03/06/2020

La “nueva” grieta en salud mental: “anticuarentena” vs negacionistas

Por Hernán Scorofitz Psicoanalista. Profesional de la Salud Mental

Tras el cruce entre Alberto Fernández y la periodista Silvia Mercado, del medio derechista Infobae, a propósito de la “angustia” derivada de la cuarentena obligatoria, se ha abierto un debate en distintos ámbitos de la salud mental. Distintas voces han expresado que alertar sobre los efectos de la misma en la psiquis resulta “funcional” a los planteos derechistas a propósito de la “infectadura”, así como a la militancia “anticuarentena”.


Salud mental durante el aislamiento: sin datos oficiales (todavía)


Desde el inicio de la cuarentena, el gobierno nacional no ha anunciado ningún programa de emergencia a través de su Dirección Nacional de Salud Mental (dependiente del Ministerio de Salud) para prevenir o atenuar los inevitables efectos y consecuencias del aislamiento preventivo, social y obligatorio sobre un sector de la población. Tampoco han sido relevados los datos epidemiológicos por jurisdicción, distrito o provincia a la hora de poder desplegar dispositivos de abordaje comunitario preventivos. Así las cosas, ha dejado el terreno para que la única institución que realice un estudio epidemiológico de relevamiento y publicación de datos sea el Observatorio de Psicología Social Aplicada de la Facultad de Psicología de la UBA, cuya gestión se encuentra en manos de la camarilla radical universitaria “anticuarentena” (que tomamos en el artículo sobre el cruce Fernández-Mercado).


Cabe mencionarse que profesionales de máxima relevancia y trayectoria en el campo de la salud mental, incluidos asesores gubernamentales, alertaron ya desde los primeros días del aislamiento sobre las consecuencias en la población. La profesora Alicia Stolkiner (profesora titular de la Cátedra Salud Publica y Salud Mental de la Facultad de Psicología-UBA y de la Universidad de Lanús) advirtió oportunamente que era “una falacia que el encierro pueda ser un componente para el bienestar subjetivo” (El Grito del Sur, 4/4). Semanas después, en el informe diario del Ministerio de Salud de Nación, Stolkiner sostenía entre otras opiniones que “a una primera etapa de “sobreexigencia por adaptarse a la situación” ahora puede sobrevenir “agotamiento” u otros “sentimientos, que no se pueden calificar como patologías” (29/4).


Los muertos “POR”


Habiendo pasado más de un mes de esos señalamientos, cualquiera puede suponer que la prolongación de la cuarentena –todavía por demás necesaria, ya que al momento de escribir el presente artículo nos encontramos con un récord de casos positivos diarios de Covid-19 en Ciudad de Buenos Aires y conurbano- podría estar agudizando el malestar subjetivo de la población. Ocurre que no ha habido ninguna política del Estado (ni desde el relevamiento epidemiológico ni desde la implementación de dispositivos o efectores comunitarios) para atenuar o amortiguar los efectos subjetivos y en salud mental de la población más afectada (especialmente por sector socioeconómico, etario o población “de riesgo” en el campo de la salud mental). En este sentido, el aumento de la pobreza, la desocupación y el hacinamiento habitacional como datos objetivos de la cuarentena también juegan sus cartas en la salud mental de la población, especialmente en los sectores más explotados -como lo anticipáramos en nuestro artículo a propósito de la campaña gubernamental-periodística “Quedate en casa”.


El peligro sanitario de no relevar el impacto de la cuarentena en este campo radica, además, en que el incremento en ciertos cuadros de malestares psíquicos y/o emocionales (lo que comúnmente la psiquiatría llama “trastornos de”) suelen ser efectores o potenciadores de enfermedades clínicas. Muchas veces, por ejemplo, los llamados “cuadros de ansiedad o depresión” en distintos sujetos con patologías clínicas de base de carácter crónica o aguda (hipertensión, enfermedades respiratorias, coronarias, diabetes) pueden llevar inclusive a la muerte. Los muertos (invisibles) “POR” el aislamiento no se cuentan en las cifras oficiales diarias de los muertos “DE” (y del) coronavirus.


Contra el desmantelamiento, centralización bajo gestión pública


De hecho, la mejor defensa sanitaria (y política) de la cuarentena desde el propio Estado debería ser el despliegue -desde el minutos cero- de medidas que aminoren el impacto en el campo subjetivo y de la salud mental del aislamiento. Nada de eso ocurrió. Lo más parecido es la reciente convocatoria de emergencia a profesionales y trabajadores de la salud mental de distintas disciplinas que está realizando el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires para intervenir en zonas de emergencia, ante “la explosión” del caso de Villa Azul en Avellaneda y Quilmes. El rol del Estado en las políticas en salud mental no debe limitarse al de “bomberos” en emergencias sino en la prevención. Eso hubiera implicado, desde los primeros días de la cuarentena, una reorganización del sistema de salud público y mental en coordinación intersectorial con hospitales y centros de salud mental (incluidos los de obras sociales y prepagas), priorizando el nivel primario (atención primaria, llevar el hospital al territorio) con equipos interdisciplinarios y apertura de centros en las zonas de mayor vulnerabilidad social y habitacional. Claro que solo se podría haber realizado bajo la centralización del todo el sistema de salud nacional bajo gestión pública y estatal. Y ya es sabido por todos en qué terminó la mera insinuación del propio Ministro de Salud de la Nación, Gines Gonzalez García, de llevar a cabo esta medida.


Pretender señalar una presunta militancia “anticuarentena” por advertir los efectos del aislamiento en la salud mental resulta al menos llamativo, por no decir ridículo. El abordaje científico y social en este campo también radica en advertir los efectos secundarios subjetivos de una medida única y necesaria (como la cuarentena) frente a una pandemia mundial. Como un médico intenta contrarrestar los efectos “adversos” de un medicamento oncológico (sin por eso oponerse a ese medicamento). Nada más funcional en este momento a la derecha “anticuarentena” que el negacionismo y el encubrimiento del desmantelamiento del sistema público de salud mental. Planteamos la urgente reorganización social del sistema de salud mental en sus distintos subsectores (hospitales, centros de salud, clínicas de obras sociales) con prioridad en el nivel primario (abordaje territorial) bajo gestión pública y de los trabajadores y profesionales en salud mental.

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