20/05/2020

Dengue: la epidemia silenciada

El fracaso de las estrategias de control: negociados con las fumigaciones, falta de presupuesto y discontinuidad de la prevención.
Por Lucía Maffey Bióloga, becaria post doctoral de Conicet en genómica poblacional de mosquitos

Desde noviembre del año pasado se viene desarrollando en el país una epidemia de dengue que ya suma 33 mil casos autóctonos  (pacientes que no registraron antecedentes de viajes a otros países) confirmados en todo el país. El total es similar al registrado, en el mismo período, durante la epidemia de 2016, cuando se contaba 35 mil casos autóctonos.


Las principales localidades afectadas son Jujuy, Salta y Tucumán en el NOA; Misiones, Chaco y Formosa en el NEA; Santa Fe, CABA y Provincia de Buenos Aires en el Centro. En el caso de CABA, el número de casos viene siendo superior que el registrado en 2016.



Los casos en nuestro país ocurren mientras se desarrolla en Brasil la peor epidemia de dengue de su historia, con más de 2 millones de casos confirmados y casi 800 muertos; y se detectan brotes en Paraguay y Bolivia. En Argentina la mayor parte de los casos se deben al serotipo (tipo de virus) DEN1, el mismo que fue mayoritariamente detectado en 2016.


¿Qué es el dengue y cómo se transmite?


El dengue es un virus con cuatro serotipos (DEN1, DEN2, DEN3 y DEN4) transmitido por algunas especies de mosquitos.


En gran parte de nuestro país, se encuentra  presente el mosquito Aedes aegypti, que es capaz de transmitir el virus del dengue (y también otros como chinkungunya  y Zika) de una persona infectada a otra sana. Ni el dengue ni el chikungunya ni el Zika pueden contagiarse directamente entre personas infectadas, sino que requieren del mosquito como hospedador intermedio del virus. Debido a que no existe una vacuna efectiva, el control del mosquito Aedes aegypti es central para mitigar a la enfermedad.


El fracaso de las estrategias de control


A pesar de que la primera epidemia moderna de dengue ocurrió hace más de 20 años (en la provincia de Salta en el año 1998), las estrategias de control del mosquito vector, generalmente basadas en la fumigación, han fracasado.


Los niveles poblacionales de Aedes aegypti no solo no han disminuido sino que el mosquito ha avanzado en su distribución, llegando al sur de la provincia de Buenos Aires. Las causas de este fracaso son múltiples, comenzando por el escaso presupuesto de los programas de control que se encargan de diseñar las estrategias y llevarlas a la práctica, la falta de capacitación de muchos agentes y asesoramiento científico y los negocios con las empresas de fumigación.  


Contrariamente a lo que se suele creer, por las características del mosquito Aedes aegypti, la fumigación es un método que genera escasos resultados y está recomendado solo para fumigar la vivienda y las viviendas cercanas de los pacientes con diagnóstico confirmado de dengue. De esta forma, al detectar un caso positivo se intenta impedir que los mosquitos de la zona piquen a la persona infectada y luego propaguen la enfermedad a las personas que viven en las casas cercanas. Pero la fumigación no sirve para el control a gran escala. En primer lugar, porque solo mata a los mosquitos adultos y no afecta a las larvas y pupas (los estadios acuáticos del mosquito que se van desarrollando hasta convertirse en el adulto, el que vuela y pica) ni a los huevos. Por el rápido tiempo de desarrollo del mosquito, a los pocos días volveremos a tener ejemplares adultos. En segundo lugar, porque la fumigación suele realizarse en las calles y no llega a las viviendas, que es donde se cría el mosquito (aprovechando recipientes destapados que contengan la misma agua por varios días). En un tercer aspecto, porque generan la selección de genes de resistencia a los venenos en las poblaciones de mosquitos.  Y finalmente, porque el tipo de fumigación que se usa (el tamaño de la gota que se pulveriza) no suele ser el adecuado para lograr un mayor efecto contra el mosquito.



A todo esto se suma que las fumigaciones tienen efectos perniciosos sobre el ambiente y la salud de las poblaciones. Y que muchas veces ni siquiera se realizan en las viviendas sino en parques o en las calles, en ambos casos lugares donde no se cría esta especie de mosquito (aunque sí otras que no transmiten el dengue). Pese a todo esto, las fumigaciones persisten como supuesta estrategia de control efectiva, algo indisociable de los negocios tejidos entre los funcionarios locales y las distintas empresas que las realizan.


En contrapartida, los programas de prevención se llevan adelante solo durante el verano y son discontinuados durante el invierno, lo que impide la eliminación de potenciales criaderos antes de que se inicie la temporada de reproducción del mosquito.


Vale mencionar que, pese a ser una problemática sanitaria central en nuestro país desde hace más de 20 años, no ha sido incorporada a la currícula escolar.


La epidemia durante la pandemia


La actual situación sanitaria provocada por la pandemia de Covid-19 ha desplazado de los medios de comunicación la epidemia de dengue e incluso ha dificultado más aun las exiguas estrategias de control vigentes.


Los vecinos y vecinas de la Ciudad de Buenos Aires denuncian que la línea para denunciar casos positivos y presencia de criaderos no da respuesta a los pedidos de fumigación por casos positivos o descacharrado de las viviendas afectadas. Los agentes sanitarios no pueden penetrar en las viviendas donde efectivamente se encuentran los criaderos de mosquitos. En el caso de las villas de emergencia, la falta de agua (como ocurrió en la Villa 31 y luego en la 1-11-14) aumenta el riesgo de contraer dengue, dado que la gente se ve obligada a acumular agua en recipientes que pueden actuar como criadero para el mosquito.


El colapso de los vaciados sistemas de salud, por la necesidad de diagnosticar, tratar y limitar la propagación del Covid-19, genera una subnotificación y una menor atención a los pacientes infectados.


Es necesario un plan de manejo integral del dengue y otras enfermedades transmitidas por mosquitos


Las condiciones habitacionales están directamente ligadas a la probabilidad de contraer dengue. En CABA, este patrón se observa con una mayor prevalencia de dengue en los barrios de la zona sur de la Ciudad, aquellos que presentan peores condiciones de vivienda y la mayor falta de acceso a servicios básicos.


Para controlar esta enfermedad, es necesario un plan de viviendas populares, urbanización de las villas, mejoramiento de los servicios de provisión de agua y recolección de residuos, junto con campañas de descacharrado y concientización de la población y un mayor presupuesto para los servicios de control.  



 



 

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