más, en especial la Unión Europea. Es otro golpe para Argentina que, en otra ‘excepción’ más, ha visto caer el precio de sus acciones, cuando el de las petroleras sube. Aplastada por deudas y por las derivaciones financieras de la corrida cambiaria, YPF no consigue financiamiento ni en condiciones tan favorables.

¿Qué pasará ahora con las tarifas, cuando el precio internacional del petróleo ha subido tanto y la devaluación ha encarecido el dólar? Un doble súper tarifazo lanzaría el sistema de precios al espacio. La producción petrolera, que sigue en caída, caería todavía más. En estas condiciones, el FMI, que no puso un mango para contener la devaluación del peso, se presenta con un programa que abandona las huellas mismas del ‘gradualismo’. El programa que el Fondo le presentará al gobierno potencia la crisis en lugar de atenuarla. El propósito de liquidar salarios y jubilaciones, y proceder al despido masivo de empleados estatales, dejará al 14 y 18 de diciembre pasados como un lejano recuerdo.

La convocatoria a un “gran acuerdo nacional” en la que nadie cree y el gobierno menos que ninguno, es un síntoma de la debilidad política del macrismo frente a un escenario de agravamiento de la crisis económica y social. El llamado ha dejado en orsai al pejota-massismo, que se ha declarado dispuesto a colaborar (renunciando al freno a los tarifazos) a cambio de nada. Argentina vuelve a enfrentar una encrucijada de conjunto, en un marco diferente al pasado -claro que sí-, porque a lo largo de estos años se ha desarrollado una vanguardia de la clase obrera en el mundo del trabajo, mientras la burocracia de los sindicatos horada todos los pisos del desprecio popular. Una vanguardia que arranca con fuerza desde el Argentinazo del 2001.  


La corrida cambiaria ha puesto de manifiesto un cuadro de crisis excepcional.

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