16/05/2021
Coronavirus

Colapso sanitario en Tres Arroyos y cuadro crítico en todo el sudoeste bonaerense

El distrito ya no tiene camas disponibles para pacientes con coronavirus y tampoco posibilidad de derivar.

Carlos Sánchez, intendente de Tres Arroyos (Movimiento Vecinal), reconoció la crítica situación epidemiológica que atraviesa este distrito del sudoeste bonaerense por el coronavirus afirmando que “se va a empezar a morir gente en las casas”. Este alarmante pronóstico se debe a que ya no hay más camas disponibles donde atender a pacientes con Covid-19, por lo que se dispuso que una ambulancia con una enfermera recorra los domicilios de las personas contagiadas. Esto cuando la sintomatología de muchos que transitan la enfermedad en sus domicilios “sigue siendo intensa”, como admitió el secretario de Salud municipal. Tampoco se puede derivar a distritos vecinos porque están al límite de su capacidad.

Es parte de un cuadro que vive toda la región, ya que en lo que va de mayo la media diaria tanto de contagios como de fallecimientos fue la más alta desde que comenzó la pandemia. Tres Arroyos, Bahía Blanca y Coronel Suárez debieron pasar a fase 2 como resultado de que la cantidad de camas ocupadas superó la capacidad disponible y las de terapia intensiva estén casi completas, mientras que otros nueve distritos se mantienen en fase 3, pero todo sin que por ello la situación epidemiológica haya variado: “… la mayoría de los registros empeoró, lo que debería abrir un debate urgente sobre la efectividad de las medidas que se están tomando para controlar el avance del virus” (La Nueva, 15/5). Aun así, el gobierno provincial de Kicillof y el intendente Héctor Gay informaron que Bahía Blanca vuelve a fase 3 y se reanudan las clases presenciales a partir del lunes 17.

Las responsabilidades de los gobiernos son palpables. Las medidas anunciadas por Sánchez para frenar el aumento de los contagios en Tres Arroyos no están en proporción con la gravedad que él mismo describe, ya que se limitó a anunciar el cierre de las actividades recreativas, deportivas y culturales, además de la suspensión de clases presenciales (determinada por el retroceso a fase 2). En su “llamado con desesperación” recomienda a los vecinos que no salgan de sus hogares más de lo necesario, pero se niega cerrar la actividad comercial e industrial, por lo que obliga a salir todos los días a trabajar y arriesgarse al contagio. Lo retrata el hecho de que la mayoría de los pacientes internados son menores de 60 años, es decir trabajadores en actividad que para colmo están fuera del esquema de vacunación.

Con esta política de defensa de los intereses comerciales y capitalistas del distrito Sánchez no hace más que seguir los lineamientos del gobierno provincial. Kicillof posa de duro al lado de Larreta, pero su política en el interior de la provincia no se diferencia en nada de la que lleva adelante el jefe de gobierno porteño. No solo se rehúsan a cerrar la actividad económica, sino que se niegan a dictar medidas más restrictivas para ahorrarse destinar parte del presupuesto la ayuda social necesaria para que las familias puedan cumplirlas.

Mientras el proceso de vacunación continúe avanzando a cuentagotas, el aislamiento social es un recurso imprescindible para reducir todo lo posible los contagios, así como la ampliación de camas en los hospitales y la contratación de personal para atender quienes lo requieran. Para garantizar una reducción de la circulación que no agrava la crisis social es necesario prohibir los despidos, garantizar el cobro del 100% de los salarios de los trabajadores licenciados, la implementación de un seguro al parado de $40.000, y un aumento de emergencia para los jubilados.

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