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31 de marzo de 2020

Primer trabajador infectado en el Garrahan: la (ir)responsabilidad del Estado

La noticia del primer trabajador del Hospital Garrahan infectado de Covid-19 conmueve al Hospital. Un breve repaso del caso de este médico del área de Imágenes ilustra la enorme improvisación estatal mientras la circulación local del virus es un hecho. Además de la desprotección que sufrimos quienes trabajamos en el sistema de salud.

Sucede que este trabajador empezó a sentir síntomas el sábado 21 de marzo, día en el cual trabajó; la confirmación del positivo llegó diez días después. Los compañeros y compañeras que estuvieron en contacto con él recién fueron licenciados para aislarse el 28 de marzo. En todo ese precioso tiempo, el Estado y su cadena de mando, desde ministerios hasta la conducción del Hospital, no dieron las respuestas adecuadas. Esta persona llamó al SAME el 23 indicando síntomas, pero no se activó ninguna medida, pues era el protocolo que regía en ese momento según lineamientos del Ministerio de Salud. El aislamiento del personal de salud que cursa síntomas recién es automático desde el viernes pasado, aunque es sabido que la circulación local está desde mucho antes.

Voceros patronales circulan bajo cuerda versiones para responsabilizar individualmente a la persona, con referencias inciertas a contacto con viajeros a zonas de riesgo. Los rumores y chimentos tratan de ensuciar el terreno para lavarle la cara al Estado; en una pandemia, los protocolos deben ir más allá de las eventuales conductas individuales. Como el médico siguió con síntomas, gestiones especiales de una jefatura “lograron” que se activara el protocolo recién el jueves y este compañero fue internado un día después. Aunque numerosos jefes conocían esta situación, los compañeros y compañeras que estuvieron en contacto con él recién fueron notificados, como se señaló arriba, el 28. Este secretismo tiene una base material: lo que correspondía, para proteger al personal de salud, no era solamente aislar rápidamente a los contactos, sino especialmente testearlos. La primera se hizo tardíamente y la segunda aún no fue llevada a cabo. Las direcciones se adaptan a “lo que hay” en vez de actuar según “lo hace falta”. Lo mismo vale para el Ministerio, que hizo funcionar al SAME bajo un protocolo que descartaba la circulación local como posibilidad. Exigimos que se testee forma urgente a todas las personas que estuvieron en contacto con él.

El trasfondo: es falso que “todo está bien” en el Garrahan

Mientras esto ocurría, la dirección del Hospital y UPCN hacían campaña para “tranquilizar” a los trabajadores frente a las denuncias de la Junta Interna de ATE con relación a las carencias de insumos y equipos para enfrentar la pandemia. La línea “todo está bien” busca que los trabajadores y trabajadoras de la salud asistan desorganizados a una crisis sin precedentes. Pero es falso que las necesidades estén cubiertas en el Garrahan: incluso con un presupuesto superior al de otras instituciones, hay faltantes elementales como jabón y alcohol en gel para las familias -qué quedará para el resto. El argumento de la dirección sobre “robos” para poner bajo llave no solo estos materiales, sino también elementos de protección que se necesitan al momento -por ejemplo barbijos comunes- es tan interesado como inadecuado. Incluso si hubiera robos, la patronal debe asegurar los dispositivos para que cualquier trabajador o las familias accedan a esos insumos sin demoras.

Respecto de los kits especiales para enfrentar el Covid-19, se cuentan con los dedos de las manos. A la vez, parte fundamental de los EPP (Equipos de Protección Personal) están por debajo de los estándares fijados por la OMS. Las gafas personales, por ejemplo, no cuentan con el sello a la piel necesario, y son meros anteojos plásticos. También hay notables faltantes de barbijos N95 -que no se usan solo para el Covid-19- y de camisolines impermeables. Al mismo tiempo, es urgente que se contrate nuevo personal en áreas críticas como ayudantes de servicio y enfermería. Pasan los días y los nuevos ingresos son a cuentagotas, a pesar de que hay listados enormes de búsquedas previas.

También es muy sentido el cuestionamiento a la improvisada capacitación, que ha sido desarrollada en muy pocas áreas, y oscila entre la insuficiencia y la inexistencia. En estos puntos se manifiesta, nuevamente, el crimen social de la tercerización laboral, pues las empresas de seguridad y limpieza envían a sus trabajadores a cumplir funciones en las condiciones más precarias.

Sobre los materiales de protección, el Consejo de Administración responde haciendo referencias a “la saturación del mercado”, “los faltantes” y la “suba de precios”. Así, confiesan la negligencia estatal en el marco de esta crisis, e ilustran el realismo de los reclamos que lleva adelante el clasismo, en particular la centralización de todas las patas del sistema de salud sin distinción entre efectores públicos y privados, incluyendo laboratorios y la reconversión forzosa de industrias para producir EPP en escala.

Nuestra propuesta es reforzar la campaña de la Junta Interna de ATE por conformar un comité de higiene y salubridad electo por los trabajadores y trabajadoras, para centralizar en tiempo real los reclamos urgentes y discutir medidas efectivas para proteger sin condicionantes nuestras necesidades de salud. 

 

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