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Mauricio Trump, deficitarios gemelos

El marco mundial de la crisis financiera de Argentina.

La prensa internacional ha comenzado a caracterizar la fuga de capitales de Argentina, como el punto de partida de una nueva crisis internacional. Un artículo en ese sentido, en el Washington Post, fue ampliamente difundido por la prensa de Argentina.

La cadena de devaluaciones que se ha desencadenado en numerosos países llamados ‘emergentes’ en las últimas semanas, es comparada con la que ocurrió en Tailandia, a comienzos de 1997, que se extendió enseguida a los países del sudeste de Asia, en especial Indonesia, Corea del Sur y Japón, alcanzó luego a Rusia y a Brasil, provocó el colapso del fondo más grande de Estados Unidos y un rescate de emergencia de la Reserva Federal, para recalar en el Río de la Plata, en el recordado 2001, tanto en Argentina como Uruguay. La llamada ‘crisis asiática’ desató la serie de eventos financieros que desembocaron en el derrumbe internacional de 2007.

En Argentina, desde diciembre pasado, la devaluación ha llegado, provisionalmente, a cerca del 40% y en Brasil el 20% (de 3.10 a 3,70 reales por dólar). En la cadena del defol de la deuda pública se encuentra en lugar destacado Turquía, un país en emergencia política, instalado en el corazón de la guerra en el Medio Oriente. Toda devaluación significativa equivale a un defol de la deuda pública nominada en moneda local, a la desvalorización del patrimonio nacional en su conjunto, y constituye, a término, la posibilidad de un defol internacional. La naturaleza internacional de la crisis financiera de Argentina afecta, en forma decisiva, su perspectiva de conjunto. Solamente en 2017 se exportaron u$s1.2 billones a los ‘emergentes’ para especular con las diferencias de tasas de interés; ahora buscan la puerta de salida, sumado a lo que ingresó en los años previos.

El alcance que se asigna a la crisis en desarrollo contrasta con la simplicidad de la explicación. La explicación más extendida atribuye la estampida a la suba de la tasa de interés en Estados Unidos y la búsqueda de un ‘refugio’ seguro frente a la ‘inestabilidad’ que se ha instalado en la periferia. Visto de esta manera, la ‘normalidad’ sobrevendría una vez que la tasa de interés internacional alcanzara su ‘punto de equilibrio’. Estaríamos frente a un período de ‘turbulencia’. Estados Unidos sería, a término, un ancla de estabilidad – con la ‘ayuda’ del FMI. Las cosas ocurren, sin embargo, de un modo diferente.

Como lo prueba, precisamente, la suba de la tasa de interés, sea en Estados Unidos como en Europa (tasa Libor), el capital internacional se desprende de los títulos públicos – que han iniciado un ciclo bajista después de 30 años. Trump como Macri, y Estados Unidos como Argentina, está afectados por los llamados “déficits gemelos”: el déficit fiscal norteamericano supera el billón de dólares, con tendencia hacia arriba, en tanto que el de comercio exterior es un poco mayor. Como en Argentina, el dólar debería devaluarse, lo mismo que la deuda pública. Es precisamente lo que busca Trump, empeñado en una guerra comercial y financiera con los rivales de Estados Unidos. Es lo mismo que esperan estos rivales, que se están deshaciendo de sus reservas en dólares, que han caído del 80 al 62 por ciento. China ha comenzado a transar el petróleo en yuanes y Europa busca reconvertir su comercio del dólar al euro, para escapar de las sanciones económicas que Trump aplica a Rusia, China y a Irán. Estados Unidos se encuentra amenazado por una sangría de divisas, no por una inyección. El Banco Central norteamericano, al igual que Sturzenneger, sube las tasas de interés para bloquear una fuga de capitales y para incentivar un ingreso de divisas que permita financiar los déficits, tanto fiscal como comercial. El epicentro de la crisis internacional en desarrollo se encuentra, como es obvio, no en Buenos Aires sino en Nueva York.

El respirador artificial que ha puesto en funcionamiento la Reserva Federal, está secando de dinero el mercado mundial – el llamado déficit de liquidez, lo cual eleva la tasa de interés. Pero con una reserva: sube la de corto y, hasta cierto punto, la de mediano plazo, como una suerte de prima o seguro contra la devaluación y el ‘defol’. No ocurre eso con la de largo plazo por la débil demanda de inversiones. Es un escenario clásico de alerta de quiebras.

Visto desde esta perspectiva, la salida a la crisis financiera de Argentina no se encuentra a la vista. Argentina no tiene los medios para financiarse. La crisis de financiamiento que afectó al país cuando se agotaron los recursos del Banco Central de K-K, Kicillof-Kirchner, golpea ahora al macrismo, que tiene que amortizar u$s80 mil millones hasta las elecciones de 2019, sin la seguridad de poder renovar la deuda y con la certeza de que tiene que juntar la plata para pagar los intereses. Macri enfrenta un defol inmediato, vía mega devaluación, y un potencial, sin atenuantes.

Una estrategia política socialista debe partir de una caracterización adecuada del estado de reproducción del sistema capitalista imperante, y explicarlo debidamente a los trabajadores. De ello resulta que el mundo del trabajo no puede alimentar ninguna perspectiva positiva en el cuadro actual, y que debe prepararse para organizar una alternativa de poder propia.

Esto vale para los obreros de todo el mundo.

Sobre el Autor

Jorge Altamira

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