22/07/2020 | 1601

Terapia intensiva: crece la ocupación y la preocupación

La apertura de la cuarentena se da en un momento donde los casos de contagios confirmados no hacen más que aumentar, al igual que las muertes. Los números absolutos son contundentes, contra cualquier pronóstico a futuro realizado por los ministerios y se concentra en la zona del Amba, con 124.975 casos, el 91% del total (Ministerio Salud Nación, 21/7).

En los últimos días se puso de relieve la compleja situación de las camas de terapia intensiva de la Ciudad de Buenos Aires.  El director del Hospital Santojanni le afirmó a diferentes medios de comunicación que el martes 14 pasado ya no le quedaban respiradores en la Unidad de Terapia Intensiva y en las salas destinadas a los casos graves de pacientes con Covid-19, que simplemente contaban con dos respiradores en el shockroom (guardia), destinados a accidentes graves, pero había tenido que rechazar varias derivaciones ya que no podía disponerlos para pacientes con coronavirus. Un día después, el dueño de Swiss Medical y presidente de la cámara de empresas privadas de salud, Claudio Belocopitt, en diferentes programas de televisión, alertaba sobre el “estrés” del sistema privado, donde las camas de internación de UTI ocupadas ascendían, en ese momento, al 85% del total. Esto vale la pena tenerlo en cuenta, ya que dos tercios de la población de la Ciudad se atienden en el subsistema privado de salud, que está por fuera de la órbita de control del Ministerio de Salud de la Ciudad de Buenos Aires.

Durante el fin de semana, en redes sociales se vieron varias denuncias y pedidos desesperados de ayuda de familiares de personas con coronavirus que fueron rechazados en hospitales públicos, producto de la falta de camas para poder ingresarlos. Esta situación desmiente el discurso oficial sobre el reforzamiento de los hospitales públicos con 400 camas destinadas para atender pacientes Covid-19. Incluso contrasta con el informe realizado por la Asamblea de Residentes y Concurrentes de la Ciudad, que relevaron e hicieron público el 15 de julio, que los hospitales públicos de la Ciudad cuentan con 263 camas en las unidades de terapia intensiva. El gobierno no declara el colapso porque contabiliza camas de sectores que poseen ventiladores, pero no están equipados para internaciones prolongadas (guardia, shock room).

El número de camas requeridas para Covid viene en aumento y, sumado a esto, los pacientes Covid suelen requerir internaciones en UTI por un promedio de 21 días. Es decir, que el aumento sostenido de casos que estamos atravesando imposibilita cualquier tipo de internación, agravando la salud de los pacientes. El gobierno ha comenzado a largar la orden de dar de alta lo más rápido posible a los pacientes y a su vez mandar a los leves a la casa, sin hacer un hisopado, algo que ya se cambió en el protocolo. Lo más importante, por otro lado, es que un respirador no se prende por sí solo ni es el único elemento que compone una cama de UTI. En hospitales como el Durand, Ferrer o Zubizarreta, entre otros, las camas no se habilitan por falta de personal, insumos y equipamientos, como bombas de infusión continua para la medicación.

Al día de ayer (21/7) los datos oficiales planteaban que el 73% de las camas de UTI estaban ocupadas y en el Gran Buenos Aires, el 60,8%, lo que totalizaría un total de 65,4% en la región del Amba, la más complicada.

Pero comienzan a llegar informes de trabajadores de hospitales de La Plata, que derivan pacientes de hospitales del primer cordón del conurbano bonaerense. Para graficar esta situación, el director Provincial de Hospitales, Juan Riera, aseguró en declaraciones radiales: “hay municipios con el 87% de las camas de terapia intensiva ocupadas”.

Está claro que ningún gobierno ha planificado de antemano el reforzamiento del sistema de salud con la seriedad que se merece. La planificación sanitaria no es algo que se plantea solo en pandemia, sino una política de Estado que debe garantizar el acceso a la prevención y promoción de la salud de la población de manera cotidiana. Una situación histórica de vaciamiento hospitalario y privatización de la salud se agrava con el avance de la pandemia y la llegada del invierno, que colapsa efectores con enfermos respiratorios.

La centralización del sistema de salud sería la única manera de disponer de todas las camas de manera unificada, para poder empezar a hablar de porcentajes y disponibilidades. La disparidad en recursos que posee el sector privado por encima del público debe ser administrado por el Estado nacional y un comité de sanitaristas y trabajadores.

   

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