06/08/2020

Murió otra trabajadora del Hospital Gandulfo de Lomas de Zamora por Covid-19

La enfermera Lucila Nuñez tenía 57 años y había pedido reiteradamente un cambio de sector, pero no fue escuchada.

Este lunes 5 falleció Lucila Núñez, una enfermera de 57 años que trabajaba hace más de 15 en el Hospital Gandulfo de Lomas de Zamora (Provincia de Buenos Aires). Es la segunda trabajadora que pierde la vida en el marco de la pandemia en ese hospital.

Recordemos que en el caso anterior, el de María Estela Ledesma, ella había pedido más de seis veces una licencia que le fue negada sistemáticamente. Lucila, según dicen sus compañeras de trabajo, quería seguir trabajando aunque fuera parte de un grupo de riesgo, pero había pedido que la cambiaran de sector, ya que en el piso de internación donde ella estaba había muchos contagiados de coronavirus. A pesar de los reiterados pedidos, no fue escuchada; el 6 de julio quedó internada y, luego de casi un mes de pelear por su vida, murió en el mismo Hospital Gandulfo.

Los y las trabajadoras del centro de salud retrataron en distintas entrevistas las terribles condiciones en las que desempeñan sus funciones. Así lo describió Natalia Ledesma, compañera de Lucila, a la Revista Cítrica este lunes 5: “Nos llaman héroes, nosotros damos nuestra vida por nuestra vocación, pero somos trabajadores, hay una brecha que aún no puede revertir la enfermería. Tenemos un sueldo por debajo de la canasta, no estamos en paritarias, estamos entregando la vida con sueldos miserables. En el sector de enfermería la mayoría somos mujeres jefas de hogar con hijos a cargo y nos sacaron la licencia por hijos menores. Si daban licencia a todo el personal como corresponde los hospitales se quedaban vacíos y no quisieron invertir tanta plata para reemplazarlos. Parece que es más barato que se mueran nuestras compañeras. Yo tengo compañeras que están dejando solos a sus chicos y me dicen ‘o les doy de comer o los cuido”.

Se repiten las denuncias de falta de personal, falta de insumos de bioseguridad y ataques a derechos laborales básicos. Según la misma compañera de Lucila, “trabajábamos con un solo franco semanal. Antes teníamos permiso para salir más temprano, nos suspendieron las vacaciones por el decreto que sacó el gobierno en donde los empleados de salud tenemos que estar dentro del hospital. Así que tenemos una cantidad de compañeros con agotamiento anual y se suma la pandemia. Psicológicamente la estamos pasando muy mal” (La Retaguardia, 5/8).

Mientras tanto, hubo 30.000 casos nuevos en la zona sur bonaerense en un solo día. De los 468 muertos que hay registrados en esta parte del conurbano, 136 son de Lomas de Zamora.

El intendente Martín Insaurralde hace demagogia en sus redes mientras el principal hospital del distrito está cerca del colapso por falta de personal y de insumos. Los y las compañeras de Lucila denuncian que de las 14 camas de Unidad de Terapia Intensiva, 4 son inutilizables debido a que no hay personal para atenderlas. Mientras tanto, el conjunto del personal del Gandulfo hace malabares para cubrir las necesidades de una población de miles de trabajadores y trabajadoras de Lomas de Zamora.

Los reclamos de “la primera línea” son ignorados en el peor momento de la expansión de la enfermedad, como lo prueba el hecho denunciado por la propia gremial Cicop, en un comunicado de fines de julio, donde se señala que sobre un total de 10.000 trabajadores sanitarios infectados en todo el país, más de 6.000 son trabajadores y trabajadoras de la provincia de Buenos Aires. A su vez, hay 30 médicos/as fallecidos/as y un numero similar de enfermeros y enfermeras.

Hoy, la provincia de Buenos Aires es el epicentro de la pandemia, con más de 2.000 fallecidos y 120.000 contagiados. También crecen las cifras de desempleo y aumento de la pobreza. Esta situación de catástrofe social y sanitaria es absoluta responsabilidad de los gobiernos de Axel Kiciloff y de Alberto Fernández.

En efecto, el gobierno de Kiciloff oportunamente le concedió a los empresarios regionales la apertura de las fábricas y lugares de trabajo con la consiguiente concentración y circulación de personas. Esta es la verdadera razón de la expansión del contagio, y no tal o cual “fiesta clandestina” o algún comportamiento individual aislado, como quiere hacernos creer el gobierno. Mientras, manipulan la cuarentena y siguen subsidiando a los capitalistas de la salud para “garantizar las camas del sector privado”. Estamos ante un gobierno cobarde que sistemáticamente se ha negado a centralizar el sistema de salud porque sus intereses de clase son otros, distintos a los de las y los trabajadores de la salud. Por eso los recursos que hay, en lugar de ir a reforzar el sistema de salud en el peor momento de la pandemia, van a pagar la deuda usurera y fraudulenta.

La única forma de evitar nuevas muertes como la de Lucila es que los y las trabajadoras de la salud tomen la posta. Organicemos cada lugar de trabajo para exigir la triplicación del presupuesto de salud; un comando único de los sistemas sanitarios y operativos masivos de detección y aislamiento; protocolos bajo control de comisiones obreras de seguridad e higiene; impuesto extraordinario al gran capital para recaudar los recursos necesarios para enfrentar la crisis social y sanitaria; no al pago de la deuda externa.

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