31/03/2020

INFORME ESPECIAL – Enfermería: el eslabón débil de la lucha contra la pandemia

Desprotección, superexplotación, precarización laboral y discriminación profesional. El testimonio de esfuerzo y lucha de las enfermeras de los hospitales públicos porteños.

La pandemia de Covid-19 ha expuesto la realidad de todos los sistemas de salud alrededor del mundo. De Italia a Estados Unidos vemos las consecuencias de los ajustes, privatizaciones y precarización laboral de sus trabajadores, los más expuestos frente al contagio. Argentina y la Ciudad de Buenos Aires no escapan a esa realidad, y a pesar de que la circulación del virus aún no es masiva, ya comienzan a generalizarse los reclamos por la desprotección en la ingresan los trabajadores de la salud al frente de batalla contra el coronavirus. Con el testimonio de enfermeras y enfermeros de los hospitales de la Ciudad abordamos su vulnerable situación.


Cuidar a los que nos cuidan


En un reciente video viralizado a través de las redes sociales, un enfermero del Hospital Ramos Mejía alertaba sobre la provisión insuficiente de los llamados elementos de protección personal en bioseguridad: barbijos 3M y N95, escafandras, camisolines, gorros y botas. Lo hace luego de una asamblea realizada en el patio del hospital, guardando la distancia entre ellos, para relevar la situación de los servicios y las condiciones de seguridad e higiene para protegerse en la atención.


Tanto Larreta como el ministro Fernán Quirós niegan esta realidad que recorre cada uno de los 34 hospitales porteños. Nos están mandando a una guerra sin armas grafica una enfermera del Hospital Pirovano en una entrevista con un móvil de Telefé que también se viralizó en las últimas horas. Agradeciendo el apoyo masivo de la población con los aplausazos aprovechó a denunciar: “Nos faltan elementos de protección y que se realicen tests masivos al personal de Salud para no contagiarnos entre nosotros”. Las ART acaban de plantear que no cubrirán al personal de salud con Covid-19 porque las llevaría a la quiebra, con lo cual la desprotección y la incertidumbre van en aumento.


Los hospitales no están organizados para la atención del Covid-19, esto aumenta los riesgos de contagio por la circulación sin restricciones del personal. En muchos hospitales los propios trabajadores armamos protocolos y reorganizamos los servicios para protegernos ante la desidia de las autoridades”, la que denuncia es Silvia, enfermera del hospital Durand.



Si bien este es el reclamo vale para todo el personal de hospitales y clínicas, las enfermeras y enfermeros son uno de los eslabones más débiles de la atención. Por las propias características de la profesión, tienen un contacto más cercano y continuo con los enfermos de un virus ultracontagioso. “Somos los que realizamos la mayoría de los procedimientos: controles de temperatura, aspiración de secreciones, cateterismo, rotación y cuidados de higiene y confort. Estamos junto al paciente 24×7”, aclara Silvia.


Salarios deprimidos


Pero esta no es la única situación que coloca a la enfermería en una situación extremadamente vulnerable en las actuales condiciones. Su nivel salarial los coloca por debajo de la línea de pobreza en muchos casos, calculada en $39.951 para febrero, último dato disponible según el propio Gobierno de la Ciudad. Sandra trabaja en el hospital María Ferrer, uno de los hospitales de referencia en vías respiratorias y de derivación de casos de coronavirus.



Nuestro salario está hundido. Con 40 mil pesos no llegamos a fin de mes. Un médico, un kinesiólogo o un trabajador social de nuestro mismo hospital gana por lo menos un 50% más. Ahora Larreta se llena la boca de halagos a enfermería pero nos hambrea y nos discrimina”,continúa.



Las enfermeras no son reconocidas como profesionales de la salud por el gobierno porteño sino que están en el escalafón del personal administrativo, a pesar de sus años de formación y las responsabilidades frente al paciente. El pase a la Carrera Profesional motivó movilizaciones masivas en los últimos 2 años. En este sentido, los 5 mil pesos anunciados por el gobierno nacional como refuerzo salarial fueron tomados como un paliativo insignificante.



Un trabajo aquí, otro más allá


Aunque parezca un hecho no relacionado directamente, el bajísimo nivel salarial de estos profesionales tiene múltiples consecuencias que los colocan en la línea de fuego del coronavirus. Una de ellas es el pluriempleo. Analía es enfermera en el Hospital Elizalde (ex Casa Cuna) desde hace 10 años y los fines de semana y feriados trabaja en una clínica privada. “Tengo 2 hijos, si el fin de semana no trabajo no llego a fin de mes. La mayoría de las enfermeras tiene 2 o 3 trabajos. No estamos nunca en casa. A raíz de eso muchas se separan y luego se hacen cargo de sus hijos solas”.



El pluriempleo multiplica su exposición frente al virus porque para mantener su ingreso deben circular de un trabajo a otro en lugares de alta exposición. Recientemente se conoció el caso de una enfermera del Santojanni que contrajo el virus en una clínica privada donde también trabaja, lo que obligó a aislar a todo su servicio. Hay otro enfermero internado en grave estado de salud en el Santojanni con síntomas de coronavirus, sin embargo, aún no le han hecho el test. Las denuncias se empiezan a multiplicar.


 



 


Módulos, superexplotación y extorsión


Además de trabajar el fin de semana, algunas compañeras hacen ´módulos´ para ganar un poco más, pero la hora se paga 150 pesos, menos de lo que sale pagarle a una niñera para que cuide a nuestros hijos”, continúa Analía. Los módulos son un bloque de horas extra pero pagadas a la mitad del valor de la hora normal cuando deberían pagarse al doble de ese valor. Las asigna discrecionalmente la dirección del hospital en acuerdo con el Sutecba, sindicato de directiva peronista y a su vez socia de Rodríguez Larreta en el control de los trabajadores municipales. Los punteros gremiales las utilizan como elemento de extorsión para obtener alineamiento. Los 20 módulos son 60 horas de trabajo adicionales por mes por 8.500 pesos. A pesar de la exigua suma, son muchas las enfermeras y enfermeros que se ven obligados a aceptarlos para reunir un salario que les permita vivir. Es claro que frente al Covid-19, las jornadas de 14 horas diarias los exponen muchísimo más al contagio.


Faltan enfermeras


En los hospitales porteños hay unas 8.500 enfermeras y enfermeros. Es una cantidad inferior a la de médicas y médicos, que son alrededor de 10.000 más 2.000 residentes, cuando según las recomendaciones internacionales debería haber 3 enfermeras por cada uno de estos. En vez de contratar más personal de enfermería, el gobierno pretende suplirlas extendiendo la jornada con estos módulos mal pagos, deteriorando la salud de las trabajadoras. El promedio de edad de las enfermeras es elevado, porque el personal nuevo que ingresa es a cuentagotas. Y el coronavirus las coloca especialmente como población de riesgo. Según Berta Leyton, presidenta del ALE (Asociación de Licenciados de Enfermería) “un 20% de estos 8.500 tiene factores de riesgo, diabéticos, hipertensos, inmunosuprimidos, muchos de ellos están licenciados o deberían estarlo, lo que agrava el faltante de enfermeras y enfermeros preexistente”.



La extensión de la jornada no es la única expresión de la falta de enfermeras. También tenemos como consecuencia una intensificación del trabajo porque una enfermera puede tener que hacer el trabajo de 3. “No es lo mismo una jornada de trabajo atendiendo 10 camas que 30, el ritmo de trabajo se multiplica”, dice Analía.


También denuncian que “el gobierno está sacando los escasos enfermeras de los hospitales para atender a los recién llegados al país que el gobierno de la Ciudad aísla en hoteles donde no existen las condiciones de salubridad necesaria, lo que deriva en más exposición y menos enfermeros en el hospital. Frente a esto los sindicatos desaparecieron”, relata José Luis, enfermero del hospital Santa Lucía. Roberto, del mismo hospital, fue obligado a ir a asistir a 150 personas en uno de los hoteles. “No contamos con los barbijos indicados por la OMS (N95), la cantidad de guantes son insuficientes y solo hay un camisolín para atender durante todo el turno, tampoco tenemos gafas”, denunció.



Insalubridad


Sumando horas de trabajo regulares, módulos y trabajo los fines de semana muchas enfermeras terminan trabajando 70 horas semanales o más. Esto produce un enorme desgaste físico y mental sobre una labor que de por sí es insalubre”, explica José Luis. Es lo que se conoce como síndrome de “burn out”, en criollo: estar quemado. Con el tiempo esto abona el desarrollo de enfermedades y aumenta la mortalidad. Es común que muchas enfermeras mueran antes de jubilarse. Sin embargo, no tienen ni la jornada laboral ni la jubilación anticipada que les correspondería por desarrollar una tarea insalubre.



A pesar de esta realidad, los funcionarios del Ministerio de Salud y desde las jefaturas de los hospitales están desarrollando una enorme presión para dificultarle el otorgamiento de las licencias al personal que integra grupos de riesgo frente al Covid-19 demandándoles nuevos comprobantes y estudios. “A los que convivimos con familiares enfermos directamente nos niegan la licencia, con lo cual nuestro trabajo también expone a nuestras familias”, nos cuenta Delia, enfermera del hospital Penna. Pero no es solo esto, el propio Larreta anunció que para sumar 600 enfermeras frente a la pandemia contrataría personal ya retirado, que por su edad puede desarrollar casos agudos de neumonía por coronavirus. Por el contrario, se necesita ampliar la convocatoria a enfermeras y enfermeros recién recibidos o que estén en el último año de formación y licenciar inmediatamente a los que estén en riesgo.


Las enfermeras y enfermeros estamos precarizados, desvalorizados, cansados, vapuleados y hostigados. ¿Qué va a pasar cuando empecemos a colapsar física y mentalmente o a contagiarnos cuando somos un recurso que escasea?”, apunta Gladys, enfermera del hospital Argerich.



La experiencia de lucha por el pase a la Carrera Profesional


Frente a este cuadro no es casual que el personal de enfermería esté a la cabeza de las denuncias sobre la insuficiente preparación del sistema de salud de la Ciudad frente a la pandemia. Vienen de una experiencia de organización y de lucha. En noviembre de 2018 conmovieron la Ciudad con una movilización de más de 20.000 trabajadores por el pase a la Carrera Profesional, con asambleas en cada hospital y acciones coordinadas. Este movimiento se reactivó a fines de 2019 cuando residentes y concurrentes derrotaron con un paro por tiempo indeterminado el intento de Larreta de aprobar una ley flexibilizadora. Todo un proceso de organización y lucha en los hospitales porteños.


En la lucha por el pase a la Carrera tuvimos que organizarnos desde abajo, porque Sutecba es el brazo patotero de la política de Larreta. ATE solo acompañó de compromiso, para ver si podía ganar un afiliado más, no para dar una lucha para ganar. Para defender nuestros intereses tenemos que recuperar los sindicatos”, es la conclusión que saca Eduardo, enfermero del hospital Ferrer. Esta experiencia es la que empieza a manifestarse en reuniones, asambleas y comités de higiene y seguridad para exigir las medidas necesarias para atender la emergencia con la mayor protección posible.



Esta proceso de organización y de lucha tomó fuerza en noviembre de 2018, con la reforma precarizadora de la carrera de profesionales de la salud que mantuvo la exclusión de la enfermería. Esta fue ordenada por Larreta y aprobada por la Legislatura con el aval implícito o explícito de los gremios mayoritarios del sector. “Lo de enfermería es un atropello y una provocación de esta Legislatura. ¡Se viene a convalidar un régimen de discriminación!”, exclamó el legislador Gabriel Solano, del FIT-PO el día de la votación en el recinto. Su denuncia se viralizó.



Pocos días después, el 21 de noviembre decenas de miles de enfermeras y enfermeros ganaron las calles paralizando los hospitales en el día de la enfermería. A partir de ahí las asambleas en los hospitales y las coordinadoras, interhospitalarias y otras formas de organización surgieron como hongos, mientras la directiva de Sutecba le daba la espalda al movimiento. El gobierno de Larreta echó lastre y con el acuerdo de esta burocracia sindical otorgó días por estrés y un plus insignificante. Para rechazar esta medida se realizó un plebiscito en alrededor de 20 hospitales, impulsado por la agrupación Tribuna Municipal, donde el rechazo a esas migajas y el reclamo del pase a la Carrera Profesional tuvo una expresión masiva.


Privatización y precarización laboral


Entre los que se oponen a mejorar las condiciones de trabajo de las enfermeras se encuentran las patronales de las clínicas y sanatorios de la Ciudad. Esto les permite imponer en mejores condiciones los bajos salarios y la precarización laboral y el no reconocimiento profesional para aumentar la explotación de esos trabajadores. Tanto el Estado como los capitalistas de la salud fomentan las divisiones entre profesiones, entre el sector público y privado y entre tercerizados y planta para mantener este régimen precarizador. “Más que nunca es necesario unificar todo el sistema de salud, la centralización de los recursos no solo es necesaria para atender la pandemia y brindar una atención igualitaria, sino que permitiría pelear por igualar hacia arriba las condiciones laborales de todos los trabajadores de la salud”, plantea Erika, enfermera del Hospital Gutiérrez.



Transformación de fondo


La pandemia del Covid-19 expone que el fragmentado, vaciado y precarizado sistema de salud argentino necesita una transformación de fondo. Solamente para atender las necesidades elementales de los trabajadores de la salud es necesario volcar una cantidad de recursos que hasta el momento ni el gobierno nacional ni el de la Ciudad han mostrado voluntad de colocar. El aumento de salarios, el reconocimiento profesional que lo permitiría, los elementos de protección personal, los tests masivos y terminar con la superexplotación de enfermeras y enfermeros son incompatibles con un país que orienta sus recursos al pago de la deuda externa y a defender los negocios capitalistas de la salud de clínicas y laboratorios privados. Con la dirigencia de los sindicatos avalando esta orientación, los trabajadores están llamados a jugar un rol fundamental en este cuadro, organizándose de manera independiente para oponer a la política del gobierno las medidas de fondo que requiere la situación, como la nacionalización y centralización del sistema de salud y terminar con la precarización laboral, y el control en el lugar de trabajo a partir de las asambleas y comisiones de seguridad e higiene.






 

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