18/11/2020
PANDEMIA

¿Cuándo tendremos una vacuna efectiva para Covid-19?

Los últimos avances.
Por Lucía Maffey Bióloga y becaria posdoctoral del Conicet.

En los últimos días se conocieron los resultados preliminares correspondientes a la fase 3 de tres vacunas contra SARS-CoV-2 (el virus causante de Covid-19): la vacuna desarrollada por Pfizer, la fabricada por Moderna (2) y la Sputnik de elaboración rusa (3). En todos los casos, se anunció una efectividad superior al 90% (90%, 94.5% y 92% respectivamente). En el caso de la vacuna rusa, el anuncio fue recibido con cierto grado de escepticismo por el bajo número de pacientes informado, lo que sigue a la controvertida decisión del gobierno de Putin de anunciar la aprobación de la vacuna sin haber iniciado la Fase 3 (4).

¿Qué ocurre en Fase 3?

Como ya explicamos previamente, antes de ser aprobadas, las vacunas son testeadas en distintas fases. En la fase 3, la vacuna es administrada a un número mucho mayor de personas (en el orden de cientos de miles de individuos) mientras que otro grupo recibe lo que se conoce como placebo (una solución que no contiene la vacuna). Tanto las personas vacunadas como las que recibieron el placebo son monitoreadas a corto y mediano plazo para determinar cuántas se infectan con SARS-CoV-2 y, en el caso de las vacunadas, si la vacuna es eficaz. La efectividad de cualquier vacuna se establece en base al porcentaje de individuos que protegidos/as frente a la enfermedad luego de recibirla, comparándolo con aquellas personas que recibieron el placebo. Esta protección puede implicar no desarrollar ningún síntoma o desarrollar síntomas más leves que los que mayoritariamente provoca algún virus u otro agente patogénico.

Además, la fase 3 permite detectar efectos no deseados de la misma aunque se presenten en una baja proporción, esto último por la cantidad de gente que recibe la vacuna. Este punto es clave si se tiene en cuenta que tanto la de Pfizer y Moderna como la Sputnik están basadas en tecnologías que nunca fueron usadas hasta el momento en vacunas aplicadas a seres humanos. En el caso de las dos primeras, se trata de ARN mensajeros, pequeñas secuencias de material genético que contienen la información necesaria para fabricar una proteína del virus SARS-CoV-2. Para esto, necesitan ingresar a las células humanas y utilizar su maquinaria. En el caso de la Sputnik, se usan otros virus más leves (adenovirus, que generan usualmente resfríos comunes) cuyo material genético (ADN) está modificado para contener información para proteínas virales. Al ingresar el virus a las células humanas, como ocurre durante los resfríos, produce usando la maquinaria celular la proteína viral que luego generará una reacción del sistema inmune. El hecho de que no se hayan utilizado nunca hasta el momento aumenta la incertidumbre respecto a potenciales efectos secundarios que no ocurren con las vacunas tradicionales (que usan virus inactivados o atenuados).

¿Qué significan estos números?

La FDA (Administración de Medicamentos y Alimentos) de EE. UU. estableció que cualquier vacuna que tuviese una efectividad mayor al 50% podría ser aprobada dado que implicaría un avance sustancial en la prevención de la enfermedad y la disminución del número de personas afectadas . En este sentido, cualquiera de estas 3 podría ser aprobada para su uso. Estos resultados implican noticias muy alentadoras porque confirman que los resultados de las fases previas (cuando se evaluó si las vacunas generaban una reacción del sistema inmune de los individuos contra el virus causante de Covid-19) tienen un correlato de protección cuando las personas efectivamente se infectan. Es importante destacar que, aunque alentadores, el número de casos es aún bajo. Esto se debe a que hay que esperar que las personas vacunadas se infecten naturalmente con coronavirus, dado que éticamente no se puede infectar a las personas a los fines de evaluar la vacuna.

Los desafíos para la distribución

Uno de los principales problemas que presentaba la vacuna de Pfizer era la necesidad de mantenerla almacenada en ultrafreezers a -70°C / -80°C. Estas condiciones son imposibles de cumplir en los países más pobres (incluido el nuestro) e incluso dificultarían la distribución en los propios países centrales. La comercializada por Moderna, en cambio, sería estable durante 1 mes en una heladera (4°C) y hasta 6 meses en un freezer común (-20°C). La Sputnik también presenta una ventaja en este aspecto dado que se le aplica un proceso de liofilización (deshidratación a ultrabajas temperaturas que transforma el líquido en polvo) que permite almacenarla a 4°C.

El acceso a la vacuna: el lucro capitalista por sobre la vida

Si bien en los últimos días la posibilidad de acceder a una vacuna eficaz contra el Covid-19 parece una realidad más cercana, el lucro de las compañías farmacéuticas representa una traba concreta al acceso masivo. El acceso igualitario a una vacuna constituye una condición necesaria para poder abordar una pandemia sin precedentes que ya lleva más de un año. Aunque en todos los casos los Estados han invertido la mayor parte de los fondos, son pocos los que lo hicieron de forma exclusiva (Rusia, China); la mayoría, fue en asociación con empresas privadas (Pfizer, Moderna, AstraZeneca, etc). Este hecho no ha modificado los precios de las dosis de manera sustancial.

Durante los meses de verano en el hemisferio norte, se anunció que la vacuna de Pfizer se comercializaría a alrededor de 20 dólares la dosis mientras que la de Moderna cotizaba a 37 dólares la dosis (5). Si bien estos precios pueden descender cuando se hable de compras masivas, siguen estando por encima de los costos que pueden afrontar los países más empobrecidos si consideramos que es necesario vacunar a millones de personas para que tenga éxito. En el mismo sentido, el acceso a la misma será también diferente de acuerdo a cada país. La vacuna desarrollada por Moderna, para dar un ejemplo, recibió una inversión de 2.500 millones de dólares por parte del gobierno de EE.UU., lo que le permitió asegurarse una producción de 20 millones de dosis para fines de este año.

La lucha por la democratización del acceso a la salud en la era del movimiento antivacunas

El derecho a la salud y a la vida no puede quedar por detrás del derecho de las corporaciones farmacéuticas de continuar ganando miles de millones de dólares. En primer lugar porque es inmoral e innecesario. Y en segundo lugar porque la pandemia no va a terminar hasta que se resuelva la situación sanitaria del conjunto de la población mundial. En un contexto histórico en el cual el movimiento antivacunas crece al calor de la nueva ultraderecha (nuevo orden mundial y demás teorías conspiranoicas), la lucha por el acceso a la vacuna se presenta más álgida que nunca. Les trabajadores debemos organizarnos en el contexto de la lucha por nuestras condiciones de vida y por el derecho a la salud y a la vida, para garantizar el libre acceso a la vacunación. Nunca estuvo más claro que el sistema capitalista es absolutamente incompatible con el bienestar de la población mundial.

 

(1) https://www.pfizer.com/news/press-release/press-release-detail/pfizer-and-biontech-announce-vaccine-candidate-against

(2) https://investors.modernatx.com/news-releases/news-release-details/modernas-covid-19-vaccine-candidate-meets-its-primary-efficacy

(3) https://sputnikvaccine.com/newsroom/pressreleases/the-first-interim-data-analysis-of-the-sputnik-v-vaccine-against-covid-19-phase-iii-clinical-trials-/

(4) https://www.thelancet.com/journals/lanres/article/PIIS2213-2600(20)30402-1/fulltext?ref=brianlovin.com

(5) https://www.theguardian.com/world/2020/nov/16/latest-moderna-vaccine-success-is-good-news-but-high-price-may-restrict-access

 

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