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16 de junio de 2005 | #904

Parmalat: Paramos los despidos

Durante casi siete horas, estuvo afectado el normal funcionamiento del Parque Industrial de Pilar. Un espectacular piquete de los compañeros de Parmalat bloqueó la circulación del tránsito. Los compañeros de Parmalat, desde horas muy tempranas, se fueron concentrando en las puertas de acceso de Parmalat para luego trasladarse al corte, al llegar las columnas piqueteras. En esas siete horas, se desafió el clima atmosférico, las presiones de la policía y la intimidación de la patronal. Los compañeros de la fábrica y los compañeros del Polo Obrero volvieron a demostrar la confraternización en la lucha que viene jalonando este prolongado conflicto. Participaron del corte delegaciones del MST y del PC. La lucha ha forzado a la patronal a avanzar en las tratativas.

Es así que se está cerrando un compromiso para reubicar a una parte de los compañeros de Carapachay en la planta de Pilar; una minoría, que incluye a los delegados, permanecerá en Carapachay, con una actividad muy reducida. En todos los casos, se respetan los salarios vigentes y la categoría. Se establecen de antemano las funciones a las que cada uno será asignado, evitándose una relocalización que afectaría condiciones laborales. Una treintena de compañeros, particularmente aquellos con más años de servicio, ha optado por el retiro voluntario, lo que también demandó arduas tratativas, porque hubo que acordar los montos, las formas de pago y las garantías que reclamaban los compañeros.

La empresa se ha obligado a pagar los sueldos adeudados. A partir de este acuerdo, los trabajadores levantan la ocupación de la planta.

Se llega a este compromiso luego de una lucha encarnizada de más de cinco meses. Los compañeros de Carapachay no pudieron impedir la desactivación de la planta y la patronal, con la colaboración del sindicato, logró meter una cuña entre los trabajadores de Pilar y Carapachay. Los trabajadores de Carapachay, aún aislados, constituyeron un tenaz y obstinado foco de organización y resistencia, a pesar de que fueron sometidos a una política de desgaste, en la que no faltaron las presiones, intimidaciones, amenazas y agresiones físicas. Taselli aceleraba los aprestos para el cierre de la planta de Carapachay, mientras enviaba telegramas para destinar al personal a lugares alejados, como la planta de Chascomús. El remate de este hostigamiento fue el no pago de los salarios, el ahogar por hambre.

La resistencia obstinada se tradujo en una movilización incansable de actos, marchas, agitación masiva, colectas, recorridas de fábricas y universidades y, en primerísimo lugar, la ocupación de la planta.

El compromiso no satisface el pliego de reclamos originales, pero preserva conquistas fundamentales: el salario, la categoría, las condiciones de trabajo y los puestos de trabajo del sector dispuesto a quedarse, donde se concentra el activismo. La intención de la empresa, al confinar a los delegados en Carapachay, es aislarlos. El derecho de los delegados a ejercitar plenamente sus facultades es un nuevo terreno de lucha. La burocracia de Atilra pretende evitar la intromisión de los delegados de Carapachay en la vida gremial de Pilar.

Este compromiso cierra solamente un capítulo.

La empresa sigue teniendo una enorme capacidad ociosa; sigue produciendo en niveles que están muy por debajo de parámetros normales. El futuro general de la empresa afecta a los 1.200 obreros y empleados. El proyecto de Taselli de circunscribir a Parlamat a la condición de productora de leche en polvo entra en choque con la continuidad de gran parte del personal.

Los aguerridos compañeros de Carapachay, que han logrado preservar sus puestos de trabajo y continúan dentro de Parmalat, están llamados a jugar un papel decisivo en la nueva etapa.

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