21/09/2021
Covid-19

Levantan las restricciones pero sigue el ajuste en salud

Sobre los últimos anuncios de Vizzotti.

La ministra de Salud, Carla Vizzotti, acaba de anunciar una serie de medidas que flexibilizan las restricciones vigentes por la pandemia. Esta decisión no parece estar respaldada por ningún criterio epidemiológico, sino más bien se trata de una reacción por parte del gobierno frente a la reciente derrota electoral. Dentro de las disposiciones brilla por su ausencia cualquier iniciativa tendiente a robustecer el sistema sanitario y mejorar las condiciones laborales del personal de salud.

La nueva normativa incluye el fin de la obligatoriedad del uso de tapabocas al aire libre cuando se esté circulando de manera individual y no haya aglomeración de personas. A su vez, se establece un aforo del 100% para las actividades económicas, comerciales, de servicios, industriales, culturales, religiosas, sociales y deportivas. Por otro lado, se autorizan los eventos masivos de más de mil personas y se reabren los salones de fiesta y las discotecas, con un aforo del 50% y el esquema completo de vacunación como requisito para ingresar. Se retoman también los viajes de jubilados y egresados, con sus respectivos protocolos.

Por otro lado, a partir del 1/10 se reabren las fronteras terrestres, se habilita el ingreso de personas provenientes de países limítrofes sin aislamiento y se amplía de manera progresiva el cupo de ingreso al país a través de aeropuertos, puertos y rutas terrestres. El 1/11 se autoriza el arribo de todos los extranjeros. Los requisitos son: contar con ambas dosis contra el Covid-19 quince días antes de ingresar a Argentina y PCR negativo 72 horas previas al embarque. En caso de no disponer del esquema completo de vacunación, es obligatorio el aislamiento al llegar, realizarse un test de antígeno al ingreso y un hisopado PCR al séptimo día.

 

Esta “vuelta a la normalidad” que anuncia el gobierno, apremiado por el calendario electoral, no tiene como correlato un incremento de los recursos asignados para revertir el vaciamiento imperante del sistema de salud, y, de este modo preparar de mejor manera la estructura sanitaria del país ante un posible rebrote. Por el contrario, un 38,5% de las partidas asociadas al Covid-19 no han sido devengadas, habiendo finalizado ya la segunda ola y a solo 3 meses de terminar el año. Los datos surgen del informe publicado por la Oficina de Presupuesto del Congreso, sobre ejecución presupuestaria a agosto 2021.

El gobierno había incluido en el Presupuesto 2021 una partida equivalente a $110.125 millones para cubrir los gastos relacionados con la pandemia, lo que significó un recorte del 80% con respecto al 2020. En mayo, en plena segunda ola, se agregaron otros $307.062 millones a esa partida inicial; sin embargo, en lo que va del 2021 solo se ejecutaron $256.752 millones. La cifra mencionada contrasta por ejemplo con los $615.553 millones destinados durante el año para subsidiar a las empresas de energía, o con los $506.059 millones que lleva gastados el Tesoro nacional desde enero a esta parte en vencimientos de deuda, o bien, con los $800 mil millones erogados en 2021 por el BCRA para cancelar intereses de Leliqs y pases. En definitiva, una síntesis de cuáles son los intereses que primaron en el manejo de la pandemia por parte del gobierno.

Así las cosas, continúan sin ejecutarse $26.526 millones contemplados para la adquisición y traslado de la vacuna contra el Covid-19, $856 millones de lo previsto para el bono dirigido al personal de salud y $28 millones para la construcción de hospitales modulares de emergencia, por mencionar algunos casos. Vale destacar que los subsidios patronales representan el 42,4% del presupuesto relativo a la pandemia.

Capítulo aparte merece lo ocurrido con los fondos recaudados a través del Aporte Solidario y Extraordinario a las Grandes Rentas y Fortunas, anunciado con bombos y platillos por el kirchnerismo. No solo que apenas el 20% iba para equipamiento médico -el resto para subsidiar al capital- sino que además, de ese porcentaje, resta ejecutarse un 12%. Aun quedan $2.761 millones asignados a la compra y traslado de vacunas sin utilizarse, lo mismo sucede con los $305 millones que debían ir para incrementar el equipamiento sanitario y laboratorio (aquí la subejecución alcanza el 38%).

La farsa que significó este «impuesto a los ricos» por única vez llega al extremo cuando reparamos que del dinero que debía destinarse al Malbrán y al Hospital Posadas, se ejecutó solo un 54,6% y un 19,1% respectivamente. Es decir, el Estado todavía retiene $332 millones que les corresponden a dichas instituciones de salud pública. Por otra parte, se suponía que $2.175 millones de lo recaudado iba a ir dirigido para las vacunas del calendario nacional, sin embargo, no se destinó un solo peso de lo prometido.

De esta manera, el gobierno da por concluida la pandemia, retaceando incluso los recursos que el propio Alberto Fernández proclamó meses atrás en cadena nacional. Ni hablar del dinero que ni siquiera presupuestó para atender la crisis sanitaria, el que fue a parar a los bolsillos del FMI, de los bancos y de las patronales, en lugar de utilizarse para ampliar la cantidad de camas de terapia intensiva y respiradores y recomponer el salario de los trabajadores de la salud, que perciben ingresos por debajo de la línea de pobreza.

La merma en la cantidad de testeos diarios -desde el 11 de septiembre ni siquiera se contabilizan en el reporte oficial- y la austeridad fiscal que caracteriza al Presupuesto 2022 prefiguran un abordaje nulo por parte el gobierno de las próximas etapas de la pandemia. En ese sentido, la población estará inerme ante la eventual llegada de nuevas cepas ya que no está planteada ninguna política de prevención. El fracaso en este terreno es patrimonio tanto de oficialismo como de la oposición patronal. Sin ir más lejos, en el día de ayer Larreta envió a la policía para desalojar una protesta de los autoconvocadxs de salud que estaba teniendo lugar en el Obelisco.

Un final acorde a una gestión de la pandemia completamente atravesada por el ajuste y al servicio de las patronales. Recordemos que en todo este tiempo se recortó nominalmente el presupuesto de salud de un año a otro, proliferaron las luchas de los trabajadores de la salud a la luz de la miseria salarial y superexplotación a la que son condenados, los laboratorios salieron indemnes frente al retraso en la entrega de vacunas, no hubo asistencia económica acorde para que el lema de «quedate en casa» pudiera ser una opción para los millones que trabajan en la informalidad, y, como si esto fuera poco, con el aval del gobierno, las empresas se dieron el lujo de despedir, bajar salarios y pasar por alto los protocolos sanitarios. El resultado de este desmanejo son los más de 114 mil fallecidos en Argentina a causa del Covid.

Mientras transcurría esta catástrofe y cada vez más sectores de la población se veían inmersos en la pobreza, Alberto Fernández, reposado en los privilegios del poder, no tuvo ningún reparo en organizar una fiesta de cumpleaños en el momento más estricto del aislamiento obligatorio. Cuarentena que, al mismo tiempo, el gobierno hizo cumplir a rajatabla en los barrios pobres del país, depositando todo su peso represivo.

 

A fin de cuentas, la pandemia ha puesto al desnudo como nunca antes que quienes nos gobiernan representan  intereses contrarios a los de la salud pública. Por lo tanto, es tarea de la población trabajadora enaltecerla luchando por  la centralización del sistema de salud a manos del Estado y bajo control de un comité médico-científico -que unifique el sistema público, privado, obras sociales y laboratorios-, la elaboración de protocolos obreros en los lugares de trabajo para prevenir los contagios, la puesta en marcha de un plan de testeos masivos para rastrear el virus, y, por supuesto, la triplicación del presupuesto de salud, en función de satisfacer la demandas de sus trabajadores y abastecer de recursos a los hospitales y centros de atención primaria. Por otra parte, resulta de primer orden abrir paso a la producción nacional de la vacuna contra el coronavirus, poniendo a disposición la capacidad técnica y científica del país. Este plan debe financiarse por medio de la ruptura con el FMI, el cese del pago de la deuda y la aplicación de un impuesto progresivo y permanente al gran capital.

Hoy, en el día de la Sanidad, nos movilizamos junto a enfermeros y enfermeras para exigir el pase a la Carrera Profesional y por todos los reclamos de los trabajadores de salud.

 

 

             

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